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Entrevistas

Agrícola Kaltenbach: Cultura de innovación y aprendizaje permanente

La búsqueda de un espacio sin contaminar, donde pudiese producir su propio vino orgánico fue el sueño que trajo a Rome Kaltenbach a Chile, después de ver el desastre de Chernobyl, en Rusia. Aunque a 2.500 kilómetros del desastre, la radiación podía alcanzarlos. Kaltenbach, alcanzó a vivir lo que era no poder consumir alimentos porque estaban contaminados, por lo que se embarcó con sus conocimientos hacia Chile en el año 1988. Lejos de la agricultura, su orientación estaba en la construcción civil, pero una fuerte impronta y conciencia ecológica, lo llevó al cultivo de la tierra, a través de distintos rubros con el correr de los años: vides, frambuesas, avellano, cebollas, murtilla  y ahora, arándanos.

  Hoy, él y su hijo, Rome Martin, cultivan 1.2 hectáreas de arándanos, con una cultura de innovación permanente, pero que incorpora fuertemente el aprendizaje y la experimentación a las tierras de Talquipén, en Coihueco.

  Al llegar a Chile pudo lograr su sueño. Fue de los primeros agricultores orgánicos de la Región del Bio bío, con 50 hectáreas certificadas. Partió produciendo vino orgánico, a lo que pronto sumó frambuesas orgánicas de exportación en fresco, pero una estafa lo hizo perder todo. Más tarde, volvió a empezar, esta vez con arándanos, siempre con la intención de producir de manera ecológica y biodegradable, cuenta su hijo, bajo la premisa “plantas para curar plantas”, que hoy es el dicho familiar.  Al tiempo, se incorpora su hijo, que creció ayudando en el campo y que estudió Técnico Agrícola con especialidad en Administración para suplir  las necesidades del negocio familiar. 

 

BIOPREPARADOS ESPANTA INSECTOS

¿Qué los hace tan diferentes?

  Con un cultivo 100 por ciento orgánico de variedad Brigitta, desde el inicio la plantación se concibió de forma distinta, cuenta su hijo, Rome Martín, con base en un estudio realizado en Alemania para determinar el mejor medio para el desarrollo del arándano.  “Por ejemplo, no pusimos las plantas directamente en tierra, sino en aserrín, para darle a la planta de arándanos un medio con un ph ideal, ya que el arándano crece naturalmente en bosques de pino. De esta forma podemos optar a una mejor absorción de nutrientes que favorecen a los microorganismos que se desarrollan en las raíces de los arándanos; así generamos una mejor salud  de las plantas y  mejor absorción de nutrientes; también tratamos de darles un medio amigable por medio de otras plantas que entregan nutrientes adicionales”, agrega.

 “Por ejemplo, no pusimos las plantas directamente en tierra, sino en aserrín, para darle a la planta de arándanos un medio con un ph ideal, ya que el arándano crece naturalmente en bosques de pino”.

“Nosotros trabajamos sin compras de químicos, y eso funciona. Por ejemplo, no necesitamos químicos para el control de insectos”, indica Rome padre, mostrando el huerto. 

  Nos indica una planta con un par de hojas que muestran huellas de algún insecto  y cuenta”. Aquí llegó un insecto a comer y no le gustó. Buscó una planta un poco más allá y no le gustó tampoco, así que se fue”. Eso, indican, se debe al uso de biopreparados que le aportan a las plantas no solo mayor cantidad de nutrientes, sino un refuerzo a  su sistema inmune, tanto para enfrentar el ataque de insectos y hongos,  y potencian una mejor postcosecha.  La idea, se le ocurrió a Rome padre tras incursionar en el rubro de los arándanos, en  1993,  siempre buscando mejorar los rendimientos y el control del huerto. “Existen muy pocos productos buenos  y nosotros estábamos buscando conseguir algo totalmente efectivo y que fuera natural”, recuerda. En esta búsqueda, desarrollaron un  biopreparado que les ha permitido mejorar la salud de las plantas, la vigorosidad y el crecimiento, la cantidad y el calibre de la fruta que obtienen, que hoy es objeto de un proyecto del Fondo de Innovación Agraria, FIA, con recursos asignados por el Gobierno Regional del Bío Bío, el Fondo para la Innovación de la Competitividad (FIC) Región del Bío Bío, con vistas a desarrollar, producir y validar técnicamente este biopreparado agrícola orgánico a base de extractos vegetales ricos en potasio y otros minerales.

  A eso, se le suma un minucioso trabajo que hace un control integrado de plagas de forma constante, con control cultural de malezas de forma frecuente; además, incorporaron como uso habitual  rodear el huerto con casitas para que aniden chaicanes, que anualmente, por camada, consumen cinco kilos de insectos. “Si rodeas el campo con 10 casitas, logras un control biológico súper bueno, con un gasto mínimo, solo se requiere darle el diámetro de entrada para esa especie”, cuenta Rome hijo, mientras su padre agrega que ha regalado muchas, pero confidencia que casi nadie las pone en práctica.  

 

AUMENTOS DEL 70% DEL RENDIMIENTO

 Para estos productores, la forma de hacer las cosas tiene un sentido que va incrementando la idea de un círculo virtuoso. “Algunos creen que poner much brasileño es muy bueno para porque permite controlar de mejor manera la maleza, cuenta Rome hijo,  pero al desmalezar a mano, sueltas la tierra y oxigenas la raíz, y eso logra un mejor crecimiento, mejor absorción de nutrientes. Así trabajamos nosotros”. También, cuentan con cultivos asociados para realizar sus propios fertilizantes, los que aplican en diferentes etapas: prefloración, cosecha y postcosecha, los que han ido afinando en cantidades y concentraciones a través del tiempo.

 

  En este sistema, llevan dos años de rendimientos crecientes, a un nivel que indican, es de casi un 70 por ciento entre un año y otro, un rendimiento que escapa a la norma, tanto en orgánico como en convencional. 3 mil kilos en la primera temporada, 11 en la segunda y casi 17 mil en la tercera. 

  Hoy, el huerto tiene cuatro años en tierra, con una producción destinada enteramente a exportación en fresco. Como una práctica habitual, mantienen una capa vegetal entre hileras y aplican agujas de pino al camellón, ya que es la asociación natural del arándano, indican,  a diferencia del compost de lupino, que es usado por muchos productores.

“El compost de lupino es excelente, pero no para el arándano”, comentan. A eso, le suman la hoja del arándano, que tiene un ph muy ácido.

Para padre e hijo, esto es fácilmente replicable, pero indican, “lo que falta acá es la experiencia y la capacidad de innovar y probar”. Además, recalcan los dos, es importante respetar los ciclos naturales. “En la naturaleza todo funciona de manera perfecta, uno solo tiene que saber cuándo es el momento correcto para actuar”, comenta Rome padre, a lo que su hijo agrega: “No puedo fertilizar dos semanas antes de la cosecha, sino entregarle nutrientes al huerto de manera regular. Cuando me preguntan por qué  tenemos tanta fruta, tengo que decir que es el cuidado, es la  preocupación constante”. Esa misma preocupación y su particular forma de hacer las cosas es la que quieren dar a conocer a futuro; especialmente a pequeños productores, que es a los que más les cuesta salir adelante. “A eso queremos llegar, a apoyar a los pequeños”, dice el más joven de los Rome, porque  como dice su padre, “lo importante no es si tengo 10, 20, 50 hectáreas; lo importante es hacerlo bien, eso marca la diferencia. Eso y no darse por vencido”.

 

  En la Región del Bío bío está la mayor superficie de arándanos del país, alcanzando las 4.280 has. Además, se concentra el 70% de la producción orgánica de este rubro. No obstante, en Chile hay 14 bioproductos (3,6%), a base de extractos vegetales visados para agricultura orgánica y de ellos, solo uno es de producción nacional. La mayoría, es de alto costo y no representan soluciones integrales por sí mismos, por lo cual generar alternativas de este tipo productos es fundamental para el desarrollo de la agricultura orgánica sobre todo a nivel de pequeño productor agrícola. El proyecto de Agrícola Kaltenbach es el desarrollo de un biopreparado comercializable de posible aplicación foliar, con el fin de fortificar plantas y sus frutos mejorando la calidad del fruto, tanto en firmeza y tamaño. Para esto, se trabaja en la formulación y determinación de las dosis de aplicación para el desarrollo de un prototipo comercial que lleve al desarrollo de una estrategia de protección y comercialización del producto, lo que podría generar una nueva alternativa de negocio, tanto para la empresa como para los pequeños agricultores de la zona, que deseen producir las materias primas empleadas en el desarrollo de este bioinsumo, generando un polo de desarrollo en la comuna de Coihueco.

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