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Entrevistas

CHILE QUIERE ENTRAR AL CLUB DE LA MANZANA

Entrar al Club de las variedades de manzanas es la meta del programa de mejoramiento genético que se lleva a cabo en Chillán.

Cerca del 90% de las variedades de los frutales que existen en el mundo, han sido producto de los que los norteamericanos llaman “chance seedling”, es decir, una planta reproducida a través de semilla, y encontrada al azar.  Sin ir más lejos, un claro ejemplo es la famosa variedad de manzana Granny Smith, llamada así en nombre de la abuela Ann Margaret Smith (Granny viene de Grandmother), una australiana que en 1860  luego de llegar con una caja de frutas y verduras del mercado, encontró un par de semillas en su interior. Las tiró a las afueras de su casa y al año siguiente salió un pequeño árbol que con el paso del tiempo dio un fruto verde. Toda una rareza, pero resultó que era una manzana con muy buen sabor. Luego le propusieron vender su producción en el pueblo, lo cual fue un éxito y así comenzó la multiplicación de la famosa Granny Smith, una de las manzanas más utilizadas como consumo fresco y la pastelería mundial por su especial dulzor y acidez.

Ahora es claro que de la manzana roja brillante, la Red Delicious, con la que fue envenenada Blanca Nieves, poco queda en la realidad. Si antes las manzanas tenían una característica más bien estética y lo que importaba era su aspecto; hoy el mercado exige de este fruto prohibido muchísimos más atributos que los programas de mejoramiento genético se las ingenian por lograr.

Y es que, desde que Eva tentó a Adán con la famosa manzana, el mundo no ha dejado de comer el fruto que es originario de China.  A nivel mundial los años 2008 al 2010 se produjeron en promedio 70 millones de toneladas al año, y en el mundo contamos con 4,7 millones de hectáreas según cifras de la ODEPA.

Chile no se queda atrás, nuestro país es el quinto exportador de manzanas con el 10% de las exportaciones de este fruto, pero somos el primero del Hemisferio Sur.

La delantera la lleva China con un 12,8%, seguido por Polonia con un 12,4% e Italia con un 12,3%. En cuanto a los mayores consumidores, Rusia no tiene competencia, compró el año 2012 el 17,8% del mercado mundial, seguido por Alemania con un 8,2% y  el Reino Unido con un 6,6%, según cifras de ODEPA.

Nuestro país tiene casi 38 mil hectáreas de huertos de manzanos lo que la convierte en la segunda fruta en importancia de hectáreas después de la uva.

La fruticultura en Chile  ha sido uno de los motores importantes en su desarrollo, en eso no hay discusión alguna, y  quizás no tanto por su producción ni volúmenes, sino por la diversidad de fruta que ofrecemos. Nuestro clima y la ubicación en el Hemisferio Sur, nos permite alimentar al hemisferio más demandante. Diversidad que, por cierto, logramos gracias a la longitud de nuestro país, porque como señala el ingeniero agrónomo de INIA y Director del Programa de Mejoramiento Genético de la Manzana, Pablo Grau, es distinto ser muy extenso de norte a sur (latitud) que de este a oeste (longitud). Tenemos diversidad de clima lo que nos permite ofrecer variedad de fruta también.  A eso se suma que nuestras barreras geográficas nos han permitido ser un país libre de muchas enfermedades. Tanto es lo que exportamos, dice Grau, que se habla de que nuestra producción de un año, en muchas especies frutales producidas en Chile,  equivaldría a 15 ó 20 años de consumo interno.

En Chillán se lidera un programa de mejoramiento genético para obtener una manzana nacional, una variedad que nos permita no quedar fuera de los clubes de variedades a nivel internacional. Un programa que debiera tener como resultado el 2021 una variedad comercial que sea nuestra y no tener que depender de la bondad de ningún país, para poder tener sus plantas en nuestros huertos.

La bienvenida al club

Chile es visto en el concierto internacional como un competidor importante en el tema de la fruta. Tanto así, que todos los años, Desmond O´Rourge,  muy conocido analista frutícola mundial en Estados Unidos, publica el World Apple Review, donde se hace una revisión de la industria de la manzana y Chile ha sido elegido dentro del ranking de competitividad como el primer lugar entre los años 2012 y 2014 consecutivamente, por sobre grandes potencias manzaneras como Estados Unidos y Nueva Zelanda. El ranking mide parámetros como tecnología, eficiencia productiva y mercado financiero.

Ahora, es un hecho, que todo este desarrollo frutícola que ha experimentado Chile, dice Pablo Grau,  fue gracias a variedades introducidas desde el extranjero. Ninguna ha sido producida en Chile.  Es más, en nuestro país nunca hubo un programa de mejoramiento genético porque en el pasado fue muy fácil obtener e introducir una nueva variedad desde cualquier lugar del mundo, en donde no existían leyes de propiedad intelectual, y no se pagaba nada por esa nueva variedad.

Para lograr una nueva variedad de manzana, se puede demorar unos 20 a 25 años desde el año de cruzamiento, lo que no implica por cierto, que sea exitosa. Una variedad será exitosa cuando pueda reemplazar un segmento de la producción de una que ya existía, o bien, incrementar la superficie de plantación.

El tema de la propiedad intelectual nació por la facilidad que había para robar material genético e hizo que las variedades  empezaran a restringirse. Para nadie es un misterio que se robó mucho material genético, señala Grau. Para evitar eso y proteger la propiedad intelectual, comenzaron a involucrarse instituciones privadas y públicas y pasamos desde una comercialización de variedades abierta a una semi cerrada con el pago de un Royalty.

A la cabeza de las nuevas variedades está Nueva Zelanda  que debutó con un nuevo modelo: las variedades Club. Es decir, la institución que hace la variedad se la entrega a una empresa, explica Pablo Grau, donde evalúan cuánta fruta puede haber en el mundo de este tipo para no generar una sobre oferta.  Así deciden a qué país le pasan las plantas, cuántas plantas y a qué agricultores y en qué zona. La comisión evalúa cuántas toneladas de esa fruta tendrán para evitar la multiplicación sin permiso, porque saben claramente cuántos kilos saldrán por predio. De esa forma estandarizan también la calidad, señala Pablo Grau. Por supuesto Chile, como competidor natural de Nueva Zelanda, no es bienvenido al Club.

Algunas variedades Club emblemáticas: Ambrosia, Cameo, Jazz y Honeycrisp.

Manos a la obra

Con esta realidad la Asociación de Exportadores de Chile, Asoex, fue consciente de la situación que enfrentaríamos en poco tiempo. Si Chile quedaba fuera de esos Club, de aquí a 20 años no tendría manzanas que plantar (y no sólo manzanas, sino que este modelo se aplica a varias especies frutales).  Entonces el Estado junto a los privados comenzaron un programa de Mejoramiento Genético de Manzanos el año 2009 financiado por Innova Corfo.

En este momento el programa se encuentra en la fase 2. La fase 1 duró hasta el 2013 y consistió en conseguir la mayor cantidad de variedades elite, para que mediante cruzamientos,  la incorporación de nuevos genes presentes en esas variedades incrementara la diversidad  y ello  permitiera lograr un resultado más óptimo. Pero se encontraron con un problema serio. Los distintos países tenían muchas restricciones para entregar variedades, debido a que es una forma de dejar fuera de competencia a un importante exportador como nuestro país. Consiguieron 25 variedades. El costo de este proyecto fue de alrededor de 500 millones.

La fase 2 tiene por objetivo sacar una variedad comercialmente efectiva, durará desde el 2014 al 2021 y tiene un costo de 1.900 millones de pesos. Los aportes son hechos de la siguiente forma: 37% el Estado, 20% privados a través del Consorcio Tecnológico de la Industria Hortofrutícola (conformado por las 25 empresas exportadoras más importantes del país),  14% de aporte no pecuniario, 28% INIA. La propuesta fue hecha como política de Estado de manera que trascendiera  al Gobierno de turno.

Se sumaron también programas de uva, carozos, frambuesas y cerezas.

Lo que pide el mercado hoy  no es menor: sabor; jugosidad, es decir que al mascarla explote el jugo en la boca; crocancia, que es lo que lidera la  variedad Honeycrisp; una buena postcosecha que lo están analizando con gente de la Pontificia Universidad Católica; que sea resistente a la Venturia y que por supuesto tenga un buen aspecto. Además,  el hecho de producir una variedad en nuestras condiciones,  aporta un factor trascendental en términos de comportamiento de la fruta en el árbol y en poscosecha. Por ejemplo, en cuanto a las condiciones climáticas (radiación solar), presentes en Chile, ocasiona daños por golpe de sol muy elevados en algunas variedades de fruta, como es el caso de Fuji, que en algunas temporadas alcanza al 50% de daño. Ello implica que la fruta descartada para exportación, sea destinada a jugo u otra línea de proceso. La causa de ello se debe a que la variedad Fuji, fue desarrollada y seleccionada en Japón, en donde las condiciones de radiación no son similares a las de nuestro país. Algo similar ocurre con los desordenes de postcosecha. Debido a la condición de país exportador, la fruta nuestra debe ser “buena viajera”, lo cual implica una adecuada conservación durante el período de guarda, hasta que llegue al consumidor. La gran mayoría de las variedades de manzanas  desarrolladas y  producidas en otros países, importantes consumidores, no dan mayor importancia a la etapa de postcosecha, debido a que el principal destino es el consumo local, y no la exportación, en consecuencia las variedades producidas no requieren ser evaluadas de la forma que se requiere en nuestro país. Lo anterior reafirma la absoluta necesidad de crear nuestras propias variedades, con el propósito de que el comportamiento de la fruta en nuestro país sea mucho mejor comparado con las variedades producidas para otras condiciones de clima, suelo, enfermedades y plagas, y vida poscosecha.

La Venturia es sin duda la enfermedad más importante que afecta a la manzana, requiere hasta 20 aplicaciones  de fungicida que debe hacer un productor en su huerto, es decir, cada vez que llueva o haya rocío en periodo de  crecimiento de fruto.

Por eso, el programa además de lograr una variedad con las características de calidad que pide el mercado ha sumado un importante atributo adicional, que es lograr la resistencia a la Venturia en la genética del fruto.

La experiencia del productor

Hernán Ruiz de Frutícola La Granja Ltda. tiene 80 hectáreas de manzanos. Seguramente debe ser uno de los productores más grandes de la provincia en este cultivo y también de los con más años de experiencia. Su primer huerto lo plantó el año 89, desde ese tiempo a la fecha el tema ha cambiado mucho, señala. “El mercado ha evolucionado y va exigiendo nuevas variedades, lo que obliga a avanzar en la genética”, explica Hernán.

Lo que pide el mercado es claro dice y concuerda con Grau en ese aspecto: color, sabor, firmeza,  calibre, y buena capacidad de guarda, es decir, una mejor postcosecha.  “El mercado quiere que la condición de la fruta se mantenga lo más cercano posible a lo que es la fruta original al minuto de la cosecha”, señala.

Entonces, recuerda Hernán, con las variedades que partimos en este huerto hoy están obsoletas,  es más, de esos árboles sólo se puede aprovechar un 30% de la fruta, ya no dan ni el color ni el calibre que se necesitan.

Lo ideal, aporta Christian Dossow de Frutícola La Granja Ltda. que la manzana es un producto que no se congela, pero se mantiene en atmósfera controlada, lo que se debe lograr es que la fruta pierda lo menos posible sus características originales y en este contexto las variedades han evolucionado, han mostrado tener mejor comportamiento con en el  tiempo.

Ruiz lleva casi 30 años en el rubro y si bien reconoce que el negocio no es malo, que hay años bueno y otros no tanto, como todo en la agricultura. Confiesa que  persiste porque las manzanas se han transformado en una tradición, “ser manzanero es como ser lechero, ganadero etc. es difícil alejarse de un rubro que uno conoce tan bien”,  agrega.  Eso sí, aclara, en este rubro, como en todo hay que ir innovando,  no es un gran negocio,  pero sí es rentable, “la manzana es un fruto que siempre se ha comido y se va a  seguir comiendo. Entonces siempre se va a vender independiente del precio que dicte el mercado”,  señala.

Es claro, no es un cultivo fácil, explica Hernán, sobre todo en el tema de la cosecha por eso las nuevas variedades se han ido adaptando para hacerla menos complicada, más aún cuando la mano de obra es un bien cada vez más escaso. “En esta adaptación las nuevas variedades plantean huertos de mayor densidad de plantas,  plantas más bajas que permiten un consumo de mano de obra mucho más bajo”.  En los huertos antiguos la densidad promedio era de 800 plantas por a. y ahora hay 1.700, pero con una altura mucho más baja. Con las antiguas variedades una persona tenía que subirse unas diez veces por la escalera y pasaba tres veces o cuatro veces para cosechar el 100%, hoy hay algunas variedades que te permiten en una cosecha sacar el 100% de la fruta, aclara Dossow.

La fruta la exportan a través de terceros y lo que queda para desecho se vende en el mercado interno.  En un año normal se exporta el 70 ó 80% de la fruta. En un año malo se exporta el 50%  y el resto para jugo o pulpa que se paga un 30% del valor normal de una fruta de exportación. La idea, dice, es ver la posibilidad de darle un valor agregado a eso que queda en el huerto. “Estamos formando un Profo con otros productores para poder darle un valor agregado y buscar una alternativa a esa fruta, puede ser fruta deshidratada, vinagre de manzana, compota, etc. Buscar alguna alternativa”, agrega.

Las condiciones climáticas de Ñuble son bastante favorables para el cultivo, señala, pero requiere de agua y mucha, tanto que hoy  no se concibe un proyecto que sea no cuente  con riego tecnificado por ejemplo.

Los pro y los contra del cultivo

Como manzanero Ruiz se atreve a afirmar que lo bueno del cultivo es que es una fruta que siempre se vende; lo en contra, la mano de obra. El mundo de los berries ha generado una facilidad de ganar plata  y la gente no quiere las cosechas que tienen un desgaste físico más alto. “No toda la gente sirve para cosechar manzanas, la cosecha de manzanas te  genera un desgaste físico más alto, tienes que andar con una escalera, con un capacho de 12 kilos de fruta, necesita discriminar calidad y tratar la fruta con más cuidado porque es muy sensible a los golpes” explica Dossow.

Fernando Vargas, asesor en manzanos: “La calidad de la manzana debe primar por sobre la cantidad en un buen huerto”

Lo que nos debe importar de un huerto no es cuántos kilos de manzana se producen por hectárea, sino lo que realmente es significativo son cuántas cajas de primera calidad somos capaces de exportar.  Así de claro es el ingeniero agrónomo y asesor en manzanos, Fernando Vargas, quien lleva 45 años en el rubro y mucho más unido al campo y las frutas en general. Es decir, estamos frente un hombre que sabe de manzanos y mucho.

Fernando tiene un campo con manzanos en la zona de Santa Clara, pero la mayor parte del tiempo está en Angol, zona manzanera reconocida a nivel mundial. Asesora a la empresa CHISA, Chilean South Apple, que partió como un huerto importante llamado Buenos Aires de la familia Prat. Hoy cuentan con 800 hectáreas de manzanos y un vivero de plantas como núcleo de producción. De ahí salen 900 mil plantas anuales, de las cuales aproximadamente el 30% son para plantaciones propias. Variedades muchas, pero la más importante es la Gala con sus distintos clones, señala Vargas, especialmente la Brookfield Gala, variedad que llevan más de 10 años seleccionando.

Otras variedades que tienen en producción son  Gala Galaval, Jugala, Fuji Fubrax, Kanzi, variedades Club y Rosy Glow.

“A veces la fruta se degenera genéticamente y desmejora su aspecto, es decir, retromutan, y eso es especialmente cierto en la variedad Gala”, explica Fernando, por eso cuentan con  miles de plantas y eligen las que consideran mejores como plantas madres para tener una excelente selección de la variedad.

Huerto columnar 

Ahora bien, la evolución de los huertos es un tema a considerar. Cuando Fernando recién llegó a trabajar a la empresa CHISA, tenían huertos de 100 plantas por hectárea, hoy son alrededor de  4.000 por hectárea. ¿La razón? Como señalamos en un comienzo: prima la calidad por sobre la cantidad y, por supuesto, lograr tener una mano de obra más productiva.  Actualmente la arquitectura de huerto, elegido por la empresa, es  lo que se conoce como “Huerto Columnar” que es muy distinto al árbol antiguo, señala Vargas.  Estos árboles no tienen profundidad, son columnas  que se plantan aproximadamente a  85 cm., el  ancho de éstas debe tener como máximo unos  65 a 70 cm. para dejar espacio entre una y otra. Así permite que llegue luz a todo el interior.  Otro tipo de huerto que actualmente se usa en Europa, son los muros frutales a los cuales con la poda deben abrirles ventanas para que entre la luz hacia las ramas bajas.

En cuanto al tema de la mano de obra, que es el ítem más importante en los costos de producción, es necesario darle facilidades para que alcance un máximo de productividad, un ejemplo es  la arquitectura de un huerto columnar. Ahora es claro: la fruta que se come en la mesa, siempre se ha cosechado a mano porque debe tener un trato especial, la que va dirigida a la industria puede cosecharse con máquina.

Hay un concepto muy importante a considerar, el cual es saber a qué mercado apuntamos nuestra producción. “La importancia que cada nación le da a la fruta, por ejemplo el europeo asocia a un alimento saludable, por lo tanto no le importa mucho el color o tamaño”, explica Vargas y  agrega: para los chinos, la fruta es un regalo, como quien entrega un bombón, por lo tanto debe tener un excelente color y ser perfecta en tamaño y forma. Y lo dice con conocimiento de causa:  el 23% de la manzana Gala que ingresó a China desde Chile, la temporada pasada, salió de los huertos de CHISA, la empresa que asesora.

Agrega que nuevas plantaciones, sobretodo en Europa del Este, han echado a perder el mercado de la fruta, han bajado calidad y apuestan por el valor más bajo. Entre los gigantes productores está China, pero su fruta no tiene sabor por eso gran parte de ella se destina a jugo o pulpa. El 60% de la manzana Fuji del mundo produce en China.

Consultado sobre los pro y contra del cultivo  señala que  “lo bueno es que nos sentimos manzaneros, es un desafío y parte de la vida de uno”, indica. Otro elemento a favor es que es un cultivo con precios muy estables en el tiempo.

Lo malo: para ser un manzanero independiente debe tener sobre 100 a 200 hectáreas en producción. A diferencia del manzanero de Europa, que puede tener 2 hectáreas y pertenecer a una cooperativa que le entrega los insumos, procesa su fruta y se la vende. Además tiene acceso a asesores independientes.

¿Qué consejo le daría a alguien que está cansado de las manzanas y no quiere seguir?

Si sus huertos tienen más de 15 a 18 años debe arrancarlos, porque todo huerto pasado esos años está obsoleto, son árboles muy grandes, con poca luz, baja calidad de fruta y de productividad de su mano de obra.

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