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Entrevistas

Compostaje, una alternativa para mejorar la fertilidad del suelo no sólo para productores orgánicos

Uno de los ítems principales dentro de la producción agrícola es el uso de fertilizantes. Independientemente de si la producción es de frutas, praderas, granos u hortalizas, una de las variables necesarias para  un buen rendimiento se relaciona con los insumos, donde los fertilizantes pueden llegar a representar hasta el 60 por ciento de los costos, dependiendo del cultivo.

Pero, ¿es la única opción? Arturo Vega, ganadero de la zona de Ninhue, ha experimentado con enmiendas a las praderas, tanto de los purines provenientes de su propio criadero, como con la utilización del recambio de las camas húmedas de los establos, después de un proceso de compostaje, que luego se van incorporando alternadamente a los potreros. La evaluación de los resultados, indica, le ha permitido eliminar el ítem de fertilización de sus costos, al reutilizar los residuos de los propios procesos productivos del campo.

Pero no sólo es un tema de costos, sino de resultados, al observar que se mejoraron los rendimientos, por lo que es una muestra de que una práctica relacionada habitualmente con la agricultura orgánica puede ser incorporada con éxito a la producción agropecuaria tradicional. Sobre todo, porque a diferencia de la fertilización química, los nutrientes son utilizados a medida que las plantas y microorganismos los requieren, o sea, a medida que se desarrollan o multiplican, mientras que en el caso de los fertilizantes químicos, tienen nutrientes altamente disponibles usados por la planta al momento de la aplicación, al inicio del cultivo o en dos parcialidades, pero no en forma permanente, de acuerdo a las necesidades diarias del cultivo, por lo que parte de estos son arrastrados por la lluvia hacia las capas profundas del suelo,  o volatiliza debido a que no pueden ser utilizados instantáneamente en su totalidad. El compost, sin ser un fertilizante propiamente tal, aporta nutrientes a mediano y largo plazo, ya que por ser materia orgánica estabilizada, no se volatiliza ni lixivia fácilmente, y cuando aumentan las temperaturas en primavera se mineraliza por el efecto de la actividad de los microorganismos, lo que coincide con el aumento de las demandas de las plantas a medida que avanza su desarrollo. Los residuos orgánicos  (vegetales y/o animales) pueden ser adicionados directamente a los suelos, como  se realiza con algunas prácticas agrícolas como la aplicación de guanos, purines, abonos verdes o cero labranza; pero con el uso del compostaje, se obtienen muchos beneficios que  no se logran si la materia orgánica no ha sido estabilizada y no ha pasado por un período de temperaturas elevadas, como ocurre con el compostaje.

No sólo ahorro

Cecilia Céspedes, Ingeniera Agrónoma, investigadora y responsable del programa Agroecología de INIA  Quilamapu, indica que “El compost no puede ser visto como un fertilizante convencional. Su valor más importante no es el aporte de nutrientes, sino los efectos sobre las características físicas del suelo y la activación de los microorganismos allí presentes. El aporte de algunos nutrientes es una ventaja adicional”, comenta.

“Hoy existe una tendencia creciente al uso de tecnologías que permitan generar productos libres de contaminantes químicos y eviten la degradación de los recursos naturales, en una ecuación que permita rentabilidad, sostenibilidad de los recursos y recuperación de los agroecosistemas;  en esta tendencia, la reducción o eliminación del uso de fertilizantes químicos y pesticidas van aparejados con técnicas que puedan proveer niveles adecuados de nutrientes así como reducir  la presencia de plagas, patógenos y malezas, con el objetivo de alcanzar el potencial máximo de producción de los cultivos y, a la vez, conservar los recursos naturales”, señala.

cas incentiva la actividad biológica en el suelo, que tiene un efecto importantísimo en la supresión de plagas y enfermedades, además de indirectamente incrementar la disponibilidad de nutrientes para los cultivos. También mejora las características físicas del suelo al aumentar la porosidad,  y, con ello, la capacidad de retención de humedad, infiltración, penetración de raíces, entre otros beneficios”. Es en este marco donde el uso del compost tiene un alto valor como herramienta no sólo de remediación de suelos, sino  de reciclaje, ya que una de las formas más eficientes de uso de residuos orgánicos es la fabricación de compost. Este proceso posibilita reciclar cantidades importantes de residuos vegetales y animales, lo que permite aplicar grandes volúmenes de materia orgánica al suelo, a la vez que disminuir la contaminación con estos residuos.

Una suma de beneficios

El compost entonces es una forma eficaz de mejorar las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo, pero no sólo para la agricultura orgánica, sino también la agricultura convencional, lo que no deja de ser interesante considerando que se estima que en los últimos 50 años  la agricultura tradicional ha sido la responsable de la pérdida de aproximadamente el 50% del carbono orgánico disponible originalmente en los suelos, ya que esta agricultura intensiva toma los recursos del medio sin que haya una posterior reposición de la materia orgánica pérdida, lo que finalmente afecta la calidad del suelo y con ello los rendimientos de los cultivos.

En 1999 nace el Sistema de Incentivos para la Recuperación de Suelos Degradados (SIRSD) con el objeto de fomentar la aplicación de insumos que permitan revertir o detener los procesos de degradación de los suelos, a través de varias prácticas, una de las cuales es el uso de compost que cumpla con la Norma chilena 2880, en cuanto a las materias primas para elaborarlo, su proceso, la calidad final del producto terminado y los métodos usados para el análisis de laboratorio. A través del SIRSD, se incentiva o bonifica entre 50 y 80 por ciento de los costos netos del uso de enmiendas para la rehabilitación y recuperación de suelos. Para la recuperación de suelos degradados se estima una dosis de aplicación de 20 toneladas de compost por hectárea y de mantención de 10 toneladas por hectárea, aproximadamente. No obstante, es necesario evaluar la situación del suelo para determinar si esta es la práctica a utilizar o si se requiere de manejos complementarios.

La Norma chilena 2880 señala que el compost es el “producto resultante de la descomposición aeróbica de materias primas orgánicas bajo condiciones controladas, que alcanza temperaturas que permiten la higienización. Este producto está constituido principalmente por materia orgánica estabilizada y microorganismos benéficos, donde no se reconoce su origen, es libre de patógenos y semillas viables de plantas y puede ser aplicado al suelo mejorando sus características físicas, químicas y biológicas”.

La receta

Cecilia Céspedes indicó que para lograr un compost de buena calidad se requieren residuos sólidos orgánicos de origen vegetal y animal (frescos y/o secos), suelo que aporta los microorganismos, agua para mojar la pila de compostaje y aireación periódica.

El proceso de compostaje se inicia realizando una pila con los residuos vegetales y animales disponibles en el campo en una proporción aproximada de 6:1 (volumen: volumen) que permite tener una relación adecuada entre el aporte de Carbono y Nitrógeno de los residuos, los que se  mezclan con pequeñas cantidades de suelo para aportar microorganismos que inician el proceso de descomposición de estos materiales al encontrar aquí un medio favorable.

Se puede utilizar prácticamente cualquier residuo del campo (restos de poda trozados, hojas, ramas, paja, maleza; residuos animales como guano, purines), cuidando de que no esté contaminado con compuestos tóxicos, como por ejemplo restos de maderas impregnadas. “La actividad microbiana se inicia a temperatura ambiental y aumenta en la  medida que la actividad de los microorganismos se incrementa. La humedad óptima está entre 60% y 80%, por lo cual es importante mojar la pila en períodos secos y taparla en períodos con precipitaciones”, indica la investigadora. La altura mínima de las pilas de compostaje debe ser de un metro y medio de altura, el ancho puede ser de  un metro y medio o más, y el largo depende de la cantidad de residuos que disponga el productor. Después de elaborada la pila, comenzará a aumentar la temperatura al iniciarse la descomposición por parte de los microorganismos, por ello, durante el proceso se requiere monitorear la temperatura, la que debería alcanzar como mínimo 55 grados C° por al menos 3 días consecutivos para dejar inviables las semillas de malezas y patógenos presentes en la mezcla, con lo que el producto terminado será inocuo para el suelo.

Cuando las temperaturas comienzan a bajar es el momento de realizar un volteo, el que permite la aireación de la pila. Esta se revuelve de manera manual con una horqueta o a través de una máquina volteadora, tras lo cual la temperatura se eleva nuevamente. Esta acción debe repetirse cada vez que bajan las temperaturas, incorporando agua para evitar que la pila se seque, lo anterior no es necesario si han existido precipitaciones y la pila  está bien húmeda. El volteo también contribuye a distribuir homogéneamente la humedad en la pila. Si al revolver la pila no vuelve a elevarse  la temperatura, ya no se reconocen las materias primas originales y tiene un olor agradable característico al mantillo del bosque, el compost está terminado.  Con un buen manejo de los volteos y la humedad el compost puede estar terminado entre tres y cuatro meses, independientemente de la temporada en que se realice. La única salvedad es tapar la pila con sacos o plástico cuando llueve torrencialmente, pero luego destaparla, para permitir la aireación.

El uso de compost no es la solución final, ya que no entrega la totalidad de los nutrientes requeridos por los cultivos, pero es una práctica beneficiosa, de bajo costo y sobre todo, alcanzable para los productores de todo nivel, con un alto nivel de beneficios para el agro.

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