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Entrevistas

Emilio Schnettler, asesor en el cultivo de la Papa: “Este es un cultivo sofisticado que necesita capacitación y asesoramiento”

El cultivo de papa es hoy uno de los más importantes del país: ubicada en la cuarta posición de importancia entre los cultivos anuales, tiene una superficie sembrada de 50 mil hectáreas de acuerdo a cifras de Odepa, con una producción de 960 mil toneladas durante la temporada 2014/2015.

“Respecto a la superficie sembrada, es cierto que se ha ido en una regresión; en 20 años, de 80 hectáreas sembradas, pasamos a tener 50. Pero los rendimientos han aumentado y el consumo per cápita de Chile también, sobre todo de la papa importada” dice Emilio Schnettler, Ingeniero Agrónomo y Asesor. El asesor ha recorrido el país visitando productores y en esa óptica destaca el reposicionamiento que ha tenido el último tiempo, donde ha irrumpido con fuerza la producción del eje Maule- Bío Bío. “Hay un reposicionamiento geográfico importante en torno al cultivo, donde la Provincia de Ñuble ha crecido muchísimo. Hoy día, la producción de Ñuble y Maule, superan a la Región de Los Ríos y Los Lagos, mientras la producción la encabeza la Región de la Araucanía, y principalmente la Provincia de Cautín”.

Ese es el reflejo de un negocio que aunque se cuenta en los cultivos tradicionales, se ha ido consolidando en el tiempo e incorporando tecnología, aunque todavía dista mucho de estar en la situación ideal. “Hay un tema técnico que está muy debilitado, porque la papa es un cultivo difícil, complejo… se ven papas por todos lados y uno piensa que cualquiera puede sembrar papitas, que se dan solas, pero no es así; este es un cultivo sofisticado, que necesita profesionales muy capacitados y asesoramiento”, y es precisamente esta tecnología la que se requiere para ampliar el negocio de los productores.

El mercado papero nacional tiene una buena opción para entrar al mercado del desarrollo agroindustrial. La papa en general se comercializa como papa fresca, con un grado mínimo de procesamiento. “Lo que se hace básicamente es lavarla y así venderla a mercados mayoristas y de supermercados. El grado de procesamiento de la industria está asociado a snacks, donde hay dos compañías, Marco Polo y Lays, pero el gran mercado es el de la papa congelada, el bastón congelado prefrito, pero toda la papa prefrita que se vende en Chile es importada de Europa o Estados Unidos”. Eso es lo que nos tiene que preocupar, que “no hemos logrado que grandes empresas industriales opten por procesar en nuestro país. El mercado agroindustrial necesita que grandes corporaciones que se dedican a procesar papas se instalen en Chile, que no lo han hecho por diversas razones: no hemos sido capaces como país de ofrecer buenas condiciones a este tipo de proyectos, la energía es cara y no hay incentivos para estas empresas”, apunta Schnettler.

Pero esa es sólo una parte del negocio, y está sujeta a los mercados. ¿Qué le queda al productor? Mejorar sus procesos, destaca el ex presidente de Achipa. “No basta con ser productores, sino que deben ser empresarios agrícolas”. En este sentido, destaca, hay varios factores que mejorar en torno al cultivo y uno de los más críticos es la disponibilidad de semilla certificada, ya que es muy poca la que hoy circula a disposición de los productores, por lo que “es un desafío que el país debe resolver de alguna manera”.

 

 

Fertilización: el factor menos manejado

Entre tanto, se debe trabajar con la semilla existente y sobre esa base, mejorar los aspectos de manejo, principalmente, para lograr una papa de buena presentación. “La papa fresca se vende por imagen, debe estar libre de defectos, tanto internos como externos. A la hora de la venta, se parte de una mirada superficial: si está libre de tierra, calidad de la piel, grado de color, si tiene sarna… en lo interno, que esté libre de ahuecamientos, de pudriciones. El productor tiene que enfocarse en esos aspectos, mejorar esos puntos para tener un producto cada vez más valorado en el mercado, porque esos defectos se desnudan cuando se lava, quedan a la vista”, comentó Schnettler. Y para eso, recomendó, la respuesta es asesorarse. “El productor tiene que poder tomar buenas decisiones, saber manejar las enfermedades, la nutrición y especialmente la fertilización, porque la fertilización es uno de los factores mal manejados, si no es el más mal manejado en Chile. Los productores carecen de los criterios para diseñar adecuadamente una fertilización que permita que el cultivo se desarrolle bien”, dijo, haciendo una crítica a la forma en que se realiza esta práctica que explica, se realiza “extremadamente mal y donde se gasta mucho dinero. Son fertilizaciones mal concebidas, mal balanceadas porque hay una incapacidad de interpretar un análisis de suelo, cuando se hacen; esto es muy característico de la Octava Región”.

Algo similar ocurre con el manejo de enfermedades, lo que hoy se hace más urgente debido al aumento de enfermedades, incluso en las zonas de protección.

“Hoy el sistema de control de las enfermedades está fallando, las barreras sanitarias no están funcionando y las enfermedades cuarentenarias se están diseminando libremente por todo el país. Este es un problema del país, pero también hay un grado importante de inconsciencia e ignorancia de algunos productores que no tienen claro que a través de la papa semilla y a veces de la papa tubérculo, de consumo, se pueden transmitir enfermedades, algunas de ellas muy graves, que cuesta erradicar cuando se establecen en una determinada zona. Los agricultores debieran tomar conciencia de que cualquier material que estén plantando debiera ser un material sano y libre de problemas y en ese sentido, tomar resguardos y ser responsables de la decisión que se toma, porque las enfermedades no llegan caminando solas, sino que son diseminadas por agricultores y comerciantes”.

La preocupación de Schnettler no es para menos, ya que de acuerdo a su estimación, sólo el 25% de la superficie sembrada en Chile hace un adecuado manejo de enfermedades mientras el 75 por ciento no hace mucho manejo todavía. “Estamos hablando de enfermedades del suelo, de la semilla y enfermedades del follaje como el tizón tardío y temprano”. Para el Ingeniero Agronomo, lo que se requiere es capacitación, la que puede lograrse con agricultores que estén asociados, que de esta forma pueden contratar la capacidad profesional que se requiere para superar las brechas existentes. Brechas que por cierto, incluyen también la etapa final de la producción, la guarda. “Cuando se habla de semilla certificada, que se debe producir bajo altos estándares de sanidad y calidad debiera pensarse automáticamente en almacenar en frio, pero el desarrollo de las bodegas de frío ha sido muy lento y la infraestructura de frío es casi inexistente, hay que desarrollarla, lo mismo que el almacenaje de la papa de consumo: hoy es un desafío, así como el manejo de almacenaje y el uso de antibrotantes, que impiden que la papa de consumo brote mientras está guardada, se conserve en mejores condiciones y así evitar pérdidas por deterioros, pérdida de peso, pudriciones por enfermedades, lo que da una ventana más amplia de comercialización.

 

Contar con otras zonas semilleras

Cada etapa de la cadena es relevante, pero al inicio, la semilla sigue representando un escollo. Por lo mismo, Schnettler indicó que sería muy beneficioso que se concretara la instalación de semilleros en la zona de Arauco, un esfuerzo que hoy está gestionando un GTT papero al alero de INIA. “Cualquier área libre de enfermedades cuarentenarias donde existan las condiciones y las autorizaciones del SAG van a ser de gran beneficio para los agricultores. La Provincia de Arauco tiene un potencial y una tradición papera, por lo que debiera articularse un esfuerzo público y privado, para la distribución de materiales y la fiscalización, porque no es tan difícil de hacer, porque el potencial está, es muy importante y hay que capturarlo”.

Eso, sumado al conocimiento, debiera hacer la diferencia para un buen manejo productivo enfocado en objetivos claros. “Si un agricultor me dice que quiere sembrar papas, le pregunto qué sistema productivo es el que quiere construir: si quiere plantar primores, si tiene capacidad económica y de bodegaje para producir papas de guarda, o si prefiere variedades de ciclos más cortos que se cosechan y se venden. Eso es parte del análisis que tiene que hacer el asesor para apoyar la labor productiva del agricultor, porque hay oportunidades para todos, hay espacio para todos, pero aquí lo importante es que hay una gran diferencia entre sembrar papas con o sin asistencia técnica, porque en mis visitas a productores en todo el país, veo que se cometen muchos errores que podrían ser evitados”.

 

Samuel Oliva, productor papero

El salto de la agricultura de tradición al cultivo tecnológico 

 

“El cultivo lo llevaba como el típico agricultor que aprendió de los abuelos, de los papás, con sistema bien rudimentario”. Desde el año 2002, comenzó a incorporar tecnología y desde entonces no ha vuelto a mirar atrás. “En ese tiempo hubo una asesora de Syngenta que empezó a aconsejar. Me dijo: aquí vamos a desinfectar, debemos fumigar. Empezamos a incluir la tecnología, fueron mejorando los rendimientos y eso hizo que el cultivo cada vez fuera un mejor negocio”.

El productor Samuel Oliva, de Los Ángeles , resume así su experiencia de producción, que lo llevó de manejar 5 hectáreas dedicadas al cultivo a través del conocimiento familiar, a tener hoy 32 hectáreas cada vez más tecnologizadas, con la incorporación de ensayos constantes en la búsqueda de mejores opciones para su negocio. Su modelo agrícola se inició con la historia familiar, con un modelo aprendido de su padre y una historia de 50 años en las papas además de otros cultivos tradicionales. Su apuesta al incorporar tecnología y al mismo tiempo, generar condiciones de guarda para su producción, lo hacen hoy ver su negocio de manera rentable, con una fuerte vinculación con clientes que mantiene con oferta disponible durante la mayor parte del año, con lo que ha ido acotando las oscilaciones de los precios, generando una buena rentabilidad.

En el fundo Los Olivos, “mi padre cultivaba pero a escalas menores. Hacía cultivos tradicionales que aún yo mantengo, entre ellos, la papa. Pero yo le he entregado más dedicación y eso lo lleva a uno a ir enamorándose de este cultivo que es bastante complicado, requiere de mucha dedicación, si uno no se dedica cien por ciento, mejor no hacerlo”, cuenta Oliva, quien en esta historia con los tubérculos ha ido probando una tras otra las variedades disponibles. La temporada 2015 hizo un ensayo de 7 variedades, algo que realiza con regularidad para analizar comportamientos en sus condiciones de campo. En esta temporada, sembró Red Scarlett, Asterix, Symfonía, Rodeo, Red Flamenco de Semillas SZ y Patagonia INIA. “Las elegí por su forma, calidad, la estructura, también por la opinión de otros agricultores que las hemos visto en días de campo donde vamos calificando, pero también con la opinión de las dueñas de casa, se necesita saber las aptitudes culinarias de cada variedad, se prueban cocidas y fritas”. Todo lo que cultiva Oliva es para el mercado interno, puesto en Los Ángeles. Sus rendimientos, promedian 65 a 67 toneladas por hectárea, lejos de las 35 que sacaba cuando el cultivo se hacía a la antigua, como dictaba la tradición. “Cuando partí, hasta el año 2001, todavía usaba sacos de 80 kilos y andábamos en los 450/470 sacos, que eran unas 37 toneladas, a veces llegábamos a los 500 sacos, que eran 40 toneladas, pero ahora peleamos siempre por tener rendimientos sobre 60 toneladas”, comenta.

 

Comprar semilla certificada

La renovación tecnológica partió con el mejoramiento del manejo agronómico: comprar semilla certificada desinfectada o por desinfectar. “En ese tiempo la siembra se hacía manual y junto con la desinfección se hacían control de malezas y de hongos. De a poco empezamos a cambiar y a incorporar maquinaria, primero una sembradora automática, después el aporcador, una cosechera grande, más tarde unas tolvas de traslado a bodega donde se instaló el sistema de selección y almacenamiento”, señala el agricultor.

Para el cultivo, indica, muchos de los problemas vienen en la semilla, de ahí la importancia de tener control desde el inicio. “Muchos de los problemas los arrastra la semilla, a veces vienen con virus, a veces con bacterias como erwinia, lo que hace que el cultivo parta con alguna enfermedad; aparte de eso puede aparecer fusarium, pie negro, sarna plateada y con el follaje, viene el control de los hongos como el tizón temprano y el tizón tardío”, además tenemos que controlar pulgones porque son los vectores de los virus.

Con la desinfección de semilla se busca combatir la rizoctonia, una enfermedad que viene en la papa y que puede estar en la tierra, que ataca a todos los cultivos y para eso también debemos desinfectar la tierra dice Oliva, destacando también que uno de los costos importantes del cultivo es precisamente, el de los fitosanitarios, que bordean entre el 10 y el 15 por ciento del valor de una temporada, entre 600 y 700 mil pesos, dependiendo de las aplicaciones. Otro valor importante es el de la semilla, que ronda el 40 por ciento del valor total. Dependiendo de la variedad con un costo por kg, que fluctúa entre 500- 550 pesos. A mayor calibre, menos semilla por kilo y eso aumenta el costo y también dependiendo del calibre se pueden ocupar entre 3.000 a 4.000 kgs / ha. incluso más. Otros costos asociados son fertilizantes como bioestimulantes, reguladores de crecimiento, fertilizantes foliares de potasio, etc.

El cultivo lo riega por carrete o pivote, con una entrega de 50 mm a la semana entre mediados de noviembre y mediados de febrero, lo que lo obliga a tener un mayor control fungicida, pero permite una cosecha pareja al entregar agua a las papas durante la formación de los tubérculos. “La papa está formada por un 80 por ciento de agua, por eso requiere riego”.
El alto costo de la semilla no tiene que ver sólo con su potencial de rendimiento, sino que con la escasez de ella. En el caso de la semilla certificada, esta es cada vez más escasa, por lo que muchos agricultores usan parte de su propia producción para seguir plantando, una práctica que Oliva considera riesgosa si no es bien manejada, ya que fomenta la aparición de enfermedades. “Ya hace unos 10 años que estoy saliendo a buscar mi semilla, a conocer los semilleros, porque a veces uno va a comprar y lo que ve en las trojas lo ve bien, pero lo mejor es preocuparse de los controles en terreno que se ha hecho, el manejo y control del virus”. Sobre todo, porque desde hace 4 temporadas, Oliva renueva el 100 por ciento de la semilla. “Otros productores compran semilla para multiplicar y usarla al año siguiente ellos mismos; yo en cambio vendo toda mi producción, porque he comprobado que al hacer semilla propia, disminuye el rendimiento, y con semillas certificadas, mantiene buenos rendimientos”, comentó.

También el proceso productivo lo enfrenta de manera diferente. Siembra en septiembre para tener papa temprana y empieza a cosechar a principios de enero, sobre todo la variedad Red Scarlett que es una variedad rápida (90 dias), aunque este año tuvo buenos resultados con todas, la Rodeo le gustó mucho a la gente y además, tiene buena tolerancia al traslado, permitiéndole una buena guarda y llegar con ella a otros mercados. En vez de vender todo a fresco, cosecha, guarda y espera la temporada en que hay mejores precios, entre agosto y noviembre. Para ello al momento de la guarda aplica un inhibidor de brote y así llega con ella en óptimas condiciones hasta final de año. Y parte nuevamente cosechando en enero, fecha en que comienza nuevamente el ciclo productivo.

 

Manejo de la papa, un compromiso pendiente de los productores

La alta capacidad de producción por unidad de superficie hace que la papa sea un cultivo que hoy esté teniendo un gran atractivo para los agricultores; sin embargo, los rendimientos en el ámbito de los productores están muy por debajo de los rendimientos potenciales, principalmente debido a que hay una serie de factores que afectan la productividad y que en su mayor parte, tiene que ver con la falta de un manejo adecuado. Juan Inostroza, especialista en manejo y cultivo de papa de INIA, destacó que hoy una limitante es la falta de semilla certificada disponible, por lo que tanto INIA como productores particulares están haciendo esfuerzos por generar volúmenes de buena calidad, lo que debiera reflejarse en dos o tres años. No obstante, hay otras brechas que afectan el rendimiento y productividad del cultivo destacó.

“La principal brecha hoy día es poder incorporar el riego; el problema climático, las diferencias entre un año y otro y la posibilidad de que vayan disminuyendo las precipitaciones hace que sea una necesidad ir incorporando el riego, incluso en la zona sur. Por otro lado, indicó, los productores han respondido a la necesidad económica y se han ido acomodando a los diferentes estratos de producción, por ejemplo en esta zona, acomodando las fechas de siembra para aprovechar al máximo las precipitaciones y salir antes que los grandes productores y así no competir por precio. Al mismo tiempo, los productores están eligiendo variedades con latencias más cortas que tubericen rápido, tanto en Maule, Bío Bío y La Araucanía, lo que les da una seguridad respecto de la obtención de papas y les permite usar rápidamente material de propagación para hacer una segunda siembra dentro de la temporada, lo que es bastante redituable para los agricultores, que lo hacen con la misma semilla que generan”, agrega.

Inostroza señaló que ante la escasez de semilla, muchos productores están usando su propio material para seguir propagando; ante esta necesidad, indicó que lo más importante es que se maneje de forma diferenciada el cultivo de consumo de lo que es la papa de semilla, porque generalmente el productor usa como semilla lo que va descartando; “lo ideal es que el productor haga semilleros dentro de sus propias plantaciones y de esa forma puede mantener por más tiempo la calidad de su propio material y, a la vez, eliminar algunos problemas de enfermedades de material que va a usar después como semilla. Es barato y significativo para mantener una buena calidad”. Otro punto al que apuntó es a la planificación, al momento de sembrar variedades, optar por las que se acomodan al nivel de tecnología de que dispone el productor, porque algunas de muy buen rendimiento pueden ser tentadoras, pero pueden ser más demandantes en términos de cuidado, y eso es importante porque el cultivo de papa es caro, y si no se tiene una claridad, se puede perder mucho. “Hay que planificarse un poco y siempre tratar de producir lo que uno como productor es capaz de controlar, por ejemplo, capacidad de guarda para manejar de mejor forma la semilla, y la producción. Pasa que a veces hay años de buen precio y la gente se entusiasma, pero donde es fácil plantar, pero si se tienen grandes producciones eso se puede llegar a descontrolar”. Agregó que en el centro norte no ha existido una tradición de guardar la papa, pero que está cambiando, lo que requiere una buena implementación del proceso. Considerando la pérdida de peso y de guarda por almacenar en malas condiciones, se tiene que después de cinco meses, se puede llegar a una pérdida de 30%. Una guarda en buenas condiciones, con ventilación natural, puede lograr una merma mucho menor, de un 15 por ciento en la misma cantidad de tiempo, mientras que la guarda tecnificada con ventilación mecánica puede llegar a una merma del 6 por ciento apenas.
Otro punto es el control de enfermedades. Ivette Acuña, Fitopatóloga y especialista en enfermedades de la papa de INIA, puntualizó que este es un cultivo con un alto costo de producción, que bordea los 3 a 5 millones por hectárea, y que puede tener importantes bajas en el rendimiento por el desconocimiento de los problemas sanitarios que se pueden enfrentar, o un mal manejo de estos. “Cada etapa del desarrollo de la papa tiene sus propios problemas, por lo que no se puede descuidar. Partiendo del establecimiento del cultivo con semilla de buena calidad, desinfectando el surco o la semilla, realizando labores de control de enfermedades y plagas, pero además, incorporando un manejo integrado, que incluya rotaciones para cortar el ciclo de las enfermedades, y con labores de fácil implementación que sin embargo muchas veces no se realizan, como limpiar la maquinaria después de su uso, verificar la forma de acción de los químicos que uso y si es compatible con mis condiciones ambientales, calibración de equipos, etc. así como el manejo de las papas huachas, que son fuente de futuros problemas en los campos, ya que es en los restos vegetales del propio productor donde muchas veces se cultivan sus futuros problemas de sanidad.

 

 

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