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Entrevistas

ENGORDEROS, UN RUBRO EN ALZA

Alza en los precios de la carne así como bajo costo de los insumos, hacen que esta sea una brecha interesante en el negocio ganadero.

Para el asesor ganadero Enrique Valdés, el sabor es otra condición que marca una diferencia entre un animal alimentado en pradera y otro feedlot.

Con el repunte de los precios internos de la carne y al mismo tiempo, un aumento de la demanda externa, el negocio de la carne se ha hecho nuevamente atractivo para los productores pecuarios. Eso, no obstante el descenso sostenido de cabezas en los últimos años, que de 3.408.419 animales en pie de acuerdo al Censo del 2007, bajó un 19.73 por ciento para llegar a 2.735.857 cabezas en el 2015 de acuerdo a las cifras del INE, según indica Carlos González, presidente de la Federación Nacional de Productores de Carne, Fedecarne.
“La carne está teniendo hoy mucho mejores resultados, la producción mundial de vacuno ha ido a la baja pero yo veo un futuro promisorio; eso se ha notado en los precios del 2016 que en general ha ido al alza, motivado por el dólar y también por la escasez de ganado, lo que va a motivar que muchos productores que estaban indecisos se mantengan en el negocio y que otros ya estén ingresando”, comentó, a pesar que en los últimos años ha habido una baja rentabilidad del sector ganadero.

En Chile, indica González, se consumen alrededor de 400 mil toneladas de carne al año, de las cuales un 52 por ciento entra vía importación y la diferencia se produce en el país. Y aunque se reconocen las buenas condiciones nacionales para el rubro pecuario, tanto así que González estima que podría llegarse, sin problema, a una masa ganadera de 10 millones de cabezas en condiciones ideales, hay una serie de brechas tecnológicas para que esta proyección se haga realidad, donde destacan la mala calidad de las praderas, la falta de una masa ganadera homogénea, la necesidad de genética y manejos ganaderos con mayor eficiencia. “Eso nos cambiaría totalmente la forma de comercialización y la rentabilidad pero tiene que venir aparejado con que el productor vea el futuro más auspicioso”.

“Ahora tenemos exportación de ganado en vivo a Turquía, donde ya se han exportado unos 30 mil terneros, por lo que en hay mucha menos oferta para la engorda. También influye el precio, porque el año pasado el kilo estaba a 850/900 pesos y este año vale 1.300 el kilo, hay un aumento sustancial. A eso se agrega que ya está en marcha la autorización para exportar ganado a México, vaquillas reproductoras y la opción de comercializar novillo gordo, que va a llegar directo a la matanza. Se están abriendo muchas ventanas que el productor tiene que aprovechar con mayor eficiencia, genética de alta calidad, mejor uso de sus praderas y conservación de forraje; en fin, mejorar la productividad, porque se viene un desafío que los que estén preparados y los que quieran subirse a este carro tienen que hacerlo de manera tecnológica, porque producir carne en forma amateur no sirve”.
Sobre el porcentaje de ganado que hay en Ñuble dedicado a la engorda, González indicó que no hay cifras concretas; lo que existe son cifras sobre las 110 mil cabezas de la provincia, de las que 7.594 son americano; cruzas para leche, 1.032; angus 11.141, hereford, 3.452 y 84.041 cruzas para carne. Sobre cuánto de esto se queda en engorda, no hay datos, pero sí sobre las preferencias de los productores, la mayoría prefiere feedlot.

 

PRADERA VERSUS FEEDLOT

La calidad de las praderas es una de las piedras de tope para la engorda de los novillos, según indica el médico veterinario de la Universidad de Chile, consultor en producción de carne y profesor colaborador en el ramo de la especialidad en dicha casa de estudios, Enrique Valdés, quien destacó que para la realidad nacional, la engorda en pradera es poco eficiente. “Se requiere un buen manejo de praderas y variedades interesantes en cuanto a la producción de forraje para tener resultados positivos en un plazo más corto que el que hoy día tenemos”, dice. El profesional destacó que hoy el novillo que sale gordo de pasto o pradera tiene una edad de 24 a 30 meses y a veces un poco más, porque dependiendo de la fecha de nacimiento pueden pasar hasta dos primaveras en pradera para sacarlo gordo. La diferencia con la alimentación en el sistema de feedlot o establo es evidente. “Los animales entran al sistema y después de 100/120 días, ya están en condiciones de salir al mercado, son animales que están saliendo a faena entre los 18 y los 22 meses, lo que representa un ahorro de tiempo muy importante en la edad en que el animal puede dar beneficios y un período en que la pradera no está con carga animal y permite su renovación”.

El sabor es otra condición que marca una diferencia: Valdés indica que la carne de animales producidos en pradera tiene menos sabor y tiene un aspecto estético un poco diferente. La carne del animal engordado en feedlot presenta una carne con grasa blanca y mayor infiltración, lo que en su opinión es una clara ventaja respecto del animal alimentado sólo en pradera, aunque en este caso, la carne es más magra.
“Normalmente se trabaja en un sistema de producción mixto, con los animales en pradera hasta los 350 kilos dependiendo del componente racial; si son animales de doble propósito o raza pesada, son animales que se dejan en praderas hasta los 350/380 kilos; si son animales de raza liviana como el angus o hereford, se dejan en pradera hasta que logran unos 300 kilos y a continuación pasan a corral. También está el sistema de corral completo, en que el animal se desteta de la vaca y pasa a un sistema de confinamiento o feedlot pero que en Chile es bastante menos usado”.

 

“En la pradera, es muy difícil establecer una relación de ganancia de peso. Como contraparte, el establo permite ordenar la ración, los costos y la ganancia esperada de peso/día, lo que a la larga, es más eficiente para el productor engordero, indicó Valdés. Con dieta de pastoreo, sin suplementación, desde fines de invierno a inicios de primavera, la ganancia podría fluctuar entre 0 y 700 gramos/dia; pero eso cambia radicalmente cuando la curva de crecimiento de los pastos está en su máxima expresión, donde se puede llegar a una ganancia de peso importante, de hasta 2 kg/día , pero este es un período bastante corto y se junta con el periodo en que se cosecha el forraje para la siguiente temporada de invierno, entonces, la ganancia total podría ir entre 0 y dos kilos/día. En general, en otoño e invierno las ganancias son muy bajas, pero con forraje muy bien conservado, con pastoreo y con alguna suplementación, podemos llegar a una ganancia de 800/900 gramos. En feedlot, la alimentación se ajusta a los requerimientos del animal: el peso de llegada, el componente racial y los insumos disponibles, con lo que se puede lograr una ganancia de peso de 1,000 a 1,800 gramos/día con una estadía promedio de 90 a 150 días”, destacó el consultor.

 

LA RECETA NO EXISTE

No existe una receta única, sino una conjugación de factores que son evaluados por el productor, de acuerdo a sus costos y requerimientos de producción, así como a los mercados a los que se orienta. La alimentación va a cambiar según el tipo y tamaño del feedlot, la ganancia que se espera lograr y el tiempo de que se dispone, pero el maíz y otros granos son de los ingredientes que debiéramos de tratar de incluir más frecuentemente en las dietas y el buen precio que ha tenido el grano en los últimos dos años han permitido que se mantenga. “Desde Los Ángeles hacia el norte, -porque encontramos sistemas de engorda hasta La Calera más o menos-, se usan subproductos de la industria de la fruta, subproductos de la molinería, así como cultivos que se usan en todas partes: maíz para ensilaje, grano húmedo y granos como tal: avenas, trigo, triticale, etc. Desde Los Ángeles al sur, hay una gran importancia de los forrajes conservados a partir de la pradera y subproductos de la industria de la remolacha, más el aporte de algunos granos. Las dietas en esta área tienden a ser voluminosas, con menos densidad energética, menos eficientes y  requieren mayor cantidad de tiempo en engorda.

“En la zona central y algunos predios del sur, se usan otros subproductos como la cama de broiler o guano de pollo, previamente tratada y acondicionada para ser usada como alimento, -indicó- y dependiendo de los resultados que se tengan con esta dieta, se puede o no usar urea, pero son complementaciones para llegar al nivel de proteína de acuerdo a los requerimientos del animal en corral. La cama de broiler es un muy buen aporte proteico y no imprime ninguna diferencia a las características organolépticas de la carne que se produce”, dijo Valdés, desmitificando que aporte hormonas a la dieta animal, destacando que hace más de 50 años que no se usan hormonas en la producción avícola.

Otro elemento usado por algunos engorderos son los anabólicos, que indica Valdés, en condiciones de manejo eficiente y buena alimentación, generan una ganancia de peso de entre el 10 y el 15 por ciento, ya que permite que el músculo crezca más y más rápido. “Aquí no hay multiplicación celular sino una hiperplasia en base a la alimentación que se está dando, por lo que su uso requiere de condiciones específicas”, dijo. “Nosotros planteamos el uso de anabólicos de manera racional, en que después que el animal sea implantado, el tiempo a faena cumpla con el periodo de carencia que determina la autoridad sanitaria y en esas condiciones, es una herramienta bastante interesante y segura”. Por lo demás, indicó, no es una fórmula mágica, sino que permite aprovechar de mejor manera la alimentación entregada, por lo que señaló, “no tiene sentido usar anabólicos si no se está dando una dieta equilibrada por lo menos en energía y proteína, para que tenga un efecto en el animal; si la dieta que se está dando es pobre, los anabólicos no surten efecto”. Entre estos efectos, está el aumentar la masa muscular, disminuir la producción de grasa y aumentar el rendimiento carne/hueso, con una ganancia de peso de entre un 8 y 12 por ciento más que, animales en similares condiciones sin anabólicos.

Con respecto al nuevo sistema de control de anabólicos y la relación con la exportación de carnes anunciada por el Ministerio de Agricultura recientemente en Chillán, y que entrará en funcionamiento a partir del próximo año, Valdés destacó que siempre ha existido una legislación rigurosa. “Chile tiene una restricción por parte del SAG, con un período de carencia para los anabólicos de 60 a 70 días; pero en varios países que usan anabólicos el período de carencia no existe, porque el nivel de hormonas que va a tener el animal, un día después de haberse implantado incluso, y con mayor razón después de 60/70 días, es una cantidad mínima que no representa riesgo para la salud humana y que no es mayor que la cantidad que podría tener un animal entero ( torete o toro ), o muy inferior a un animal faenado 15 días después de parir, como es el caso de una vaca. Los cálculos, para que esto hiciera un daño a la salud humana, es que una persona tendría que comerse en un día el equivalente de dos novillos para que pudiera tener un efecto en su sistema endocrino”.

Para el presidente de Fedecarne, hay consenso en torno a las bondades de la nueva regulación, con una normativa más estricta para el seguimiento del uso, y que va a obligar a los productores a definir si usan o no anabólicos, porque los predios van a quedar marcados para su uso, aunque algunos animales no sean tratados. “Lo que sí, los resguardos hay que cumplirlos, no se puede faenar un animal mientras no se cumplan los periodos de carencia establecidos, pero el productor ganadero y en general el productor del país es muy responsable, cumple con sus carencias, no tenemos temor al respecto”, destacó González.

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