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Entrevistas

Escuelas agrícolas: Una renovación que va dando frutos

Elementos como el desarrollo tecnológico, el cambio climático, cultivos emergentes y cambios en la composición de la población del campo, han hecho que el panorama sea cada vez más dinámico en el sector agrícola. En la Región del Biobío, esto se traduce en la incorporación cada vez mayor de equipos para la agricultura de precisión, el desarrollo acelerado de la fruticultura y mayores exigencias para la optimización del riego. El nuevo escenario que enfrenta hoy la agricultura tradicional, afecta a todo el sector y eso  incluye no sólo a los productores, sino también a quienes buscan suministrar técnicos competentes y calificados para este nuevo agro,  las escuelas agrícolas.

Parte de este amoldarse a los nuevos escenarios tiene que ver con ser proactivos en cuanto a las necesidades de la empresa. Una primera forma, transversal  a todas las escuelas agrícolas, es el aporte de los consejos empresariales locales,  que  acompañan a los directores de los liceos en su gestión educativa, participan en el diseño de mallas curriculares acordes a las demandas del mercado y promueven la práctica profesional de los alumnos y permite la participación de  empresarios destacados, quienes así pueden acercar las necesidades de la agricultura real a las aulas.

Jorge Trucco, director de la Escuela Agrícola de Cato indicó que este es un nexo importante, ya que las reuniones, cada dos meses, les permiten ir variando el rumbo de acuerdo a lo que el agro requiere, analizando las brechas y modificando o ampliando su visión; anualmente además, cada escuela agrícola hace encuesta a 20 empresarios que tienen trabajando a jóvenes que han egresado durante los últimos 3 años, y la opinión es muy buena, pero lo que más cuenta es la  parte personal, los valores de trabajo”, destaca Trucco. Similar valoración es la de Marcos Hanssen, director de la Escuela Agrícola de Los Ángeles, El Huertón, quien destaca que a pesar de las dificultades que muchas veces encuentran las escuelas técnicas, ellos han ido subiendo su matrícula de manera sostenida. “

Teníamos 300 niños y ahora tenemos 430 y eso me dice que estamos haciendo bien las cosas. Los cursos  agrícolas están completos y creo que eso es gracias a  la inyección tecnológica que le hemos puesto al campo”, señala, relatando que por ejemplo, se modificaron los jardines para incorporar riego tecnificado, aprovechando de hacer la experiencia de manera educativa: “les enseñamos a programar y a confeccionar este sistema, porque también les puede servir si más adelante quieren hacer un emprendimiento o quieren incorporarlo en sus casas. Siempre estamos pensando en lo que viene, por esos asistimos a charlas, nos juntamos con agricultores y con otros colegios de la red SNA. En el fondo, queremos que la escuela sea un referente para la provincia en el rubro agrícola”, agrega.

Bajo el mismo concepto, se ha ido potenciando el trabajo de transferencia en la Escuela Agrícola de Cato, donde ya se han formalizado convenios con la Comisión Nacional de Riego, para la instalación de un pivote en el predio que permitirá además de generar capacitación en los jóvenes, realizar transferencia a pequeños y medianos agricultores; otro convenio involucra a la empresa Agrichile, que instalará en el recinto un centro de capacitación para el avellano europeo, porque como escuela tenemos que capacitar no sólo a nuestros jóvenes, sino ayudar a difundir el desarrollo de la tecnología en la agricultura familiar campesina”, indica Trucco.

CERCANÍA A LAS EMPRESAS

Las escuelas agrícolas han hecho un esfuerzo por  acercarse a las empresas y a los agricultores para conocer de primera mano sus necesidades. Como señala Hanssen, “La escuela en sí misma está vinculada con el agro. Participamos de dos GTT en Los Ángeles, uno de arándanos y otro de cultivos y frutales, lo que nos permite estar al día sobre lo que se ve en el campo hoy, lo que se necesita y lo que hay que enseñar. Estamos en  pos de la innovación y la tecnología, orientados a tres grandes áreas: que los chicos puedan más adelante ser emprendedores, prepararlos para la universidad si es que más adelante quieren seguir estudios o para la vida del trabajo”. Eso, les da a los estudiantes de las escuelas agrícolas el piso necesario para continuar estudios tanto en institutos como en universidades, destacó Jorge Trucco, gracias a los convenios nacionales que mantiene SNA Educa, así como a convenios locales que realizan las distintas escuelas, que en algunos casos permiten reconocer asignaturas y en otros, ingreso especial a las carreras profesionales del área, como Agronomía o Ingeniería Agrícola.

  La apertura a la innovación ha motivado a la empresa privada a acercarse a estos planteles. En el caso de Chillán, Eduardo Muñoz, jefe de Planta de Agrícola Cato, indicó que este es el espíritu que animó a la empresa a ofrecer talleres de capacitación orientados a los alumnos que van a realizar su práctica profesional en la empresa. “La idea es retroalimentar a las escuelas, pero también mejorar nuestra propia gestión, porque hay puntos neurálgicos en el packing que los estudiantes deben conocer: control de calidad, despacho y embalaje de la fruta”, indica.  El programa se inició el año 2017 con los cuartos años de la Escuela Agrícola de Cato y el segundo año abrirá en agosto un segundo ciclo de charlas y talleres para los estudiantes previo a su práctica profesional, que incluyen prevención de riesgos, fisiología, trabajo de campo, packing, postcosecha,  embalaje, comercio exterior además de leyes laborales y recursos humanos, en un curso intensivo que abarca todas las áreas del quehacer de la agroindustria.

“La idea es retroalimentar a las escuelas, pero también mejorar nuestra propia gestión, porque hay puntos neurálgicos en el packing que los estudiantes deben conocer: control de calidad, despacho y embalaje de la fruta”, indica Eduardo Muñoz, jefe de Planta de Agrícola Cato.

EDUCACIÓN DUAL

¿Sería esta, tal vez, la forma que debiera adaptar la educación agrícola, con un fuerte componente dual?

Para Eduardo Muñoz, “quizás en una primera instancia el impulso debiera darlo la empresa, como nosotros lo estamos haciendo, pero esto debiera ser una política de Gobierno, en cuanto a integrar la educación con el área empresarial, de tal forma que los contenidos y los objetivos de las carreras estén enfocados a los requerimientos, necesidades y realidades de la industria agrícola”.

Una situación similar de cooperación se vive en la Escuela El Huertón, de Los Ángeles, donde se ha trabajado fuertemente esta línea de estudiar haciendo que  caracteriza a la educación dual, con un fuerte acento en los conocimientos más adelantados para el nuevo escenario agrícola. Mauricio Neira, agrónomo y asesor sectorial de Iansa Los Ángeles, destacó que hace varios años la escuela tuvo la inquietud de sembrar remolacha  e implementar equipos de riego.” Les dimos cooperación para la instalación de un pivote y debajo del equipo sembramos remolacha, y con la disponibilidad del equipo técnico todo lo que hacemos lo traspasamos a los alumnos, tanto en lo que toca a manejo de los cultivos como los equipos”.

Para el profesional, esta experiencia tiene que ver con una mirada que busca a un alumno potenciado en lo tecnológico, para analizar y practicar la agricultura del futuro. “Un chiquillo que egresa en estas condiciones de la Escuela Agrícola es importante y valioso para la agroindustria y para los agricultores, porque es la gente capacitada en lo que el agro está empezando a necesitar con el avance de la agricultura de precisión”.

Este tipo de encadenamientos entre industria y escuela han permitido acercar ambos mundos, un acercamiento necesario para ambas partes. “Ha habido una reconversión, obviamente, aunque se requiere tal vez un poco más de fuerza para fortalecer el trabajo educacional con las competencias que requiere la empresa privada”, indica Eduardo Muñoz de Agrícola Cato. “Hoy las escuelas están destinadas a dar ciertas herramientas, pero quizá se requiere más trabajo sobre lo que requieren las empresas agrícolas. Aquí se hizo un trabajo que sirve a los dos, por un lado a nosotros, para tener gente calificada y responsable y a la escuela, que puede contar con lo que uno le puede aportar de su experiencia y de la realidad de la empresa”.

En ese marco, el convenio de la escuela de Chillán y la Agrícola Cato permite generar prácticas profesionales con una capacitación previa, estableciendo una colaboración estrecha. “Sería bueno que todas las empresas lo hicieran como parte de las políticas de responsabilidad social empresarial, porque todos nos quejamos de que no tenemos gente calificada, pero no nos damos el trabajo de enseñarles y calificarlos, de traspasarles nuestra experiencia a los muchachos”.

“Sería bueno que todas las empresas lo hicieran como parte de las políticas de responsabilidad social empresarial, porque todos nos quejamos de que no tenemos gente calificada, pero no nos damos el trabajo de enseñarles y calificarlos, de traspasarles nuestra experiencia a los muchachos”.

INNOVAR PARA ATRAER 

Pero no todas las escuelas han corrido la misma suerte, incluso algunas han cerrado. Fernando Bórquez, seremi de Agricultura del Biobío, destacó que el gran problema de las escuelas agrícolas es que deben competir con los restantes establecimientos del sistema educativo.

“Hay un problema que es de fondo en las escuelas agrícolas, tienen los mismos problemas de la educación, además, entran en una competencia muy fuerte con los liceos comunes por alumnos. De hecho, algunas escuelas agrícolas han tratado de hacer promoción de la modalidad de enseñanza y los municipios no los dejan entrar a los colegios”. A eso se suma, indicó, que muchos de estos colegios son internados con un costo extra y mayor al de un liceo tradicional. Y su otro gran problema, es que hoy los jóvenes no ven una opción en la agricultura, sin embargo, cuando tengamos pequeños agricultores a los que les vaya bien, y que puedan tener una renta importante trabajando por ellos mismos, ese joven va a ver que el agro es una opción”.

Jorge Trucco, de la Escuela Agrícola de Cato coincide con esta apreciación. “Ha disminuido la matrícula a pesar que somos una zona agrícola; hay poco interés por trabajar en el campo y eso significa que el campo se está quedando sin gente, sobre todo, sin gente capacitada para todo lo que significan las nuevas competencias que se requieren, sobre todo en  fruticultura, riego, en la tecnología que ha llegado al campo”.  Para él, la respuesta es que el campo es sinónimo de una actividad sacrificada, sin feriados como las oficinas.

Eso, sumado a la baja rentabilidad  de algunos rubros hace que los sueldos sean afectados y por ende, la población rural, indica, no sobrepasa el 10 por ciento, cuando hace 15 ó 20 años, era superior al 22 por ciento.

De ahí, dice Trucco, la importancia de entusiasmar a los chicos con las nuevas tecnologías, lo que además, les da un plus en el mercado laboral. “Por eso se han generado nuevas mallas y contenidos para ir avanzando en las competencias que se requieren hoy en la agricultura industrializada, como en la fruticultura. Eso significa incorporar destrezas para la agricultura de hoy, el uso de nuevas herramientas, por ejemplo, la automatización agrícola, está incorporada en forma transversal, la agricultura orgánica, agricultura de precisión, uso de monitoreo satelital para la aplicación de riego o abono; y contratando a profesionales de excelente nivel, que es lo que se requiere para la formación de las competencias necesarias en los estudiantes”, agregó.

Esta experiencia es la que hoy están adquiriendo los estudiantes, pero adaptada a los nuevos desafíos del agro. “Hoy la escuela está entrando al camino de la agricultura de precisión”, cuenta un entusiasmado Marcos Hanssen.

“Tenemos una unidad de dos hectáreas de arándanos  con riego solar, con un tracking que se maneja a través de una aplicación de teléfono y un pivote de riego que también se maneja a través de una aplicación de celular. También  tenemos un panel fotovoltaico y un biodigestor,  vamos encaminados  al uso de energías renovables no convencionales, porque creemos que ese es el camino. Estamos trayendo la última tecnología que hay para hacer que la agricultura no sea la de antaño que el niño asociaba a una pala y una picota, queremos que los niños vean que la tecnología está asociada al campo, que deben ser agentes de cambio en la agricultura, en sus casas, en sus comunidades  y para eso deben usar la tecnología que hoy está disponible. Para allá vamos caminando como escuela agrícola”.

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