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Entrevistas

Exitosa producción desde Yumbel Estación: NI EL VINO PAíS ES PROFETA EN SU TIERRA

“El vino País es muy valorado en el extranjero no sólo por la historia de sus parras, sino porque es un vino suave, que se puede tomar todos los días y acompañar a cualquier comida y es un vino muy intenso en nariz”

Seguramente Mauricio González es la antítesis del Enólogo egresado de la Pontificia Universidad Católica de Chile.  En él se conjugan una mezcla perfecta entre romanticismo, profesionalismo, libertad, y una gran cuota de aventura. Dejó la viña donde trabajaba en Mendoza y un buen cargo, con un buen sueldo para aventurarse con una pequeña viña abandonada por más de 30 años en la zona de Yumbel. Al proyecto se sumó su señora y su hijo de dos años y medio. Mauricio tiene 36 años y el 2015 compró, junto a un socio capitalista, la viña La Colina, en Quinta Unihue, con la ilusión de recuperar lo que estaba bajo los matorrales y la antigua bodega para producir su vino, un vino País bajo el nombre de Yumbel Estación. El primer año embotellaron 7.000 litros y este año alcanzaron los 13.000 entre uva País, Malbec  y Moscatel de Alejandría.

Mauricio rondaba la zona desde hace algún tiempo con el fin de encontrar algo para comenzar su proyecto vinícola. En uno de esos recorridos se topó con una bodega de comienzos del siglo pasado, con las características típicas de las bodegas de vino de esos años: 200 metros cuadrados de 20 x 10, con sus lagares, las grandes pipas de raulí y una vista privilegiada hacia el valle. La parcela tiene en total 10 hectáreas, de las ellas cuatro están plantadas con viñas: 2,5 de uva País, una hectárea con Malbec injertado con material de San Rosendo y media hectárea con Carignan. El resto aún está en proceso de recuperar lo que está bajo las moras y malezas. Lleva dos años limpiando a puro ñecle.

Nos cuenta que las parras de uva País llegaron con los españoles durante la Colonia, desde las Islas Canarias.  El vino era parte de la idiosincrasia de ese pueblo y se calcula que las plantas deben tener a lo menos 100 años en esa zona.

Se le nota su admiración por la cepa, y reconoce que el pipeño se ha hecho una mala fama, porque muchas veces se vendía un vino de muy mala calidad, prácticamente alcohol con tinta, una verdadera porquería con mezclas de uva de mesa y País y ese estigma será difícil de cambiar. Ahora, señala, es importante aclarar que no todo vino hecho con uva País es pipeño.

No obstante, lo poco valorado en Chile, fuera de las fronteras, el vino de uva País es muy apreciado, tanto así que el primer año se vendieron las 7.000 botellas que produjo y la demanda superó con creces la oferta, como quien dice… se quedó corto. La producción de este año, 13.000 botellas, también está toda vendida.

Las parras de uva país llegaron con los españoles durante la Colonia, desde las Islas Canarias.  El vino era parte de la idiosincrasia de ese pueblo.

EXCLUSIVO EN EL MUNDO

 Lo que se conoce como vino pipeño en muy chileno, tiene mucho arraigo en la cultura del campo, señala Mauricio, viene de una uva que se llama la chilena, fermenta en lagares de raulí, que es nativo de Chile, y se guarda en pipa de raulí de ahí el nombre, por eso es un vivo absolutamente nacional. “Además tiene un arraigo muy importante en el campo, con un fuerte componente cultural, es un vino sano, sin químicos, puede acompañar a todo tipo de comidas”, indica.

 Los suelos de Yumbel son más bien volcánicos, son fértiles y permiten que las viñas se den bien. Entonces la pregunta que cae de cajón, ¿por qué han arrancado o abandonado tantas viñas?

 El precio bajo, ese ha sido el factor por el cual la gente optó por arrancarlas en vez de conservar este patrimonio.

 Ahora, en Europa y Estados Unidos el tema es otra cosa,  valoran mucho este vino porque este tipo de viñas no las encuentras en ningún lado, viñas  tan antiguas y en tan buenas condiciones, con excelente suelos, viñas sanas, sin enfermedades,  producen vinos un poco más ligeros, vinos que huelen a mucha fruta, a cerezas, a guinda, son vinos bien intensos en nariz, con poco alcohol;  por eso a los europeos y estadounidenses les gusta, al contrario del chileno que está acostumbrado a un vino pesado,  como el Cabernet, explica Mauricio.

SE SUMARON LAS GRANDES VIÑAS

Poco a poco la cepa País ha ido ganando terreno también en las grandes viñas que comenzaron a hacer vino País, porque si bien no es una variedad única en el mundo, Chile es un país potente en producción por su antigüedad, sanidad y producción y porque las viñas han alcanzado el equilibrio perfecto entre el suelo y el clima.

El ascendente prestigio de la uva País, permitirá que se revalorice el sector, estos valles que habían sido ignorados por mucho tiempo,  “ahora no sé si eso implicará que la gente venda el doble, pero si va a poder vender mejor, no hay que olvidar que el vino en el mundo es un reflejo del lugar de donde se produce y eso debe valorarse”.

Mauricio no sólo ha llevado adelante, junto a su socio  Claudio Pinto, el proyecto de Yumbel Estación, sino también con otros dos socios: Claudio Contreras y Jaime Pereira, crearon Tinto de Rulo,  el año 2012, pero la idea de manejar una viña propia y elaborar desde ahí su vino era algo que aspiraba desde hace mucho tiempo. Así concretó Yumbel Estación al que sumará una ruta de enoturismo. La idea, dice Daniela, su señora, es que la gente pueda conocer la historia de las viñas, puedan degustar  y de paso disfrutar de una experiencia de campo.

LA TÉCNICA

El trabajo es bien simple, pero no por eso menos profesional. Durante el año las labores las hace Mauricio junto a un ayudante y consisten en poda, despejar lo que aún está emboscado y aplicar un poco de azufre un par de veces al año. Luego la cosecha es a mano, con gente de la zona, se acumula la uva bajo una sombrilla, en una pequeña colina que está al costado de la bodega y se “refriega” la cosecha sobre una zaranda, que son palos de colihues acomodados de manera tal que se despegue el grano del escobajo, y una despalilladora antigua de operación manual. Es un proceso lento, por eso si hay mucha uva se usa un sinfín  que separa los palos hacia un lado y el fruto cae hacia el lagar, una especie de piscina de raulí de 7.000 litros. Ahí fermenta durante un mes. Luego hay que mezclar la parte superficial con la más profunda y se mide la cantidad de azúcar que hay en un litro de jugo. Esta tarea se debe realizar unas dos veces al día. Una vez que ya está seco, se ha hecho el vino, entonces se prensa el grano y con ese sobrante se puede elaborar compost o si alguien quiere producir aguardiente.

  Los vinos se guardan en barril o en pipa y se embotellan cuando corresponden. “El vino País pipeño lo embotello en octubre- noviembre, son vinos para tomar en el año, no se espera mucho”, puntualiza el enólogo.

  La comercialización no es tan complicada, siempre y cuando la persona esté inserta en el mundo del vino, así conoce gente, compradores, periodistas, asisten a giras, reciben importadores y se generan redes de contacto que facilitan mucho la comercialización.  Mauricio exporta a Estados Unidos, Australia y Europa a cinco dólares la botella más impuestos.

  Es cierto ahora vive con menos plata, pero mucho más feliz y con sueños que se están cumpliendo más rápido de lo que imaginaba.

LAS GRANDES DIFERENCIAS ENTRE LOS VALLES

Las grandes diferencias entre el Valle del Itata y Bío Bío con la zona central como Colchagua es que allá se hace una viticultura más mecanizada, de volúmenes más altos y precios más bajos.  En nuestra zona, en cambio, se hace algo más artesanal, donde todos los que participan en el proceso de elaborar el vino se conocen, ayudan y colaboran. “No tengo nada en contra de esas empresas, pero son cosas muy distintas, allá el proceso es absolutamente controlado y mecanizado, se hace un vino parejo, que ojalá todos los años sea igual, pero los vinos no pueden ser iguales, no hay un vino de un año mejor o peor, son distintos solamente”, indica.

Lo que hace que un vino sea diferente es el año, la poda, la mano, quien los trabaja, todo eso suma para lograr un vino distinto, agrega Mauricio.

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