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Entrevistas

Fernando Rodríguez: de dulce y agraz “La producción orgánica puede ser el sello de la Región de Ñuble”

“Señala que todo productor del agro requiere de apoyo estatal y que en el sector de los medianos la gran brecha es investigación, tema en que hay demanda insatisfecha relacionados con mecanización de cosecha, uso de agua y otros temas eficiencia”.

Con experiencia en más de 10 rubros frutícolas, ganaderos y de producción anual piensa que para invertir en agricultura hoy, hay que tener en cuenta el tema de mano de obra y el cambio climático: “he conocido proyectos para la zona que van desde las paltas a las ciruelas”.

Fernando Enrique Rodríguez Toro, agricultor de San Ignacio, es un ejemplo de superación y visión. Partiendo de cero, en 25 años, ha logrado hacerse de un patrimonio hortofrutícola interesante y hoy maneja 300 hectáreas propias, donde el secreto ha sido ir a la vanguardia en temas de elección de los cultivos y uso tecnología, conforme a las posibilidades. Aciertos como establecer en el momento preciso, frambuesas, espárragos y arándanos, le permitieron un punto de equilibrio y ahora su meta es crecer más en eficiencia, que en superficie.
El productor de 61 años, es hijo de un matrimonio de profesores con raíces en la ruralidad. Casado con Betsy Angélica Moraga, dos hijos, Fernando y Cristián, además ha sido dirigente gremial y ha incursionado en política, como concejal en San Ignacio, en el período alcaldicio pasado. Ahora dedicado de lleno a la agricultura, puede hablar con propiedad desde la experiencia de un mediano productor de la Región de Ñuble, de las necesidades y perspectivas del rubro.

Por problemas económicos debió interrumpir sus estudios de Agronomía en la Universidad de Concepción y comenzó en la década de los 90 un capítulo en la pequeña agricultura, en un panorama adverso, trabajando 10 hectáreas. Luego ejerció como empleado en campos ajenos y como productor y repartidor de leche. Su primer logro fue consolidar una hectárea de frambuesas: “Tuve la virtud de comprender que con el poco terreno, tenía que pensar en rentabilidad”.

 

CLARIDAD DEL PROYECTO

¿Cómo se enfoca en la actualidad su proyecto agrícola?

“Estoy trabajando principalmente con plantaciones de arándanos (27 Has. Para llegar a 70), espárragos (30 Has. Con 4 orgánicas) me quedan algo de frambuesas (4 Has. arrancando 12) y nogales (30 Has) Esos son los cultivos permanentes, los perennes. Y lo otro, sigo haciendo ganadería en pequeña escala. Más que todo, porque creo que uno debe simular lo más posible a la naturaleza, y en la naturaleza ocurre de todo, creo que entre las rotaciones se debe pasar por los potreros con animales. Por eso por más que una razón económica de producción ganadera, mantengo siempre dentro de mi rotación, una cantidad de animales”.

¿En qué superficie?

“Debo tener alrededor de 300 hectáreas… propias la mayoría”.

Y cuál es la idea… ¿Seguir creciendo?

“No. Yo creo que al contrario. Tengo más tierra de lo que puedo controlar y manejar bien. Mi proyecto consideró instalar las unidades productiva cerca de sectores poblados con existencia de mano de obra y con un clima que me permitiera manejar distintos cultivos complementarios. Estoy en Chillán Viejo en los Colihues; Libuy en Bulnes y en San Ignacio en sector Santa Juana, que es mi campo principal.

Eso se cumplió y ahora con la superficie con la que cuento, creo que puedo llegar a un equilibrio”.

Hace dos años usted recomendaba como inversión agrícola para la zona el cerezo bajo techo plástico… ¿cómo ve hoy el panorama?

“Si tuviera tierra, agua y clima, hoy buscaría a lo mejor, otras cosas. Porque los cerezos ya están llegando al máximo de su capacidad. Trataría de buscar algún cultivo que no dependa tanto de la mano de obra, porque hoy muchos proyectos quedan fuera, por no tener la mano de obra en el momento de las cosechas. También por el costo que esto implica, que es muy alto. Miro con interés, en esta perspectiva, por la posibilidad de mecanización, los frutos secos. Muchos se fueron a plantación de avellano europeo, también se han puesto nogales. Pero aún no hay un panorama claro con huertos maduros que aseguren rendimientos, por lo que hay que estar atento. Igual pienso que aún algo se puede hacer con cerezos”.

“Reconoce que ha tenido éxitos y fracasos, pero ha sabido salir adelante ante la adversidad”

¿Cómo viene en naipe para la pequeña y mediana agricultura en este segundo Gobierno de Sebastian Piñera?

“Creo que ha sido lenta la recuperación. Al parecer era más grave la situación económica del país que lo que nosotros la veíamos y yo creo que el propio Presidente tampoco tenía todos los datos para hacer este análisis. Creo que se encontró con sorpresas grandes cuando llegó al Gobierno, pero ya se ve que se empieza a mover la economía. Pienso que el origen de esto, en parte, es que en el Gobierno de la señora Michelle, la mayoría de los empleos que se crearon fueron empleos fiscales y esos no son productores de riqueza, esos gastan las riquezas que otros producen, y muchos de ellos, a lo mejor, eran injustificados. Entonces ahí hubo gran gasto fiscal y la balanza se desequilibró, como es conocido. Este año me imagino que va a empezar a movilizarse.

Hay que considerar también efectos negativos y positivos internacionales que tienen que ver con las políticas de Trump, como la valoración del dólar frente a todas las monedas. Hemos logrado un 20% más de valor del dólar de lo que teníamos a principios de año, lo que es bueno para el sector. No va a ser fácil la recuperación del país”.
¿Por qué?

Hubo muchos cambios en el Gobierno anterior y creo que han causado un efecto muy negativo porque se ha perdido algo esencial que son las reglas claras y estables en lo laboral y tributario, por ejemplo. Esos factores son los que a uno le permiten proyectarse como empresa. Cuando las normativas son claras, uno se pone a trabajar basado en eso. Para nosotros fue muy difícil asumir todos estos cambios, y creo que muchos, entre ellos yo mismo, nos hemos complicado y nos han causado un trabajo adicional administrativo de un montón de cosas.

 

ÑUBLE REGIÓN

Siendo agricultor “nacido y criado” aquí en Ñuble… ¿Cuáles cree que son los desafíos agrícolas de la nueva Región?

“Independiente de lo que ocurra con la Región que es una forma distinta de la administración, yo creo que la intervención del Estado en la zona pasa por el imperativo de avanzar en aspectos tecnológicos. Tenemos que mejorar la productividad, nuestra actividad y la de nuestro personal, porque ahí es donde se nos elevan los costos. Como ejemplo, un cosechero hace 100 kilos día, cuando puede cosechar 300. Tenemos que mejorar el beneficio tanto del cosechero, como del empresario. A la gente no podemos multiplicarla, lo que tenemos que multiplicar es la eficiencia.

En ese sentido es donde el Estado tiene que poner muchos recursos para la investigación. Entidades como el Inia y las universidades, tienen que desarrollar los estudios que sean necesarios para mejorar nuestra productividad, que en este rubro es muy mala. Somos muy ineficientes en el manejo de nuestros recursos. Le pongo el caso del agua, nosotros necesitamos más agua o necesitamos administrar bien el agua. Hay un desafío de usar bien los recursos disponibles.

Esa perspectiva es la otra forma de mejorar y crecer…

Claro. Uno de los recursos que estamos manejamos muy mal es la gente. La gente podría recibir más beneficios directos. No sé cuántas veces he pedido al Inia que nos hagan un estudio ergonométrico de cómo y porqué la gente puede mejorar su productividad en cosecha. Eso permitiría aumentar la cantidad de huertos. Hay que apoyarse con aspectos mecánicos, robótica… eso es lo que se hace en el mundo. Chile es un gran consumidor de tecnología, pero ninguna de la tecnología se desarrolla aquí. Lo que llega debe ser adaptado a nuestra situación. Los pooles de maquinaria agrícola, de la genética de las plantas. La de vacunos, cerdos, pollos. Todo viene de afuera y se adaptan aquí. Pero no se desarrollan cosas propias.

En el caso de la fruta cuando se habló del maqui, de la murtilla y el calafate, que tienen más antioxidantes que el arándano, no fuimos capaces de colocarlos en el mercado, o desarrollar mercado. Se logró separar algunas variedades de murtilla y maqui, pero no han prendido los cultivos, porque no tenemos un desarrollo tecnológico que permita avanzar y tampoco un desarrollo de estrategias comerciales para introducirlos en el mercado.

Así como se respalda al pequeño productor a través de Indap… ¿qué podría hacer el Estado por el mediano?

Yo creo que todos necesitamos algún tipo de ayuda, de distinta forma, alguna será financiera, otra tecnológica o de otro tipo. Creo que agrupar los productores medianos pudiera dar un resultado, en el sentido de poder competir mejor con los grandes. El gran problema de Chile es la distribución de la riqueza. Gracias a Dios, todavía la tierra no se concentró en lo que respecta producción agrícola como está ocurriendo con las forestales. Hay que agrupar a los que están haciendo lo mismo. Los ejemplos como el de Colun en el sur, o las viñas de Capel en el norte, hicieron cooperativas, que es un tipo de organización productiva que permite contrarrestar a esta gente que tiene todo el poder económico en el país.

 

DIFERENCIACIÓN PRODUCTIVA DE ÑUBLE

¿Por dónde debe ir la diferenciación productiva de la Región de Ñuble?

Un buen ejemplo es lo que sucedió con las viñas del Valle del Itata. Hace 3 a 4 años andaban todos desesperados porque no valía la pena cosechar la uva. Hoy lo que están haciendo con esa uva y la tecnificación, ha cambiado el panorama. Ahora compiten con las viñas grandes. Les faltaba incorporación de tecnología y apoyo, para juntarlos a discutir sus problemas. Diferenciaron y potenciaron un producto único local. En arándanos donde Ñuble es la principal Región productiva del país, falta un trabajo de los productores para pararse mejor frente a la industria y valorar la calidad productiva.

Y en el tema productivo ¿cree que la huella va por la producción orgánica o la transgénica?

El mundo está virando a las cosas naturales. Se superó una etapa que iba en la lógica de la disponibilidad de alimentos. Hoy la gente que tiene poder adquisitivo está buscando consumir alimentos de calidad. En eso está el mundo hoy. Nosotros gracias al clima y las condiciones que tenemos, podemos producir alimentos sin aplicación de tantos químicos, que resulten inocuos para la salud. Yo creo que el sello de la Región de Ñuble va más por los orgánicos que los transgénicos. En mi caso, estoy transformándome en orgánico. Pero en esto hay una responsabilidad grande, hay que ser estrictos en el tema para que el país se valide como productor. Una persona que está comprando orgánicos algo confía en que se cumple un proceso y eso es un tema delicado, donde no caben las típicas cuchufletas. Pienso que la producción orgánica puede ser un sello de la Región de Ñuble.

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