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Entrevistas

FERTILIZANTES: LA FÓRMILA MÁGICA

La evolución de los fertilizantes a nivel mundial ha sido destacable. Hoy en día las mezclas químicas, las opciones de fertirrigación y la eficiencia del producto, son las cartas mágicas de la industria. En ese sentido, los productos líquidos llegaron para quedarse, principalmente de la mano de la tecnología del riego presurizado. Maximizar el rendimiento es la premisa y de paso devolver a la tierra gran parte de los nutrientes que el cultivo ha consumido en su ciclo de crecimiento.

Lo cierto es, que según un estudio de la FAO, el consumo mundial de fertilizantes, debería crecer de aquí al 2018 por encima de los 200,5 millones de toneladas, un 25% más que el registrado en el 2008. Esto implica un crecimiento anual de un 1,8% según el mismo informe sobre Tendencias y perspectivas mundiales de los fertilizantes para 2018.  Paralelamente, “la capacidad global de producción de fertilizantes, productos intermedios y materias primas seguirá aumentando”, según el estudio.

El uso mundial de nitrógeno – el elemento básico entre los fertilizantes-, se prevé que aumentará un 1,4% anual hasta 2018, en tanto, el uso de fosfato crecerá un 2,2% y un 2,6 % el de potasio. En comparación, se espera que la oferta de esos tres importantes elementos crezca a razón de un 3,7, un 2,7 y un 4,2 % anual, respectivamente, señala la FAO.

Hay investigaciones que señalan que cerca del 40% de la producción mundial de alimentos sería el resultado directo del uso de fertilizantes.

Hasta hace 40 años atrás la fertilización se enfocaba en dos grandes elementos: nitrógeno y fósforo. En los años 70 se introduce el potasio y el encalado. Ya en la década del 80 se incorpora el azufre, el magnesio y también el calcio como fertilizante (no como encalado).  Los microelementos como el zinc, boro, manganeso se suman masivamente en los 90, y así tenemos el nuevo milenio donde los productores hablan de mezclas de fertilizantes que pueden ser físicas y en casos más sofisticados mezclas químicas, todas solubles en versión líquida, polvos y en algunos casos granulares. Así grafica el Especialista en fertilidad y suelo y manejo nutricional de plantas de INIA, Juan Hirzel, quien además explica que es el productor quien va a decidir desde el punto de vista técnico- económico qué elementos son los que incluye en la mezcla, aunque es claro que la mezcla completa es la que les permitirá optar por mejores rendimientos.  

LÍQUIDO O SÓLIDO

Ahora las nuevas tecnologías en fertilizantes apuntan a homogeneizar la aplicación y una forma eficiente de lograrlo es por efecto de los productos líquidos aplicados a través de pivotes en cultivos extensivos. Este tipo de fertilizantes conllevan varias ventajas, señala Hirzel, primero no necesitan bodega, por lo tanto reducen la capacidad de almacenaje; segundo, no hay pérdida por robo, porque es un camión aljibe el que entrega el producto y lo deposita en un estanque instalado en el campo que provee la misma empresa de fertilizantes y, tercero, regula la tasa de inyección porque el estaque está asociado al sistema de riego y se programa de manera tal que pase la cantidad necesaria por hora o minuto.  “Se asegura la solubilidad porque el producto ya no depende de una reacción química en el agua de riego o preparación de la solución madre, lo cual permite lograr mejoras en rendimiento por homogeneidad de la aplicación, por la disponibilidad inmediata y porque puede reaccionar en forma casi instantánea para decidir qué fórmula aplicar una semana u otra dependiendo del requerimiento del cultivo”.

Iván Vidal, especialista en Nutrición Vegetal, Fertirrigación de Cultivos y frutales y Fertilidad de suelos, indica que en el futuro cercano ya no se hablará de kilos de fertilizantes por hectárea, sino que en términos de concentración de nutrientes que tenemos que mantener en el suelo, es decir, partes por millón o miliequivalentes por litro. En ese sentido, la fertirrigación permite sincronizar las demandas permanentes que tiene la planta, con la entrega parcializada de acuerdo a las etapas fenológicas del cultivo. De esta forma se reducen las mermas porque el elemento no queda expuesto a diferentes mecanismos de pérdida.

El ahorro en fertilizantes bajo este sistema es considerable. Iván Vidal afirma que en una fertilización tradicional la absorción del nitrógeno no supera el 50%, en tanto con el fertirriego puede llegar a un 85%.

Actualmente, existen 82.000 hectáreas bajo pivote en Chile, señala Vidal, de las cuales un porcentaje importante se encuentran en la Octava Región. En cultivos tradicionales el pivote es usado en remolacha, maíz, achicoria, semilleros, trigo y canola.

QUÍMICA VS FÍSICA

La tecnología ha avanzado de manera tal que hoy no solo están las mezclas de elementos, sino que cada grano contiene el porcentaje necesario de elementos que el suelo requiere. La mezcla física es como una bolsa de porotos con tallarines, vienen mezclados, pero sin ninguna reacción química entre ellos, en cambio en la mezcla química, los compuestos se asocian, señala Hirzel, y hay reacciones químicas que permiten que se forme un nuevo compuesto, es decir, en un solo grano están adheridas partículas de diferentes elementos.

La gracia de la mezcla química es que logran una mejor distribución, si la mezcla física la aplicas con un trompo abonador, éste expulsa el grano más grande lejos y el más pequeño cerca, entonces no hay homogeneidad en la distribución. Por otra parte, los microelementos que se emplean en baja dosis: 10 kilos por hectárea por ejemplo, cuando son aplicados con trompo hay muy baja  probabilidad que cada metro cuadrado reciba la cantidad que necesita, observando posteriormente la aparición de moteados de expresión vegetativa (manchones dentro del campo) donde muestra deficiencia o exceso de algún nutriente.

No obstante, el valor de una mezcla química puede ser, en términos generales, hasta un 25% mayor que la mezcla física.  Por otra parte, “este mayor valor no necesariamente va a asociado a un aumento de la producción, dado que, muchas veces puede estar mal diagnosticada la carencia de elementos a nivel de campo, o mal dosificada la fórmula”, indica Juan.

No da lo mismo cualquier mezcla porque la uniformidad del grano es clave, una mezcla puede tener la misma concentración de nutrientes, advierte Iván, pero mezclado en granos de diferentes tamaños y pesos que generan segregación y, en consecuencia,  se afecta mucho la uniformidad de la aplicación.

70% DE LOS SUELOS BAJOS EN ZINC

Los micronutrientes para las plantas, tienen la misma importancia que los macroelementos. Hasta hace pocos años, las deficiencias de los microelementos eran escasas, la razón, explica Iván Vidal, se debe seguramente a los altos potenciales de rendimiento de los cultivos actuales, gracias al aporte de la genética y biotecnología. Así, los mayores rendimientos implican, mayores necesidades y mayor extracción desde el suelo. Eso va  generando agotamientos de esos microelementos,  especialmente del zinc y el boro en nuestra región.

Desde los años 90 en adelante a nivel nacional y también mundial comienzan a incorporarse los microelementos a las mezclas y con la cantidad de información que maneja INIA debido al cúmulos de muestras de suelo que se han procesado a la fecha se puede afirmar, dice Juan Hirzel, que desde la zona central hacia el sur, el 70% de las situaciones tiene deficiencia de zinc y también de boro y 50% de probabilidad que esa deficiencia sea severa. A un 20% de las situaciones les falta manganeso que son principalmente los suelos arenosos, o recientemente encalados.

“Entonces, para aquellas situaciones en las cuales no haya análisis de suelo se puede asegurar la necesidad de aplicar zinc y boro y para suelos arenosos incorporar la aplicación de manganeso. En el caso de la zona norte de Chile, el problema será la falta de hierro y zinc, que para aquellos suelos es mucho más eficiente su aplicación vía foliar”, indica Hirzel.

Por otra parte, dice el especialista de INIA “sabemos qué especies son dependientes de microelementos y cuáles no, tenemos por ejemplo el trigo candeal que es un cultivo al cual le cuesta extraer el zinc y, en algunos casos, el manganeso”. También en la rotación de cultivos es normal que haya encalado dentro del ciclo y que el cultivo posterior pueda presentar deficiencias de zinc o manganeso, dependiendo de su susceptibilidad a bajos niveles de estos nutrientes como es el caso del trigo candeal y de algunos trigos de pan. Por otra parte, la disponibilidad de zinc y de manganeso está asociado a la pluviometría, esto es: mientras más agua de lluvia entre al suelo, mayor será la disponibilidad de zinc y manganeso, al contrario, si el año ha sido seco, aumenta la probabilidad de que se presenten deficiencias de zinc y en algunos casos también de manganeso, en cuyos casos la mezcla de fertilizantes debe contemplar este o estos nutrientes según el tipo de suelo.

El zinc sirve para crecimiento de raíces y de ápices vegetativos, además algunos procesos de diferenciación de los tejidos son mediados por el zinc; todos los puntos de crecimiento de la planta tienen alta actividad de zinc, porque este nutriente permite la síntesis de una de las principales hormonas de crecimiento que son las auxinas.

El boro en tanto, ayuda a la diferenciación del sistema vascular, funcionalidad de las raíces y del tejido vascular, que son las cañerías que conducen agua desde las raíces hacia los tejidos aéreos. Además, la floración y cuaja dependen del boro, por eso explica Hirzel, cuando hay primavera fría, que es el común denominador del último tiempo, se sugiere al productor la aplicación de boro foliar durante la floración, dado que el boro de reserva no se entrega adecuadamente debido a la menor actividad de la planta en condiciones frías.

El manganeso, por su parte, participa en reacciones enzimáticas dentro de la planta cuando presenta deficiencia genera clorosis en los tejidos nuevos, indica Vidal.

Todos los fertilizantes acidifican

En estricto rigor todos los fertilizantes acidifican el suelo, porque el fertilizante estimula el crecimiento de la planta y eso aumenta la fotosíntesis, durante ese proceso se envía carbohidratos a la raíz y la raíz va a exudar parte de estos carbohidratos que tienen una reacción ácida señala, Juan Hirzel.  A su vez, una planta fertilizada crece mucho más que otra no fertilizada, y este mayor crecimiento genera extracción de nutrientes, dentro de ellos muchos cationes de reacción básica como calcio, magnesio y potasio, lo cual genera acidificación fisiológica (se reduce el pH del suelo en la zona de crecimiento de raíces).  “Lo que pasa es que los productores hacen diferencia entre los fertilizantes en términos generales, dentro de los cuales, los nitrogenados en base a urea o amonio acidifican más que el resto de los fertilizantes”. Al respecto, para controlar el proceso de acidificación que es paulatino en el tiempo y en las zonas con mayor pluviometría, se utiliza el encalado. El carbonato de calcio o de calcio y magnesio genera un pH entre 8 y 10, entonces si nosotros agregamos carbonato al suelo, ya sea anualmente o con cierta periodicidad a través del tiempo, estamos corrigiendo la acidez generada con los ciclos del cultivo,  y manteniendo o subiendo el pH. Juan Hirzel sugiere que se encale como práctica rutinaria cada cuatro años, con una cantidad de 1.500 a  3.000 kilos por hectárea de carbonatos de calcio o de calcio y magnesio, según los cultivos que estuvieron o estarán presentes en el ciclo, lo cual permite neutralizar la acidificación que se produce tanto por el lavado de bases con la pluviometría del periodo, por la extracción del cultivo, y por el uso de fertilizantes nitrogenados.

Todos los fertilizantes que aportan amonio, agrega Iván Vidal, tienen efecto acidificante, pero es mucho más barato para un cultivo anual neutralizar ese efecto con cal.

Cuándo y cuánto

Las plantas tienen una curva de extracción de nutrientes de acuerdo a su fenología, explica el experto en fertirrigación, y así como consumen agua en forma permanente, también consumen nutrientes. Por ejemplo, en el maíz, los primeros estados de desarrollo hasta la décima hoja hay una extracción reducida de nutrientes, y los productores que realizan fertilización convencional deben aplicar toda la fertilización previo a esa etapa, puesto que posteriormente ya no se puede entrar al cultivo. En consecuencia, todo el fertilizante aplicado queda por un tiempo prolongado expuesto a pérdidas importantes.  Cuando se dispone de riego presurizado, como pivote, los fertilizantes deberían ser aplicados por fertirrigación, sincronizando la demanda del cultivo con el aporte de nutrientes en el riego.  Con ello se incrementa la eficiencia de uso de los fertilizantes, se reducen las pérdidas, se ahorra en fertilizantes y mano de obra y, se traduce normalmente en mayores rendimientos y rentabilidad.

En frutales como el arándano, el aporte de fertilizantes se debe realizar de acuerdo a lo que  se desea conseguir en la planta y según su etapa fenológica, señala Iván Vidal. En los primeros estados de desarrollo uno exige crecimiento, donde el aporte de nitrógeno es relevante, pero después de la cuaja y previo a cosecha este elemento en alta dosis puede incidir negativamente en la calidad de la fruta. En consecuencia, en esta etapa se reducen los aportes de nitrógeno y se fortalecen las dosis de fósforo, potasio y boro, que son elementos que promueven la traslocación de azúcares a la fruta, mejorando su calidad. Después de cosecha, se desea acumular reservas y nuevamente adquiere relevancia el nitrógeno.

César Guíñez, agricultor de Pemuco: hay que sembrar sobre bases sólidas

César Guíñez, agrónomo y agricultor de Pemuco está dedicado hace 19 años a los cultivos tradicionales: trigo, maíz, raps y este año volvió a la remolacha luego de un receso largo.

Le apasiona la agricultura, cultiva con y sin riego. Siembra cerca de 1.800 hectáreas, 600 bajo riego por pivote, el resto es secano, pero ha alcanzado rendimientos excelentes en esas condiciones y está seguro que gran parte de ese logro se debe a la fertilización.

De las 600 hectáreas bajo riego 200 están destinadas a remolacha, 200 de trigo panadero y 200 a maíz. El resto, que son de secano, la mitad va trigo y el resto con raps y avena. Bajo riego los rendimientos del trigo han sido en torno a los 110 – 120 qq por ha., pero piensa que pueden alcanzar mucho más.

Está convencido que la fertilización es la mejor inversión que se puede hacer. Fertiliza en forma convencional, es decir, sin fertirriego. Para sacar buenos rendimientos sin elevar los costos, lo primero es hacer un análisis de suelo, y ojo que no es necesario que sea anual, puede ser incluso cada 3 años. Lo primero que hace es regular el pH con cal. Si el pH es de 5.5 o menor generalmente está asociado a una saturación de aluminio, es, decir si el pH es bajo siempre hay aluminio alto, y si el porcentaje de aluminio es sobre el 5% hay que bajarlo a menos de 4% para sembrar el trigo, porque con exceso de este elemento las raíces no crecen. Entonces previo a la siembra es necesario construir las bases de este edificio que sostendrá el cultivo para que dé buenos rendimientos.

Estos cimientos están compuestos por un pH bajo, bajar el aluminio a menos de 4% y una suma de base lo más cercana a 10, la suma de base implica: calcio, magnesio, potasio y sodio donde el calcio debe estar entre 60 y 80%; el magnesio entre un 10-20%, potasio 2-6% y el sodio entre un 0-3%.  Si uno no arma esta base sólida, no saca nada con aplicar todas las mezclas que te recomienden, señala César.

Es el aluminio el que retiene el fósforo, sobre todo en los suelos trumaos como es el caso de sus tierras. “Yo llevo 18 años solucionando el tema del fósforo, que en general está en concentración baja (5 partes por millón), pero para producir trigo, tienes que tener mínimo entre 10 y 15 partes por millón”, indica.

Entonces, hace cuatro años, César dejó de ocupar mezclas, por un tema económico, porque al fin de cuentas lo que necesita para sembrar es fósforo y nitrógeno, siempre y cuando tenga corregido todo lo anterior. Aplica un fosfato de amónico con 10 a 11% nitrógeno y 50 a 52% de fósforo. Sólo en aquellos casos que necesita potasio, aplica este nutriente.

Además, hay un tema logístico no menor: como siembra 50 hectáreas diarias, si aplicara mezcla, tendría que andar con mucha mezcla a costa y sería poco eficiente. “Yo siembro con fosfato monoamónico, 280 unidades kilos que es súper poco por hectárea, con eso estoy incorporando 140 unidades de fósforo, no aplico potasio y saco 120 quintales por hectárea”.

En resumen, mi consejo es: mejorar tu columna en pH, si estás en 6, estás bien, mejorar la saturación de aluminio, bajaste tu aluminio, estás bien. El potasio tienes que irlo mejorando e invertir en ello, también ir subiendo el nivel de fósforo, hay que tratar de estar en 20 partes por millón, así nunca más tendrás que aplicar fósforo.

Para el caso del maíz, César ocupa un starter, con eso apura el crecimiento en un comienzo y llega con el maíz más seco a la cosecha. 

¿Qué importancia le das a los microlementos?

Mucha, cuando subes el pH desde 5.5 a a 6.0, los micro elementos como el boro y el zinc no quedan disponibles, al armar este edificio, tiene un pequeño problema de fácil corrección, puedes pedir las semillas desinfectadas con zinc o pedir el monoamónico impregnado con zinc y el boro se puede aplicar con un producto foliar, pero el zinc es más importante porque estimula el desarrollo radicular. Cada vez que encales debes aplicar zinc así de simple.

¿Cuál es la labor de fertilización que más te gusta?

Hay una que es bien ingrata: el encalado, pero me gusta porque sé que en ese campo ya estoy seguro, sé que voy a cosechar, es como tomar un seguro, lo único que puede patear, es una helada. Que ya es algo muy extraño.

Patricio Vidal, Fundo Santa Ana de Huingán

En el fundo Santa Ana de Huingán de Los Angeles, se dedican a la lechería y engorda, cultivan maíz, alfalfa y ballicas invernales exclusivamente para la alimentación de animales, mal que mal engordan 1.500 animales con una proyección de alcanzar los 2.500.

Utilizan ambos sistemas de fertilización: convencional y fertirriego. La ventaja de este último sistema es que aprovechan los pivotes y no hay que ocupar mano de obra ni maquinaria, señala Patricio Vidal, administrador del fundo. Pero el principal efecto radica en los rendimientos que han mejorado en un 30% bajo este sistema, de muestra este año sacaron 25 mil kilos por hectárea de maíz grano húmedo bajo el riego presurizado y 18 mil kilos con riego tendido y fertilización tradicional. Actualmente riegan 120 hectáreas bajo pivote y este año pretenden alcanzar las 150.

Hace dos temporadas comenzaron a usar fertilizantes líquidos que ocupan también en forma convencional, es decir, sin pivote.

Las alfalfas también se fertirriegan y han obtenido dos cortes más que con el sistema tradicional.

En cuanto al maíz hace más de una década ocupan semillas Tuniche y fertilizantes hace dos temporadas con tecnología de punta con la asesoría de una distribuidora de productos agrícolas y algunos elementos que van al inicio de la siembra por ejemplo los starter.  “El año pasado lo aplicamos al 100% de la superficie sembrada con maíz y los resultados han sido claramente mejor”, señala.

¿Utilizan algunos microelementos?

Boro y zinc, este último viene incorporado en las semillas y la diferencia es notoria en el crecimiento.

Lo que sí están aplicando es fertiyeso y han mejorando mucho las condiciones de los potreros señala Patricio, “nosotros antes encalabamos con 2.000 kilos y nunca notábamos la diferencia”.

En cuanto a la fertilización foliar, aún no está convencido, al menos no ha notado una diferencia significativa.

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