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Entrevistas

HUGO ÁLAMOS VÁSQUEZ, HACIENDA EL ROBLE: ASOCIARSE FUE LA MEJOR OPCIÓN PARA CRECER

Don Hugo ha sabido dar paso a la modernidad en el campo en pos del progreso y el desarrollo, pero respetando siempre la naturaleza que lo vio crecer.

Hablar de la Hacienda El Roble sin contar la historia que hay detrás de ella, de la vida de Hugo Álamos y de las cinco generaciones anteriores a él que trabajaron este campo, sería perder una preciosa oportunidad de describir parte de la historia de Ñuble.

Sin duda, hoy la marca de quesos El Roble es reconocida a nivel nacional, y gran parte de este mérito se debe a don Hugo Álamos Vásquez, aunque a él le gusta reconocer que su sobrino Jorge, ha sido un tremendo aporte en el crecimiento de la empresa. Pero las generaciones anteriores no hicieron poco. Al contrario, sus abuelos, Víctor Álamos y Rosa Ojeda comenzaron a fabricar quesos  por allá por el año 1930, cuando decidieron enviar a su hijo Alfredo a recorrer Europa y Estados Unidos para traer ideas con el fin de desarrollar una quesería en la Hacienda. Y lo lograron. Tanto así, que fueron los primeros de Chile en exportar queso y con destino a Perú. Hugo recuerda haber visto, cuando pequeño, carretas con bueyes cargadas de piezas redondas de quesos que salían del campo hacia la estación de Bulnes y desde ahí al puerto de Valparaíso para ser exportadas. Gente visionaria… sin duda alguna.

Esa misma visión tiene don Hugo que ha sabido además dar paso a la modernidad en el campo en pos del progreso y el desarrollo, pero respetando siempre la naturaleza que lo vio crecer, de modo que sus nietos y las futuras generaciones puedan también disfrutar de los árboles nativos que él observaba cuando recorría a caballo la Hacienda desde joven. Por eso se han propuesto proteger al máximo los árboles nativos y cuando ya no hay otra alternativa de diseño para el pivote, se reemplazan plantando al menos un par de ejemplares más.

Es un hombre culto y entretenido, habla de los Realistas y los Patriotas mientras recorre el campo que lo ha visto vivir durante 85 años. Habla de personajes históricos de Ñuble como si los hubiera conocido. No los conoció, pero sí heredó de ellos la Hacienda El Roble,  que en las cercanías se desarrolló una de las batallas más emblemáticas de la Patria Vieja, donde los Patriotas al mando de José Miguel Carrera se enfrentaron al realista Clemente Lantaño, quien posa en una gran estatua a la entrada del fundo. Fue su tatarabuelo y el primer antepasado de Hugo Álamos propietario de la Hacienda.

La historia es bien curiosa cuenta don Hugo. Don Clemente Lantaño, de familia chillaneja, se casó en el año 1805 con doña Juana Pedro Bueno. Bendijo la ceremonia  un sacerdote llamado Juan de Dios Bulnes Quevedo, tío de doña Juana, realista empedernido, que en el año 1817 fue cura de la Parroquia de la Villa de la Santa Cruz (hoy Bulnes). El era propietario entre otros fundos, de la Hacienda El Roble de 1.963  hectáreas, las cuales dona a sus sobrinas Doña Juana y Hismenia. Doña Juana trabajó el fundo porque su marido se dedicó a la guerra y luego a la diplomacia en la pacificación de La Araucanía.

Una de las dos hijas del matrimonio, doña Carmen Lantaño se casó con Nicolás Álamos, y de ahí comenzó el apellido Álamos en El Roble.  Su hijo Víctor Álamos Lantaño, abuelo de  don Hugo, junto a su señora Rosa Ojeda fueron sin duda unos  visionarios y proyectaron la lechería para producir quesos. Enviaron a su hijo mayor Alfredo, por un año, a conocer y estudiar lechería y sus subproductos a Estados Unidos y Europa. Luego que su hijo llegara con las ideas que observó en el extranjero, se embarcaron con el proyecto. Fueron los primeros en comenzar a comprar leche en la zona sur, y así crecieron con una planta de quesos en Chillán en la Av. Brasil esquina Bulnes, a la que después se sumó Retiro, Allipén y El Roble, donde producían queso reggianito que lo dejaban madurar un poco y los enviaban a terminar el proceso a las bodegas del fundo.  Hoy quesos El Roble produce queso chanco, queso crema, quesillo, ahumado y de cabra y se comercializan en las principales cadenas de supermercados del país.

OPTIMISMO INNATO

Don Hugo se educó en Santiago y estudió Agronomía en la Universidad Católica. No se tituló. Llegó a cuarto año y reprobó el curso de suelos.  Tenía que dar la repetición del examen a finales del verano y a esas alturas ya quería casarse con quien lleva más de 62 años juntos: Isidora Valverde León con quien tiene dos hijas.

Es un hombre optimista y esa misma filosofía de vida es la que le ha permitido mantenerse con una lechería exitosa en tiempos donde en Ñuble el rubro va definitivamente en retirada. Y no solo se ha mantenido, sino que además ha crecido gracias a una asociación con la familia Larraín Riesco donde sumaron capacidad para comercializar cada uno con su marca, El Roble y Los Tilos respectivamente.

Esa aptitud optimista también le permite ver su vida como si viviera en vacaciones, como el mismo dice, porque definitivamente trabajar y entretenerse a la vez es un lujo que pocas personas se pueden dar, señala.  Le gusta su tierra y la observa, tanto, que decidió construirse en un sector estratégico del campo, un altillo, con un living  y terraza que le permite tener una vista de 360 grados del fundo donde “los pocos días que hay completamente despejados puedo ver desde el Volcán Nevado de Longaví  en la Región del Maule por el norte, hasta el Callaqui  por el sur”, eso es otro de los privilegios que le da El Roble.

Es aquí, en este espacio donde puede leer con calma los poemas que tanto le gustan como “Cerraron su Ojos” de Gustavo Adolfo Bécquer, “Los Motivos del Lobo” de Rubén Darío, “La Nacencia” de Luis Chamizo o la novela filosófica infantil “El Principito” en una preciosa edición de lujo.  “Es un libro que estoy leyendo siempre, lo dejo de leer tres años, lo retomo y lo vuelvo a gozar”.

En el lugar también hay fotografías familiares que muestran otra de las aficiones de don Hugo Álamos: viajar. Ha tenido la suerte de recorrer muchos países del mundo, ha volado en globo aerostático sobre las tribus de los Masai en Kenia, ha observado la preciosura de los cultivos de arroz en Indonesia y en Bali, el año pasado recorrió Irán, por mencionar algunos destinos. Estuvo en Nueva Zelanda viendo los avances en empastadas en ese país, y de ahí trajo algunas técnicas que le permitieron mejorar las praderas, aprender sobre talajeo, abono, entre otras áreas.

Sus viajes le han permitido observar cómo está la agricultura chilena respecto al resto del mundo, y reconoce que estamos bien, que nuestros agricultores tienen capacidad y eficiencia en los cultivos. Y que en Ñuble no tenemos nada que envidiar, la remolacha es un gran ejemplo de ello, comenta.

PRODUCIR PARA LA LECHERÍA

De las 1.963 hectáreas que tenía la Hacienda El Roble, en tiempos de la CORA fueron expropiadas 1.600. “daba una pena ver cómo no trabajaban esas tierras y solo cortaban árboles para vender leña”, afirma. “Me dejaron un poco más de 200 hectáreas, tuve que rematar animales, porque no podía criarlos.  Debo haber tenido 800 vacunos, Con el tiempo fuimos recuperando algunas hectáreas y concentrar toda la producción del campo para la lechería”.

Los cultivos principales son empastadas y maíz, el año pasado sembraron 320 hectáreas de híbridos. Tienen otro campo en las cercanías de la laguna Santa Elena con 270 hectáreas que también produce para la lechería. Además hace un par de años volvieron al cultivo de la remolacha y, por cierto, a la multiplicación de semillas a través de la empresa Curimapu.

Una zona de El Roble estaba plantada con bosques de pino que ya se cosecharon y ahora están siendo reemplazados por  40 hectáreas de nogales que esperan aumentar en otras 17 este año. Ese será el único frutal en la Hacienda, porque tuvieron kiwis que están arrancando producto de la PSA. “La ventaja de los nogales es que es un negocio más o menos estable y puedes mecanizarlo que es lo más atractivo”, comenta Jorge Álamos quien está a cargo de la administración de El Roble.

LA ASOCIATIVIDAD

¿Cómo se logra mantener una lechería en estos tiempos y más encima que sea productiva?

Primero haciéndose socio de unos hombres extraordinarios. Yo nunca había sido amigo de sociedades, pero tuve la suerte de conocer a los hermanos Manuel y Germán  Larraín Riesco y comenzamos a ver la posibilidad de trabajar en conjunto. Fue una época en la que no estaban fácil las cosas para ninguna quesería. Yo tenía una quesería muy chica en construcciones, y para crecer había que ampliar la infraestructura. No era una opción pedir plata al banco, mi filosofía es que si no tengo la plata en el bolsillo, no lo hago, esa ha sido mi política siempre. Entonces nos asociamos y ha sido fantástico.

Usted participó en hartas cooperativas, ¿hoy se puede replicar ese sistema?

No, ni en ese entonces era un buen modelo. Las cooperativas que tuvieron éxito se debió a que  aprovechaban las ventajas legales y un buen apoyo estatal, pero eso fue financiar cooperativas que no tenían  seguras  posibilidades de éxito.

Usted ha participado harto en el servicio público

Así es, fui regidor, alcalde, concejal, diputado. 125 votos mi primera elección donde hice campaña a caballo. Pero no tengo paciencia para la política la verdad, cuando la gente reclama que los parlamentarios no asisten a escuchar las sesiones, bueno es porque uno está haciendo cosas más productivas que escuchar el discurso de un cristiano que  uno sabe qué va a decir y cómo va a votar.

¿Pero le gustaba la política?

No, entré porque estábamos en tiempos de la UP y la cosa estaba complicada.

¿Cómo cautivamos a la gente para mantenerla en el campo?

Uno lee en la prensa como un tema muy negativo la migración del campo al pueblo o la  ciudad, pero en la práctica, en el mundo entero, mientras menos gente viva en el campo, quiere decir que la agricultura está mejor. Es un buen síntoma la migración, es un mal síntoma que haya alrededor de un 30% de ruralidad por ejemplo. Si cada vez es más mecanizado el campo, en Europa es así. Cuando los países progresan económica y socialmente, la redes viales mejoran, los centro de las ciudades se vuelven hostiles, la gente vuelve a vivir a la ruralidad sin que necesariamente se dedique a la agricultura, pero si a disfrutar de la calidad de vida que entrega el campo. La agricultura de hoy requiere que los rendimientos de todos los cultivos deben mejorar siempre para poder competir en precios, ello hace necesario mecanizar los campos lo que trae un menor uso de mano de obra y que sólo se tienda ocupar mano de obra calificada y los cultivos de los huertos  se hacen normalmente con trabajadores que viven en el campo, si no en pequeños pueblos y villorrios cercanos.

Por el momento Hugo Álamos está abocado a escribir las memorias de la Hacienda El Roble. No le costará nada, maneja muy bien la información de sus tierras. En ellas quiere descansar. Tiene listo el lugar donde quiere dejar sus restos con su esposa Isidora, el mismo lugar que construyó para dejar las cenizas de sus padres, en el centro de la Hacienda El Roble.

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