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Entrevistas

Hereford, una raza rústica adaptada al secano interior

Un buen material genético y un conocimiento acabado de los costos  y rentabilidad del negocio son dos de las bases de un negocio ganadero exitoso y sustentable en el tiempo. Así puede concluirse de la experiencia de Arturo Vega, veterinario y responsable del criadero Don Claudio dedicado a la crianza de ganado Hereford en el secano interior, comuna de Ninhue.

El criadero es una empresa familiar, desarrollada por los hermanos Claudio y Arturo Vega Donoso y su madre, Toty. Con el tiempo, las responsabilidades del manejo y del programa de mejoramiento fueron asumidas completamente por Arturo Vega, médico veterinario, titulado en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Concepción.

El rebaño de cría comenzó su desarrollo como plantel genético en el año 1989. En esa fecha, se comenzó un cruzamiento absorbente con la raza Polled Hereford generando un plantel puro por cruza y puro por pedigree, con registro en la Sociedad de Fomento Agrícola, SOFO, de Temuco.

“Nosotros éramos crianceros, entonces en un afán de incrementar los ingresos fui a INIA a buscar todos los libros de ganadería disponibles; los leí todos y descubrí que con el material genético de ese entonces, estábamos muy cerca producir a un muy buen nivel. Hicimos la prueba  el primer año y dejamos a los animales más livianos. El año siguiente dejamos a los animales más pesados y al tercer año armamos el ciclo con praderas de trébol rosado y ballica donde se engordan los novillos, esto último en 30 hectáreas en Buchupureo”, recuerda Vega.

Hoy, el sistema está consolidado y se trabaja en un sistema productivo eficiente al máximo, donde todo se aprovecha, incluso la cama caliente de los establos, que va quedando con purines, paja y tierra. Esta se retira y se va distribuyendo en los distintos potreros, ayudando a la fertilización de un terreno que es de naturaleza gredosa.

LA ENGORDA

Actualmente  en pleno desarrollo, el criadero tiene un proceso ordenado que apunta al mejor aprovechamiento de los recursos disponibles, fundamentalmente las praderas. “Las vacas logran su condición corporal en base a pastura seca o verde, dependiendo del momento.  Las vacas se pastorean en los distintos potreros y se toman varias medidas para mantener las pasturas. Por ejemplo, -indicó Vega-, evitando el sobretalaje para que las praderas puedan expresar todo su potencial.  A partir de los 7 meses, se seleccionan las terneras que van a pasar a ser vientres para entrar al sistema de estabulado. Además, se rota a los animales de potrero una vez consumen la altura de un puño de pasto. “Nosotros hemos llegado a tener 0,7 unidad animal por hectárea, pero actualmente estamos en 0,4. El promedio para el secano es de 0, 15 unidad animal por ha”.

Desde los 7 meses y seleccionadas desde 230 kilos hacia arriba, las terneras entran a galpón con una suplementación mínima de fardo que se da entre dos meses a dos meses y medio, con la adición de 1 kg. de pellets de Cosetán más agua a discresión; durante el día salen a potrero; a los 13 meses  están con 340 kilos promedio. De aquí se obtienen vaquillas que van a parir con una buena condición corporal, entre los 22 y 24 meses.

El manejo de las pariciones a través de la inseminación artificial, además de permitir aprovechar en forma eficiente la disponibilidad de la pradera, es una estrategia “que permite concentrar los partos y tener disponibilidad de machos de un tamaño homogéneo para la venta en feria y en el caso de las terneras, nos permite tener un grupo donde es posible seleccionar mejor todavía las características que buscamos”, indica Vega.

LA GENÉTICA

Desde su instalación como criadero, en Don Claudio se ha utilizado intensivamente genética norteamericana, canadiense, australiana y neozelandesa, mediante inseminación artificial. El énfasis selectivo ha estado concentrado en la creación de una masa con alta rusticidad, adaptabilidad y valor maternal, junto con un desarrollo muscular apropiado para el mercado actual de la industria de la carne.

Los toretes que son puestos a la venta se seleccionan sobre la base de su tasa de peso al destete (que se produce a los 7 meses) y al año y su alimentación se basa exclusivamente en lactancia y pradera. Entre los 9 y 10 meses se encierran solo durante la noche para recibir 1 kilo de afrecho y heno, por un período de dos meses. A partir del año de edad, su alimentación es exclusivamente la pradera. Esto, asegura la producción de toretes integrales, que transmitirán un alto valor genético para la producción de carne y mejorarán la sustentabilidad de los rebaños en los cuales se utilicen.

Las hembras se seleccionan en primera instancia por el peso. Se corta en enero y el pesaje de selección es de 230 kilos hacia arriba. Toda hembra hacia abajo se vende. Las que quedan sobre el peso se siguen evaluando periódicamente, pesándose una vez al mes  y atendiendo a que mantengan las características fenotípicas femeninas de la raza. “Si hay una vaquilla que parece buey, se va, si hay un toro que parece buey, se va también. En la parte reproductiva, se opera de la misma forma. La vaquilla que no quedó preñada se va a la feria, pero no se vende a un particular, porque no se trata de traspasarle el problema a otro y además me hago mala fama. El negocio es que cuando me vengan a comprar vaquillas, vuelvan”, comenta Vega. Los vientres del rebaño, son seleccionados entonces mediante los parámetros de fertilidad, mediante la eliminación rigurosa de las vacas secas tras cada temporada de monta y adaptación de los vientres, priorizando la reproducción de las vacas que paren en el primer tercio de la temporada y eficiencia de producción, mediante el cálculo de la tasa de destete anual. Para la elección de los toros de inseminación se seleccionan las características de peso al nacimiento, peso al destete, peso al año, producción lechera y marmoleo.

El manejo sanitario opera de acuerdo a calendario y se vacuna a las vacas contra clostridium; a las vaquillas contra IBR y leptospirosis, además del control de la mosca del cuerno. “Las vaquillas se desparasitan cuando se destetan, entre abril y mayo; después no se desparasitan nunca más”, comentó Vega, agregando que se realizan muestras de fecas con resultado de 0 parásitos. “Uno se tiene que adaptar a su sistema agroclimático, y si este sistema permite que las vacas lleguen a un buen estado corporal sin desparasitar  nuevamente, entonces, ¿para que voy a gastar de más en desparasitar?”

¿POR QUÉ HEREFORD?

Con estos resultados, Vega es contundente en su apreciación. La raza Hereford se adapta perfectamente al secano interior y en Ninhue, prospera sin problemas. “¿Por qué Hereford? En mi opinión el Hereford es una raza muy rústica, entendiendo la rusticidad como poder producir muchos kilos de carne, con poco. La Hereford, además, es una raza muy  adaptable. Hacemos hibridaje sobre Angus negro, Angus rojo, Piamontes y Simmental. Este año estamos haciendo hibridaje en Angus rojo y Simmental y proyectamos hibridaje con Charolais”,  indica el productor. “Esta es una raza que puede mostrar todo su potencial en las condiciones del secano. He tenido toros Angus rojo y Angus negro y en el verano, cuando todo está seco, a los toros Angus se les ve la costilla, a diferencia del Hereford”.

La preferencia tiene también el componente económico. Esta es una raza productiva, de altos rendimientos. “Actualmente, sacamos novillo de balance con 450 kilos en 15 meses. Los trabajadores también tienen sus vaquillas y sus terneros se entregan y venden a los 6/7 meses con un  promedio de 350 a 400 kilos. Esos terneros híbridos los estoy buscando con una raza terminal para hacer un  ingreso en enero. A los terneros machos de los trabajadores, que salen de 350 a 400 kilos, si les pongo una raza terminal que tenga de 400 a 430 kilos, genera un ingreso adicional  proveniente de esos híbridos en enero, porque no van a quedar para engorda. Los que van a quedar para engorda son los Hereford”.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas. Para Vega, el gran problema en la comercialización de esta raza, es el desconocimiento existente, que tiene que ver con su ingreso a Chile en los años 60, proveniente de Argentina y Uruguay. “La raza entró a Chile con mucha desinformación. En esa época, se tenía que faenar a los 420 kilos y por desconocimiento, los productores los engordaron hasta los 550 y ese peso,  tenían una enorme capa de grasa. Se les achaca el cuero grueso, pero genéticamente se ha corregido al día de hoy. Esta es una raza muy buena, adaptable, que logra una condición corporal fuerte en base a pradera en el campo. En Ninhue, la vaca lo logra sobradamente. Son buenas madres, muy dóciles, que cuando hay jaurías de perros se aglutinan en grupo, protegen muy bien a sus crías, tienen buenos rendimientos de los terneros. La Hereford es reconocida por su condición para prosperar y reproducirse bajo condiciones desfavorables”.

En este marco, es fácil entender que se dé una tendencia al alza en la rentabilidad de este ganado. En este ítem,  Vega indica sin embargo que hay una falencia en los productores locales, respecto de buscar rentabilidad, pero basados en los precios de feria y sin contemplar el proceso productivo en su conjunto. “Tengo que saber cuánto me cuesta producir para evaluar la viabilidad de un negocio, pero muchas veces el productor no lleva registros”, comenta Vega. “Los agricultores siempre andamos pensando si nuestro negocio es rentable o no es rentable, porque además competimos con los arándanos, los espárragos… Hace unos años, el veterinario y asesor Rodrigo Prado entregó acá una fórmula de rentabilidad, proveniente de los productores norteamericanos, que relaciona kilos de peso vendidos durante el año multiplicado por la diferencia entre el precio de venta y el precio de costo. Nosotros empezamos a juntar los datos y vimos que si a nuestra rentabilidad le ponemos tendencia, la tendencia es al alza, detectamos que estamos bien, en el camino correcto. Otra forma de medir es analizando la rentabilidad por vaca, que es un valor que también está en alza. Aquí se trata de ingresar cada ítem para determinar el costo de producir un kilo de carne…  Si yo analizo los costos de producción y los precios, veo que con esos datos, hoy la rentabilidad va en aumento. Pero donde queda la crema para analizar la rentabilidad es  cuando se mezclan datos que no tienen que ver con el negocio. Es un ejemplo burdo, pero es fácil de entender. Si el productor tiene un ritmo de gastos en su vida privada que excede lo normal, esos son gastos que no tienen que ver con ganadería. El agricultor puede decir que el negocio no es rentable, pero eso no es así, la tendencia muestra que este es un buen negocio. Lo que pasa es que los otros gastos inciden en la ganancia final, pero eso no es culpa de las vacas”.

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