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Entrevistas

Opciones de cultivo en nuestra provincia: Hortalizas In & Outdoor

“Parece ser un cultivo fácil, el problema está en la comercialización donde hay dos grandes alternativas: la feria con su informalidad en precios y trato y los supermercados  que son un buen comprador, pero se requiere de grandes volúmenes e inversión”.

 

Es casi un sueño idílico: vivir en el campo, producir sus verduras y que sus niños se alimenten de su huerta. Seguro es lo que todos pensamos en algún momento. Y es que no hay nada más bonito que ver crecer y de una manera tan rápida las hortalizas que uno planta y que generan un alimento en sí, sin necesidad de la agroindustria de por medio. Ahora el sueño se hace más sublime si eso podemos llevarlo a escalas superiores y con rentabilidades que nos pueden asombrar.

En Ñuble existen las condiciones óptimas para cultivar cualquier tipo de hortaliza afirma la ingeniero agrónomo y MS en Horticultura, María Inés González, tenemos clima y suelo y si a eso le sumamos el efecto del cambio climático que nos entrega otoños menos fríos y lluviosos y un futuro embalse Punilla, nuestras bajas cifras de siembra se pueden revertir sin ningún problema.

Si a nivel nacional se siembran casi 64.000 hectáreas de hortalizas, en la Región del Maule bordean las 9.000, en tanto Bíobío tiene 3.554 hectáreas y de esas, un tercio son espárragos. Nuestra provincia es la más importante de la región, sin embargo, las cifras muestran una baja de la superficie plantada desde el último enso el año 2007 a las estimaciones que hace ODEPA para el año 2015. La baja, piensa María Inés, se debe a la falta de agroindustria del congelado, antes había más empresas que hacían contrato con los agricultores para estos cultivos.
Si el espárrago lleva el primer lugar, le sigue las 523 hectáreas de zanahoria y en tercer lugar el choclo. Pese a que estos dos últimos han mostrado una baja considerable igual que las arvejas que disminuyeron de 700 a 260 hectáreas.

Ventajas de estos cultivos: son rápidos y muy rentables (ver recuadro). El margen neto del tomate puede llegar a los 4 millones por hectárea y el de la zanahoria 2.442.685 según ODEPA. Además su rapidez permitiría tener hasta tres cultivos en una misma hectárea. Simulemos, dice María Inés, que plantamos lechugas, cosecho, después pongo betarragas y finalmente tomate tardío, o sea, tienen tres cultivos en un año que hay trabajarlos, pero cada uno con una buena rentabilidad.

La mayor cantidad de hortalizas está concentrada en la pequeña agricultura, dado que necesita mano de obra y harta, por eso la gente trabaja con su familia y vecinos.

Los contras es que los canales de distribución para comercializarlas son escasos. Está por un lado la feria, donde los precios son volátiles y manejados por unos pocos y por otro, los supermercados donde hay un precio fijo pero alta exigencia de inversión. “El problema de gran parte de las hortalizas es que son rápidamente perecibles, las cosechas, debes venderlas de inmediato y el comprador de la feria sabe esa presión por lo que maneja a la baja los precios, entonces el agricultor accede antes de pérdidas mayores” afirma María Inés.

Así han funcionado las huertas pequeñas para abastecer las ferias, aunque ahora han aparecido algunos productores que trabajan en forma más profesionalizada para entregar al supermercado que exige un montón de normas de higiene, de cero productos químicos e instalaciones adecuadas. Gracias a eso, los horticultores tienen una entrada más formal en los supermercados, pero piden volúmenes, seguramente, ahí puede acceder el mediano agricultor, el que puede hacer las inversiones, manejo de plagas integrado etc .

Si las condiciones están y la rentabilidad es alta, ¿por qué no se han sumado al rubro más medianos o grandes agricultores?
Porque tiene una comercialización muy complicada, aunque el cultivo en sí no es difícil.
Mientras María Inés estuvo en INIA trabajó con ajo y cebolla que son hortalizas de “guarda”, es decir, permiten guardarse un tiempo para comercializarlas después y ambos cultivos se dan muy bien en la zona; eso sí, había un problema con algunas variedades que maduraban muy tarde, es decir llegaba fines de febrero y la cebolla seguía verde. En marzo empieza a bajar la temperatura y a disminuir más el largo del día lo que afecta aún más la maduración de esta hortaliza. “Entonces en Inia sacamos la variedad que se llama Valinia y que los pequeños productores la están usando mucho porque es una cebolla que madura en febrero y pueden cosecharla y guardarla madura y venderla a un excelente precio, el problema es que están descontinuando la multiplicación de sus semillas, lo cual sería una tremenda pérdida”, señala María Inés.

 

Cambio Climático a favor

María Inés piensa que el cambio climático nos va a favorecer en aprovechar las producciones de otoño porque las hortalizas que se producen durante otoño-invierno por ejemplo repollo, coliflor y brócoli, se deben trasplantar a más tardar a comienzos de marzo y si tenemos otoños menos fríos y lluviosos, podemos aprovechar esa mayor holgura para trasplantar más tarde, ya que estas especies necesitan temperaturas más cálidas al comienzo de su cultivo y posteriormente más frescas para obtener una buena calidad. También este cambio climático nos permitiría cosechar sin problemas algunas hortalizas de verano de producción tardía.

Acá es una buena zona para producir repollo, brócoli y coliflor, además hay toda una tendencia de comer sano y éstas son las hortalizas que aportan mayor cantidad de propiedades nutricionales.

Plantar al aire libre o en invernadero acá en Ñuble dependerá de la época, en primavera, verano y temprano en otoño, las lechugas crecen sin problemas afuera, en invierno es imposible porque le afecta mucho la baja temperatura, crecen muy lento y son fácilmente afectadas por hongos.
Se usan insecticidas, pero hoy en día es más recomendado prevenir y controlar con control biológico. Existen insectos benéficos que permiten hacer un control de plagas tan efectivo como con químicos.

La gran ventaja que tienen los hortaliceros hoy, es que pueden comprar la planta a otra persona, un plantinero, así ellos no pierden su trabajo, tiempo ni tierra en los almácigos.

 

Cristóbal Morandé: Innovación en cultivos de hidroponía

Cristóbal Morandé es ingeniero mecánico, y aunque gran parte de su vida laboral estuvo relacionada con el área industrial hace cuatro años llegó a su campo en el sector Los Coligües para dedicarse a la horticultura. Si bien partió modestamente hoy tiene una hectárea de invernadero, gran parte de ellos con un moderno sistema de hidroponía que le permite cosechar en pleno invierno 5.000 lechugas a la semana que comercializa en los más importantes supermercados de la región bajo la marca Huerto Sano. El oficio lo aprendió estudiando en internet y gracias a la asesoría de un profesional con el que hizo el proyecto de los invernaderos. Hoy se maneja en el tema al revés y al derecho y es que ha plantado cuánta hortaliza uno pueda conocer.
Si bien comenzó con los invernaderos, al poco andar quiso algo más innovador, que fuera único en la zona y también más eficiente: la hidroponía calzaba perfecto “Es algo más matemático por así decirlo. Dentro de la agricultura esto es lo más parecido a una producción en serie, un poco más ingenieril a pesar que igual dependes del clima y varios factores”, explica Cristóbal.

Ventajas del cultivo muchas: rentabilidad, retorno rápido de la inversión, personal permanente por lo que uno se puede dar el lujo de enseñar y capacitar todo lo necesario, no se usan herbicidas porque no hay contacto con la tierra. En contra, que han sido los pioneros en la región en el tema de hidroponía, entonces los insumos han sido un tanto difícil de conseguir.

Partamos por el comienzo. Luego de vivir toda su vida en Santiago y Concepción se instaló en su campo y decidió plantar avellanos europeos, pero necesitaba cultivos que tuvieran un flujo más rápido y pensó qué me puede dar retorno lo más inmediato posible: las hortalizas. Comenzó con los tomates, luego puso berenjenas, pimentones, pepinos, pepino Alaska y tomate cherry, albahaca roja, melones colgados, repollos, acelgas, es decir casi de todo.

En verano planta tomates, el trabajo comienza a fines de agosto y la cosecha va desde principios de diciembre hasta principios de abril. Puede sacar 30 toneladas en la temporada, pero está poniendo poco porque es un cultivo muy demandante.

En octubre del 2014 comenzó con la hidroponía, actualmente tienen 3.000 metros cuadrados hidropónicos y en ellos cultiva distintos tipos de lechuga, rúcula, berros y achicoria.

El manejo hidropónico lo lleva bajo el sistema NFT (Nutrition Film Technique) que es hidroponía en tubos rectangulares. La gracia de NFT es que proporciona una mayor velocidad de crecimiento. En verano la lechuga sale lista en 32 días, en invierno 75 días. En alta temporada se sacan 10.000 unidades de lechuga a la semana.

 

El proceso de plantación

Lo primero es el sustrato que ocupa para hacer los almácigos, turba o lana de roca, ambos inertes, vienen limpios y sanitizados. Los almácigos están bajo un invernadero de doble protección tanto contra el frio con estufa y doble plástico, contra el sol con maya raschel. Los almácigos se hacen con la semilla que viene peletizada, se dejan dos días en oscuridad y ahí comienzan los primeros brotes y luego se dejan a la luz. En otoño quedan hasta cinco semanas en almácigo antes de trasplantarse a la hidroponía, en invierno tardan más. La siembra de almácigos es prácticamente manual lo mismo que el trasplante.

Las mesas de almácigos se riegan como piscinas y tienen un desagüe, se deja unos 10 minutos el agua y luego se devuelve al estanque base. En verano es necesario regar todos los días, en invierno, dos veces a la semana. Al momento de plantar, las más débiles se eliminan porque nunca alcanzarán el nivel de desarrollo que las otras de su misma fecha.

Luego se trasladan a los invernaderos de hidroponía donde el agua corre por tubos rectangulares las 24 horas del día como una pequeña capa de agua que lleva todos los nutrientes necesarios para el crecimiento adecuado. En esta época dos veces a la semana se cambia el agua del estanque con nutrientes nuevos: nitrato de calcio, nitrato de potasio,
nitrato de magnesio entre otros.

Bajo este sistema no hay problemas de rotación ni de alelopatía a diferencia del invernadero de tierra donde si está obligado a cambiar de cultivos. “Puedo sacar de una mesa albahaca y poner al minuto una lechuga”, comenta.

 

“Todo lo que aplicamos tienen sus tiempos de carencia y usamos agroquímicos de marcas reconocidas y con toda la aprobación del SAG y con una claridad con los tiempos de espera para cosecha”.

La más fácil de las hortalizas, para su gusto, son las lechugas que además tienen un ciclo más corto. Lo peligroso de la lechuga es que si entra un hongo, explica, puede infectar todo el invernadero porque es de fácil propagación. En general es un cultivo con menos sorpresas. De los complicados el tomate es de mucha pega. “El pepino es el más complicado porque a veces ves la planta, está perfecta, llena de pepinos y aborta sin causa aparente”.

 

Comercialización 

La hidroponía es más rentable en la medida que tenga venta segura. Al supermercado cuesta entrar, pero es un buen comprador.

“Entrego a supermercados de toda la Octava Región, aunque mi prioridad es Chillán, ya no entrego en pequeños volúmenes, pero sí vendo a una persona que se encarga de la venta al por menor”, explica.

Reconoce que no ha sido fácil, comenzó vendiendo a restaurantes de Chillán, luego hizo un packing, sacó resolución sanitaria, e invirtió todo lo que los supermercado le pedían.

“Creamos una marca, tenemos web y en la marca sale Chillán, porque mirando lechugas y hortalizas en supermercados me gustaba saber de dónde vienen y al final había que leer la letra chica y no salía nada o decía resolución sanitaria región de tanto, pero nunca salía de dónde es el origen, por eso me preocupé de identificar que son de Chillán”, nos cuenta.

Gran Parte de las hortalizas que se venden en la región provienen de la zona central, pero al cliente le gusta lo fresco y lo de SU región, por eso es importante demostrar que aquí se pueden hacer buenos productos, quizás luchando contra un clima que no es el más favorable, pero con ayuda de la tecnología se pueden hacer buenas cosas y con el sello de la región, enfatiza.

 

Robert Jara: Hortalizas a todo potrero

“Para mí  todo lo que es hortícola tiene que llegar a ser lo más sano posible, a veces me piden coliflores gigantes cuando lo máximo pesan dos kilos, yo le digo cultivo hortalizas, no mutantes”.

Robert Jara es agricultor de la zona de Santa Clara, en su parcela Los Placeres, realiza cultivos de semilleros de hortaliza con Curimapu, pero además planta seis hectáreas de hortalizas con las que abastece durante todo el año a la feria de Chillán. Sus cultivos estrella: el repollo, brócoli y coliflor. Además planta sandia, choclo, melones, cebollas.

“La hortaliza es un cultivo que me gusta, es entretenida, hay que dedicarle harto tiempo, pero es gratificante ver el proceso de crecimiento de una planta porque estamos trabajando con seres vivos. Me satisface ver el potrero y cómo va creciendo la plantación”.
Trata de ser lo más orgánico posible, sin embargo a los 15 días de trasplante aplica un insecticida y al mes otra dosis. Ahora está haciendo control biológico con Biobichos en los repollos. “Para mí todo lo que es hortícola tiene que llegar a ser lo más sano posible, a veces me piden coliflores gigantes cuando lo máximo pesan dos kilos, yo le digo cultivo hortalizas, no mutantes”.
Compra las plantas a un plantinero de San Carlos, no tiene invernaderos, todo directo al potrero. Logra sacar dos cultivos en el año a su terreno y cree que el cambio climático jugará a su favor en este aspecto. “Hago una rotación organizada de los cultivos, logro sacar dos cultivos, pero dejo descansar el potrero una temporada” .

La calendarización es la siguiente: comienza con choclo y una vez cosechado planta repollo, brócoli y coliflor de manera escalonada para tener abastecimiento todo el invierno.

Los problemas que debe enfrentar Robert son claramente las heladas. El año pasado perdió 4.000 unidades de repollo por el clima. El primer año que puso brócoli plantó 1.000 y cosechó 300, al segundo año fue al revés y ya le tomó el manejo al cultivo. Uno aprende sobre la marcha en la agricultura, señala.

“Lo que hago es esquematizar el suelo, el año pasado tuve siete variedades diferentes de repollo, pero este año privilegié el liso, crespo y morado, porque fueron los que mejor se han dado”, explica.

La plantación se hace a mano, en total ocho personas plantan una hectárea en un día y medio. “Todas mis plantas la sumerjo en tricoderma de Bionativa, las dejo inoculadas para protegerlas de cualquier enfermedad”.

El tipo de riego que utiliza en las primeras semanas es por aspersión. Con un aspersor cobertura total riega 9 mm por hora, lo deja funcionando 6 horas y con eso junta 54 mm, cantidad necesaria para llegar a la raíz. La cantidad de veces va dependiendo del clima porque tampoco hay que generar un estrés hídrico a la planta, señala.

La más rentable y a la vez la más pedida es la coliflor, aunque siempre hay que considerar que en potrero hay una pérdida del 20% aproximadamente.

Vende todo en el mercado de Chillán y entrega a la mayoría de los puestos del mercado. “La semana pasada entregué 3.300 hortalizas, yo llevo a pedido, según lo que me encarguen”.

 

Región del BíoBío Costo año 2013

Costo x Ha Margen Neto
TOMATE 3.963.525
(Año 2013)
Rendimiento
(Kg/Ha)
43.200
Precio ($/ Kg)
1733.497.115
LECHUGA 2.483.269
(Año 2013)
Rendimiento
(Un/Ha)
55.000
Precio ($/ Un)
902.477.731
ZANAHORIA 2.232.315 Rendimiento
(Sacos/Ha)
850
Precio ($/ Un)
5.5002.442.685
ESPÁRRAGO 2.622.714
(Año 2013)
Rendimiento
(Kg/Ha)
5.500
Precio ($/ Kg)

1.183.286

Costo: No incluye arriendos
Fuente: ODEPA

 

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