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Entrevistas

JUAN SECANO: LA APUESTA POR LOGRAR UN VINO ÚNICO EN EL VALLE DEL BÍO BÍO

Felipe Hidalgo tiene en Rere una pequeña viña de seis hectáreas de cepas patrimoniales con Malbec y País. Junto a su señora y sus 5 niños hombres bus- can producir un vino de alta pureza, con genética original de más de 3 siglos y con técnicas ancestrales en donde el resultado final es un vino natural muy potente.

Una apuesta por la familia y la recuperación del vino bien hecho, de manera natural y apelando a la calidad es la que ha hecho Felipe Hidalgo en la zona de Rere, con la marca Icónico de la viña Juan Secano. El periodista, llega al mundo del vino después de estar ligado hace más de 12 años a la fruta. Hoy combina su tiempo entre la exportadora de fruta Agrofine, de la cual es dueño junto al productor Fernando Urrutia, y el vino. Al agro, está ligado también por la familia –es nieto de Pepe Hidalgo, uno de los pioneros de la producción orgánica en Chile de quien heredó el amor a la tierra y la convicción de producir limpio sin contaminar el medio ambiente y sin afectar los alimentos con sustancias exógenas tanto en la producción como en el procesamiento.

En 6 hectáreas que logró comprar después de buscar por la zona y previo enamoramiento de la zona de Rere, Felipe junto a su mujer, Daniela Weldt, está en la búsqueda de un vino de calidad superior realizado con Malbec, la cepa original traída por los jesuitas y que como parte de su riqueza patrimonial está el haber sobrevivido a la plaga de filoxera del siglo XVIII que eliminó los viñedos de Europa y gran parte del mundo. “Un día iba en avioneta a Concepción con un instructor y me dice, ya, notifique vertical Rere. Y yo pregunté ¿vertical qué? Y me dice mire hacia abajo y lo que vi fue un pueblo como San Pedro de Atacama, con campanario, solares, palmeras, así que me devolví de inmediato y volví a visitar Rere por tierra y me encontré con el origen de la agricultura en nuestro país, donde partió todo por allá por el año 1586. Hoy hay 2 museos, donde vale la pena visitar, el museo Agrícola donde uno puede ver las primeras maquinarias y objetos utilizados por los campesinos de entonces. En Rere también había mucho oro y ahí funcionó el primer Banco que emitió el primer billete de nuetro país. Oro, Vino y Trigo transformaron a Rere en la época de la Colonia en la “Estancia del Rey” manteniendo hasta hoy parte de este patrimonio cultural, de una belleza e historia que son incomparables”.

“Entre Rere y San Rosendo quedaron quedaron intactas 7 hectáreas de Malbec pre-filoxera y nosotros estamos recuperan- do una. Este es el auténtico Malbec traído desde el sur de Francia en carabelas para hacer vino de misa”, cuenta Felipe. “Es una genética pura, lo que hay aquí es un patrimonio de la humanidad; de hecho, el Prodesal hizo un catastro y está tratando de evitar que salga de la zona este material genético y con los viñateros de la zona se está tratando de quemar las podas para que la cepa no se vaya a otros lugares”.

Para producir el vino, se están usando técnicas ancestrales, “lagares de roble y raulí que tienen más de 200 años y es 100 por ciento hecho por familia y amigos. Es un vino único, con muy poca producción, de color intenso, oscuro, natural, sin sulfitos ni ningún tipo de químicos con un componente genético único. Al ser parras de tres siglos, las raíces están muy profundas, en un suelo muy granítico, con mucho quarzo e infliencia marina”.

Su producción ya ha decantado en la elaboración del vino Icónico en pequeñas partidas. 1.000 botellas el primer año, 1.000 más en la segunda y se espera una producción de otras mil en esta, su tercera temporada, con la meta de lograr una producción co- mercial de 5.000 botellas al año a partir del 2020.

Para lograr la producción, todos los años compra una parte de la vendimia lograda en la zona, principalmente al agricultor José Luis Rozas, que tiene mayor producción. La escasez de la cepa, así como el alza en su valor específico, ha hecho que se diferencie claramente del valor de la uva de la zona. Mientras el valor de la uva País ha llegado a un piso de 20 pesos por kilo y este año se remonta a 200, la Malbec tiene un coste de 900 el kilo, porque todas las viñas del país están buscando la producción local. “Si alguien quiere hacer Malbec, este es el único lugar donde van a encontrar la genética pura”, puntualiza Felipe. “No hay ningún Malbec en cuanto a terroir, esta combinación de clima y tierra como el de la Provincia del Bío Bío”.

ASESORÍA DE U. de DAVIS

De momento, la comercialización no es el objetivo, en la búsqueda de un producto único. ”Lo que buscamos es recuperar la viña agronómicamente y aprender a hacer un muy buen vino. Para eso, contamos con la ayuda de los enólogos Roberto Henríquez y Mauricio González del Centro de Ex- tensión Vitivinícola del Sur donde participa la Universidad de Davis. Ellos nos han ayudado mucho y han sido un pilar en el desafío de recuperar la viña y hacer
un vino de buena calidad. Además, lo que se quiere en esta zona es que todos los agricultores sigan haciendo sus vinos y mejoren sus técnica gracias a este convenio que además busca proteger este patrimonio”. En ese sentido, destacó el aporte que ha sido el centro para dejar de lado prácticas que atentan contra una gestión de calidad.

“El pequeño viñatero de estos valles es muy trabajador, gente muy valiosa, pero por no dominar las técnicas de

su producción con trazas de elemen- tos ajenos, por ejemplo al usar bido- nes que tenían otro uso. Todos estos consejos los han ido incorporando los enólogos que nos han puesto muchas exigencias en cuanto a la trazabilidad, el manejo de las bodegas, mantención de temperatura etc. Lo valioso es que los viñateros incorporen estos elementos técnicos en sus procesos, y así vamos a ir obteniendo vinos de calidad mundial. Hoy día el mundo del vino es muy competitivo así que hay que desmarcarse radicalmente de los otros vinos y aquí tenemos los elementos para hacer un vino distinto”.

En el intertanto, la producción está en guarda y es monitoreada regularmente. “No hemos querido meterla a concursos porque creemos que es necesario lograr un puntaje importante; cuando estemos seguros de que vamos a tener sobre 93, 94 puntos vamos a lanzarnos, pero ahora estamos en un proceso de aprendizaje, creemos que es importan- te tener un periodo de rodaje an- tes. Este es un aprendizaje que estamos haciendo todos, mis cinco hijos también. Tengo cinco niños, hombres, con los que vendimiamos, pisoteamos e incluso embotellamos y que ha tenido un im- pacto importante en la familia, al ponerlos en contacto con la tierra. Los niños están involucrados 100 por 100; anduvimos allá tomando los grados Brix y los niños toma- ron las uvas que estaban maduras y ya hicieron su primera chuiquita de vino de 5 litros. Para ellos es el mejor panorama”, cuenta.

A la espera de la vendimia en los próximos días, Felipe hace un recuento de sus expecta- tivas.

“Si nos preguntan, guardamos la producción de vino en barricas usadas, porque no que- remos contaminar el vino con madera ni maquillarlo; muchos tienen vinos con madera y está bien, son vinos de muy buena calidad. Nosotros, que- remos que la fruta se exprese, que cuando te tomes uno de estos vinos sea una gota de sangre de este secano sufrido, queremos un resultado real- mente único”.

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