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Entrevistas

LA CRUZADA DE LA ACHICORIA

Uno de los cultivos  que está marcando  tendencia entre los grandes y medianos agricultores  de la nueva Región de Ñuble es la producción de achicoria, cultivo que ha logrado una inigualable reinvención a través de los siglos, que la mantiene activa con altos niveles de rentabilidad y proyecciones que la posicionan como una atrayente materia prima de la cual se obtienen fibras prebióticas cotizadas en la industria de los alimentos.

Cuando los mercados amenazaron su rendimiento, la fortaleza de su composición natural, permitió a la achicoria tener la capacidad de readecuarse para cumplir con los requerimientos comerciales y demanda espontánea que surge de sus cualidades salubres innatas.

Es así como en los siglos XIX y XX, la achicoria cumplió un rol preponderante para la producción de café en Asia, India, pero el surgimiento de plantas de café en Colombia, con un mejor sabor y textura, conquistó a los consumidores europeos, relegándola a un segundo plano. En los años 80, el auge de fructosa a partir de maíz, a costos bastantes menores, volvieron a deprimir su producción, pero nuevamente resurgió de la mano de la obtención de inulina y oligofructosa desde su raíz. Bien lo saben en  Beneo, firma del grupo Südzucker, uno de los fabricantes de alimentos más importantes en Europa y que actualmente está presente en más de 75 países, con cinco sitios de producción ubicados en Bélgica, Alemania, Italia y Chile.

La achicoria es una planta bi anual, donde el primer año acumula sus reservas en una raíz y el año siguiente emite flores y  semillas para su multiplicación. La empresa Beneo Orafti  cosecha la raíz a partir de los siete meses de sembrado el cultivo.

“Se necesitaba otra planta refinadora fuera de Bélgica para cumplir con los consumidores y tener producción en el Hemisferio Sur, con el objetivo de tener cada seis meses, nueva materia prima para la obtención de inulina que cubriera las necesidades de los clientes”, explica Peter Guhl, gerente agronómico de Beneo Orafti Chile.

Precisamente, nuestro país fue el escogido por la empresa de origen belga para iniciar una exploración inicial en 2002 en un territorio comprendido entre San Carlos, Chillán, Los Ángeles y Osorno, comprobándose que se obtenía un rendimiento cercano a las 38 a 40 toneladas por hectárea.

El ejercicio productivo industrial que se concreta en la planta es la extracción de la raíz de la achicoria para la obtención de un tipo de carbohidrato: la inulina; y de un oligosacárido utilizado como edulcorante alternativo: la oligofructosa. Estos ingredientes, además de tener las propiedades clásicas de las fibras alimentarias para regular el tránsito intestinal, contribuyen a la mejor absorción del calcio, a la estimulación de las defensas naturales de la flora intestinal y a reducir el colesterol y los niveles de azúcar en sangre. Ello, se entrecruza con las políticas públicas de salud que buscan promover estilos de vida saludables en la ciudadanía.

Guhl agrega que la fortaleza de ambos prebióticos radica en la combinación de los beneficios tecnológicos y nutricionales. “Como fibras dietéticas solubles, pueden actuar como texturizantes, reemplazar el azúcar y la grasa y enriquecer productos con fibras sin tener efectos sobre el nivel de azúcar en el torrente sanguíneo. En resumen, son prebióticos que promueven la salud digestiva, estimulan las defensas naturales, aumentan la absorción del calcio y aportan un balance de la flora bacteriana ”, dice. Por ello,  muchas empresas transnacionales de alimentos las utilizan en sus productos dirigidos a distintos grupos etáreos, incluyendo a niños y lactantes. Esto pues, ambas pueden ser utilizadas en casi todas las aplicaciones de alimentos y bebidas.

“El ejemplo de la achicoria es notable, desde el punto de vista de su reinvención, generando un producto distinto de ingredientes funcionales”, acota Guhl.

La achicoria es una planta bi anual, donde el primer año acumula sus reservas en una raíz y el año siguiente emite flores y  semillas para su multiplicación. La empresa Beneo Orafti  cosecha la raíz a partir de los siete meses de sembrado el cultivo, añade Guhl.

En la planta refinadora de Pemuco, los carbohidratos se extraen de las raíces mediante la utilización de agua caliente. Luego, la inulina y la oligofructosa son refinadas con el objetivo  de asegurar un producto de alta calidad, con estándares internacionales, obtenidos a través de “hidrólisis enzimática parcial de la inulina, haciendo de nuestros productos ciento por ciento  vegetales en origen”, puntualiza Guhl.

Luis Venzano, Jefe de Producción Agrícola de Orafti, detalla que en la actualidad son 3.200 hectáreas de siembras de achicoria distribuidas entre San Carlos (Ñuble) y Renaico (Provincia de Malleco, Región de La Araucanía) las que proveen de la materia prima para el abastecimiento de nuestra fábrica.

De las 38  toneladas de rendimiento obtenidas por hectárea hace 14 años en los inicios de Orafti en Chile, actualmente el promedio está en 56 toneladas por hectárea, “con una evidente mayor superficie y proyección de ésta, lo que demuestra resultados positivos, y  adaptación por parte de los agricultores,  que complementando el grado de desarrollo y conocimiento de los agricultores, además de la incorporación de nuevas tecnologías, tenemos un cultivo 100% tecnificado  y con los mayores estándares ”, afirma Venzano.

La empresa ha sido la impulsora del uso de tecnología de vanguardia durante todo el ciclo del cultivo desde la elección de suelo, preparación de suelo, control malezas, cosecha, entre otros. Y en ese sentido, el control y manejo del riego ha sido el mayor cambio.

Jorge Parot, agricultor señala, “están siempre pendientes de los cultivos, vienen todas las semanas. Hacen mapeos de suelo, por lo que saben cuándo hay que regar. Tienen una plataforma que está disponible para los productores, por lo que uno puede revisar en forma satelital, cómo se está desarrollando el cultivo, esto es, el crecimiento, y factores que son interesantes que a uno le ayudan a producir más kilos”, enfatiza.

Orafti tiene un equipo de seis supervisores en terreno, cubriendo los requerimientos de 160 agricultores, cada 400 a 600 hectáreas, dependiendo de la ubicación.

Eugenio Ormeño, jefe de Maquinaria y campos propios de Orafti, precisa que del sistema de banderillero satelital dio paso al piloto automático, desde el año pasado en flota de tractores trabajando en siembra, “con una señal pagada de corrección que nos da una precisión de entre 3 a 5 cms.”, afirma.

En términos prácticos, el piloto lo que hace es configurar los parámetros, el tamaño de la sembradora, por lo que el tractor se conduce sin piloto, y el operador solo da vuelta en la “cabecera” de la siembra, en recta o curva.

Otra de las iniciativas tecnológicas impulsadas por Orafti es la promoción de  herramientas a los prestadores de servicio, a través de financiamiento. Gracias a ello, ya son cuatro los prestadores que han sumado esa tecnología y la incorporación de rodillo frontal en sembradora.

“Somos los que estamos marcando la  tecnificación en maquinaria en la región, lo que uno hace un par de años veía en revistas, hoy lo vemos en nuestros campos. La tecnología tiene fases de prueba que pueden extenderse por más de dos años, comprobamos que la tecnología es aplicable a nuestras condiciones de suelo, malezas, costos, entre otros y  preparamos a nuestro equipo de operadores para su uso,  como también a los agrónomos para la recomendación a agricultores, y eso repercute inmediatamente en mejores resultados o solución de problemas, dice Venzano, agregando que están importando cultivadores químicos con sistema de cámara y con aplicación diferenciada de herbicidas, lo que demuestra la anticipación logística a las problemáticas que puedan surgir.

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