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Entrevistas

LA GALLINA FELIZ QUE LLEGÓ PARA QUEDARSE

Certified Humane, la principal organización internacional sin fines de lucro (de origen norteamericano) que certifica el mejoramiento de la calidad de vida de los animales para la producción de alimentos, tiene a un productor local, de Ñuble, entre sus elegidos. Y no es un detalle menor. Ello significa que los huevos de la marca La Castellana, provienen de un proceso que respeta normas objetivas y estrictas de bienestar animal, con estándares internacionales.

  

Fue Antonia Reyes, gerente de producción de La Castellana y médico veterinario, quien importó la idea desde Europa, continente en el casi no existe el sistema de jaulas en criaderos de aves. De hecho, España y Polonia son algunos ejemplos. También hay otros países del Viejo Continente, donde aún está permitido el uso de jaulas enriquecidas (de mayores dimensiones que las tradicionales), eliminado recientemente en Francia.

“En Europa desde 1999 que están trabajando con sistemas libres de jaula, y son las que llevan más tiempo. Como son las empresas que han completado ciclos de implementación y experiencia, saben qué errores no se pueden cometer, o cuál es el mejor sistema a utilizar, y eso es lo que replicamos en Chile, considerando obviamente que la realidad local dista mucho de la extranjera, desde el punto de vista de la dinámica del mercado, condiciones climáticas y las enfermedades que afectan a las gallinas”, explica Antonia, mientras supervisa los cobertizos en los que las aves son criadas hasta la decimoquinta semana, para luego ser trasladadas al sector de los ponederos, en el cual permanecen libres de jaula, hasta la semana noventa. Vale decir, la gallina en todo momento cuenta con márgenes de movimientos que la acercan a una condición natural, y no industrializada.

Actualmente, en el Fundo Porvenir de la comuna de San Carlos, son 30 mil las gallinas, que son criadas bajo estas condiciones, con una producción  de 27 mil huevos diarios, que desde junio están siendo comercializados en supermercados locales penquistas, Pucón, Villarrica, emporios, restaurantes y hoteles desde las regiones Metropolitana a Los Lagos; y próximamente en el retail masivo, a través de la cadena Líder.

El producto tiene  origen en el que las aves mantienen una mínima carga de estrés, lo que se traduce en un confort escasamente utilizado en la industria avícola nacional.

“Una de las grandes diferencias son los espacios. Mientras que tradicionalmente existe un promedio de 400 cms 2 por ave,  en nuestro sistema el espacio es de 1.100 cms 2. Es mucha la diferencia, por lo que las gallinas pueden correr o saltar, acciones que se reducen considerablemente en el sistema de jaulas”, agrega la profesional penquista.

La presencia de perchas, marca otra diferencia: se asemejan a las ramas de los árboles. Las gallinas son animales presa, por lo que tienden a refugiarse en las alturas para que no sean atrapadas por depredadores. “Esas perchas asemejan este concepto natural, y además se utiliza viruta en el suelo la cual es la cama del animal, en la que las gallinas pueden rasquetear, lo que desgasta sus uñas.

También pueden darse baños de arena, lo que permite un plumaje más frondoso y de mayor bienestar para la gallina, que además puede elegir y visibilizar dónde va a poner el huevo debido a la presencia de ponederos automáticos los cuales también permiten entregar un producto incuo para el consumidor, ya que la gallina pone el huevo acá y éste pasa directamente al packing evitando así el contacto directo entre la gallina y éste”, detalla Antonia Reyes, cuya pasión y cariño por los animales, la llevó a estudiar estos sistemas en Norteamérica y países europeos.

COSTOS ASOCIADOS

El sistema libre de jaulas, genera un aumento del costo de producción cercano al  50%. Esto pues las gallinas comen 30 gramos adicionales a los consumidos en el sistema tradicional, “porque tienen más movimiento, libre de jaula, y la alimentación es el principal costo en la industria avícola”.

Ese costo se traduce en el precio en el que se adquiere el producto, de igual forma un 50% más caro que los Huevos Coliumo, del mismo origen territorial y empresarial, con 460 mil gallinas produciendo 400 mil huevos diarios.

“El packaging de La Castellana se diferencia de otros productos que están en el mercado y de Huevos Coliumo, y eso lo hemos informado a través de las redes sociales, desde el punto de vista de los beneficios de consumir el producto libre de jaula, aunque se trata de un huevo muy similar al de Coliumo”, precisa la veterinaria.

Ello se explica en que la condición del huevo depende en más de un 90% de la calidad de alimentación que tiene la gallina. “Por lo tanto, nosotros no tercerizamos la alimentación de nuestras gallinas, producimos nuestro propio alimento. El 60% del alimento es maíz,  sembrado en nuestros campos, con cerca de mil hectáreas, y el resto de la alimentación proporcionada a las aves es a base de proteína de soya, la cual es importada desde Argentina”, añade.

De esta forma, en su propia fábrica de alimentos, se incluye el maíz, la soya y los distintos componentes de la dieta de la gallina,  que suma minerales y vitaminas.

Coliumo, entonces, es un huevo similar, con la única diferencia que los huevos de La Castellana tienen más porcentaje de maíz, y eso se traduce en que la yema es más oscura.

La empresa también invirtió $100 millones para basar su producción en energías limpias a través de la utilización de paneles solares, lo que ha cautivado a los consumidores que están dispuestos a pagar más por un huevo que además genera un cuidado mediambiental.

De hecho, en Avícola Coliumo, la cadena productiva recepciona pollas de raza HyLine (línea genética de La Castellana y Coliumo) de un día de edad, las cuales son criadas en equipos automatizados que les brinda un ambiente adecuado y sanitizado, que cumple con todas las normas de bioseguridad.

Asimismo, las aves son inmunizadas para asegurar aspectos sanitarios. Por ello, el hecho que además un porcentaje considerable de aves esté libre de jaulas, brinda la posibilidad de acceder a un producto único, de una textura que marca diferencia.

No obstante, aún el consumo a nivel nacional es menor, cercano a un 2% del consumo total. “En Chile, el PIB no permite que se masifique rápidamente este tipo de productos, aunque creo que las industrias más grandes, sí irán implementando estos sistemas en forma gradual y paulatina”, estima Reyes, quien en el envase en que se comercializan los huevos, plasmó su anhelo: “La bondad de una sociedad se refleja en el trato que se le da a los animales. Así, cumpliendo mi sueño de ver a las gallinas libres, aporto a un mundo mejor”.

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