X

Entrevistas

AGRICULTORES QUE TRABAJAN EN EL CAMPO FAMILIAR: EL LEGADO AGRÍCOLA

La agricultura es un estilo de vida que muchos adoptan desde chicos, otros buscan alternativas laborales; pero es la tierra la que al final termina por definir su futuro. Entrevistamos a seis agricultores de Ñuble que trabajan en el campo familiar. Nos contaron su experiencia y su labor en la empresa familiar.

Así como la sangre tira, dice el dicho popular, la tierra claramente, más temprano que tarde hace su llamado a sus hijos predilectos. Y aunque algunos quieran renegar de eso y otros tengan claro desde chicos que su vida laboral estará en el campo, lo cierto que es al final, su trabajo de verdad, el que les apasiona y los motiva está en su tierra, en el campo donde muchos se criaron desde chico o tienen los mejores recuerdos de su vida.

Parece ser que en los tiempos actuales todo confabula en contra de la agricultura, se escuchan quejas por todos lados, malos rendimientos, precios bajos, desprotección del Estado y, por otra parte, es más rápido y fácil ganar plata en una oficina en la capital porque también es más popular, porque es mejor visto y es así como muchos campos se quedan sin dirección y han sido vendidos. El consejo de todos: para trabajar en la agricultura te tiene que gustar la vida en el campo. Y aunque suene tan obvio, ser agricultor es una forma de vida que no sólo adopta uno, sino también la familia que ha formado.

Trabajar con el padre o con la familia no es fácil, muchos jóvenes llegan con altas expectativas de innovación y se encuentran con el freno por parte de las generaciones mayores. Nuestros entrevistados supieron sabiamente y con mucha prudencia ir manejando poco a poco ese choque generacional aunque contrariamente a los que se piensa, en la mayoría de los casos los padres o tíos son aún más innovadores que quienes vienen recién llegando.

Y conciliar este trabajo es tarea de ambos, del hijo que tiene que valorar lo que el padre ha logrado y proponer poco a poco sus nuevas ideas y del padre o quien sea, dejar espacio para que las nuevas generaciones vayan aprendiendo en el camino y que su ímpetu les permita innovar.

Entrevistamos a seis personas que trabajan en el campo de su familia de distintas generaciones, distintos rubros y distintas zonas de Ñuble, hay varios elementos en común eso si: todos sabían que trabajarían en el campo, a todos les gusta el campo y por sobre todo ellos han logrado innovar o aportar con proyectos e ideas a la empresa familiar.

 

Francisco Martin (31) trabaja en el fundo de su familia en la zona de Pueblo Seco, en la Sociedad Agrícola El Campo Ltda. Francisco debe ser la séptima generación que está en esas tierras, lo cual puede llegar a ser toda una rareza cuando las estadísticas dan pocas probabilidades de pasar de la tercera generación, pero parece que el espíritu de trabajo en familia de los Valdivia ha superado esa barrera con creces. A eso se suma que la familia Martín tiene varias genetaciones de agricultores.

“Mi abuelo me cuenta que la familia está en estos campos desde que se fueron los jesuitas”, explica Francisco.

Estudió Agronomía, que es la profesión que muchos eligen, pero siempre soñó con ser agricultor y vivir en el campo. “Desde chico acompañaba a mi papá al campo, viví toda mi infancia acá y trabajaba los veranos, para mí esas eran las verdaderas vacaciones”. Seguramente vivir en el campo influyó también en el estilo de vida que lleva hoy y en su decisión de trabajar en él, indica “imagínate que de todos los nietos, yo soy el único que le gusta el campo, para mí el único panorama que me entusiasmaba cuando chico era salir al campo”.

A eso se suma que siempre tuvo como referente a su papá que también es agricultor, señala.

Francisco hizo lo que los expertos aconsejan, mientras estudiaba en la Universidad tuvo experiencias laborales fuera de la empresa familiar, lo que enriqueció su conocimiento en el mundo agrícola. Partió en un packing de uva, después trabajó un par de veranos en Curimapu de ayudante de agrónomo y ahí le correspondió ver el campo de la familia como productores de la empresa semillera. Es ahí cuando empieza a tener relación laboral con su tío Gastón Valdivia.

Así es como el año 2008 comenzó a trabajar en el campo y la experiencia ha sido excelente, se han complementado muy bien en su forma de trabajo.
Trabajan en equipo y están organizados de la siguiente forma: Francisco está en el día a día del campo, en todos los detalles prácticos y Gastón, ve lo macro, las inversiones que como empresa quieren seguir haciendo, las plantaciones que van a concretar y los arriendos que van a sumar.

“Tenemos una forma de trabajo muy similar, pensamos muy parecido y nunca hemos tenido un problema. A él le gusta mucho hacer cosas, es muy entusiasta, incluso más que yo. Todo el día está pensando en hacer cosas nuevas, y eso es muy motivador”, agrega Francisco Martín.

 

¿Cuál ha sido su aporte en el campo y cuáles son las proyecciones que tiene?

Desde que llegué a trabajar al campo hemos tratado de hacer las cosas bien, de ir creciendo de a poco, tecnificándonos más en riego e instalando pivotes, arrendando campos y también creciendo en arándanos.

El año 2010 se hizo una planta secadora de grano, la cual nos ha permitido aumentar nuestras siembras de maíz.

Hemos ido haciendo las cosas en conjunto. La idea es seguir creciendo en arándanos, con arriendos y campos propios y lo hemos logrado con un excelente trabajo en equipo.

 

¿Qué es lo positivo de trabajar en la agricultura? ¿Y lo negativo?

Lo positivo es el estilo de vida, que es el que me gusta llevar y además no me veo en otra cosa. Vivir en el campo, tranquilo, tener mis caballos, perros, levantarme temprano y estar acá es impagable. Además uno pasa mucho tiempo con la familia.

Lo negativo es que estamos lejos de la ciudad. Estamos a 40 kms. de Chillán, por un camino peligroso y en algún momento tendremos que irnos a vivir a Chillan cuando los niños tengan que ir al colegio.

 

¿Hay alguna diferencia en la manera de trabajar entre tu generación y en la anterior?

No, la verdad es que Gastón es bien innovador y está al día en todos los temas, está al tanto de todo y eso es muy positivo para la relación laboral.

Las ventajas de trabajar en una empresa familiar son varias, dice, primero un trabaja en algo que es de la familia y eso conlleva a tener más responsabilidad. “Uno quiere demostrar que es capaz y que puede hacerlo bien”.

 

Joaquín Rueda (23) trabaja en el campo de la familia en los fundos El Mirador y San Luis, ambos en la zona de San Carlos.

Es el más joven de los entrevistados y se le nota en el ímpetu que tiene para poder desarrollar los proyectos nuevos que está empezando a concretar.

Tenía clarísimo su futuro cuando estaba en tercero medio. Quería estudiar algo relacionado con ganadería, sabía que ese era su tema y se fue a Valdivia a estudiar Ingeniería Agrícola con mención Ganadería. “Me gusta el tema de los animales, las buenas prácticas, el buen trato y hacer las cosas de una manera más eficiente y sacar el mejor provecho”, explica.

Desde chico tiene recuerdos buenos del campo. Joaquín es la tercera generación, su abuelo comenzó con el campo, le siguió su papá, Andrés Rueda, y ahora él se sumó al trabajo. A la ganadería principalmente. Tienen alrededor de 630 novillos y dos campos con 950 y 230 hectáreas.

Lleva dos años trabajando con su papá y viene con todas las ganas de aplicar lo que aprendió en el sur. Entre sus proyectos: lograr mayor rendimiento con un buen manejo de pastoreo.

 

¿Qué proyectos tienes para aportar en el campo?

Antes de que yo llegara se sobretalajeaba mucho los potreros, les exigían demasiado y no alcanzábamos a tener la rotación completa, estamos tratando de hacer un buen manejo de pastoreo, más eficiente. Además quiero construir un comedero para no perder tanto alimento en el potrero. En invierno destinamos dos potreros a sacrificio y ahí es donde quiero hacer los comederos para darles todo el forraje conservado.

También estoy en un proyecto de mejoramiento genético para ello seleccioné las 30 mejores vaquillas Simmental y compramos un toro en el sur. La característica de ese toro es que mejora la parte mamaria de la próxima generación de terneras y con eso mejoramos la calidad de la leche, teniendo mejores ganancias de peso hasta el destete.

En cuanto al trabajo han logrado complementarse bien porque, agrega, la idea es tratar de aportar para ser más eficientes. “De repente chocamos un poco porque mi papá es más a la antigua, pero admiro lo ordenado que es para trabajar”.

Además, agrega que tienen una visión parecida, quizás el mayor conflicto se ha presentado en cambiar el estilo de trabajo de la gente del campo, pero se está logrando.

 

¿Qué es lo positivo de trabajar en la agricultura? ¿Y lo negativo?

Creo que lo negativo es el tema de los precios que son muy variables, hay que ver cómo están los granos, y el poco apoyo que tenemos por parte del Gobierno. Además el tema del agua, nos falla el agua, si tuviéramos un buen caudal podríamos regar las praderas sin tener que mover a los animales. Lo positivo, en lo personal, es que mi trabajo no es rutinario, todos los días hay que hacer algo distinto. Hay temporadas de pariciones, otras de veranadas etc. Por ejemplo en la temporada de fines de diciembre todos los animales del campo de secano que es el Mirador, se trasladan a las veranadas a Pichirrincon cerca de Argentina y pasan hasta abril arriba. Son campos de nosotros, son como quien dice las vacaciones de los animales, después de un trayecto en camión se arrean durante dos días, hasta dejarlas instaladas.

 

¿Hay alguna diferencia en la manera de trabajar entre tu generación y en la anterior?

Por temas de tiempo mi papá no puede andar en terreno todo el día porque tiene muchas cosas que hacer, ahora con las nuevas tecnologías uno puede estar más encima del campo, de los potreros, hacer pesaje diario. Creo que la tecnología permite innovar más con la ganadería.
En cuanto a las ventajas de trabajar en una empresa familiar destaca el tema de los horarios, “acá yo manejo mis tiempos y sé qué tengo que hacer, cuáles son mis responsabilidades y eso me permite conciliarlo con otras actividades, pero me gusta tanto el tema del campo que estoy siempre en él”.

 

Daniel Lagos (42) quiso ser agricultor desde que tiene uso de razón. Creció en el campo y eso condicionó su gusto por la tierra y la agricultura, al igual que el resto de los entrevistados siempre salía a ayudarle a su papá.

Estuvo un par de años en la Escuela Agrícola de Cato, pero se retiró porque todo lo había aprendido antes en el campo.

Trabaja desde los 17 años junto a su padre, Santiago Lagos, juntos siembran alrededor de 600 hectáreas en la zona de Coihueco principalmente. Después de tantos años ya están totalmente organizados en el trabajo, incluso ahora se sumó su hijo, pero reconoce que al comienzo fue difícil hacer valer las decisiones que tomaba.

“Siempre he respetado su opinión y nunca paso por sobre su decisión, pero mi papá cada vez ha ido delegando más en las decisiones de compras e inversiones”.

 

¿Qué aportes ha hecho al campo?

Mi papá es bastante innovador, sobre todo en lo que respecta a maquinaria, siempre le gusta estar en vanguardia, tener la última tecnología. Ha sabido invertir bien y gracias a eso ha tenido buenos resultados. El énfasis que he puesto yo ha sido en el riego tecnificado. Necesitábamos más pivotes y ya tenemos 5 con eso hemos podido crecer en hectáreas y en rendimiento. Mi aporte ha sido en el riego y en la logística, porque una sola persona con tantas siembras y cosecha es mucho, siempre estamos los dos para apoyarnos.

 

¿Qué es lo positivo de trabajar en la agricultura? ¿Y lo negativo?

Lo positivo es que no hay una rutina, yo me levanto todos los días  y llego  al campo y no sé qué me toca hacer si ir de compras o manejar un tractor  o agarrar  herramientas y arreglar maquinaria. De negativo, la verdad, no encuentro nada.

 

¿Cuáles son las ventajas de trabajar en una empresa familiar?

La ventaja de trabajar en una empresa familiar  es  que los dos somos uno, pensamos igual, tomamos decisiones muy similares.  Yo sé qué es lo que va querer mi papá. La verdad es que a mí no me costó nada comenzar a trabajar con mi papá, fue fácil. Tenemos proyecciones claras hacia adelante, la idea es seguir poniendo pivotes  para continuar en la agricultura tradicional porque la fruta a nosotros no nos gusta. Nos gustan los tractores, máquinas, rotaciones, cosechas etc.

 

Álvaro Salinas (41) es la sexta generación que trabaja en la Lechería La Higuera de San Carlos, son 120 hectáreas de terreno, donde hoy hacen cultivos tradicionales, lechería y ganado. Les gusta mucho más trabajar con animales que en los cultivos, pero la historia de Álvaro con su tierra es bien especial. Llegó a su campo para rescatarlo de la pérdida completa y con ello se acababa la tierra en su familia. Los únicos que quedan son él y su madre, María Angélica Gaete que es abogada y es sin duda una de las más interesadas en que el fundo de su familia materna siga en manos de ellos.

Álvaro estudió Agronomía, hizo un postgrado en Agricultura Orgánica, luego se fue a Alemania a hacer una pasantía en el tema.

“Siempre me gustó el campo, este es un campo familiar, ahora es de mi mamá, pero antes era de mi abuela y yo calculo que soy la sexta generación en esta tierra.

La agricultora era mi abuela y mi mamá heredó esta tierra, pero ella nunca fue agricultora, aunque ahora está tanto o más interesada que yo en sacar a delante el Fundo Las Higueras”, cuenta Álvaro.

Venía los veranos y lo tenían que llevar amarrado de vuelta, cuenta, le ayudaba a su abuela a trabajar. Ella sembraba remolacha, trigo y en ese tiempo tenían chanchos, ganado y lechería.

Llegó el año 2002, luego de trabajar en el Ministerio de Agricultura, después en la Corfo, hasta que fue el momento de volver a la tierra.

“Mi abuela falleció el 86, hasta el 2002 el campo estuvo arrendado. Y con mi mamá cada vez que veníamos nos daba pena porque estaba todo en el suelo, muy abandonado”, cuenta.

 

¿Qué proyectos tienes para innovar o con qué esperas aportar al campo?

Lo primero fue que mi mamá quedó sola sin hermanos y vendió la maquinaria, animales y lo arrendó, entonces cuando yo llegué de vuelta no había nada, ni una pala. De a poco empezamos a comprar la maquinaria, a arreglar las construcciones, lo que quedaba eran las construcciones de adobe que cayeron con el terremoto. Así que ha sido un rearmar de nuevo todo.

 

¿Qué es lo positivo de trabajar en la agricultura? ¿Y lo negativo?

Lo positivo es que la agricultura es una forma de vida, si pienso en haberme quedado en un trabajo de oficina claro era más fácil de lunes a viernes hasta las 17 horas, pero la diferencia la hubiera tenido que gastar en sicólogo. Acá vivo una vida desestresada. Cuando estuve en Alemania aprendí que hay dos formas de mirar esto: como una empresa que es como la gente quiere que se vea o si no como una forma de vida. Yo lo miro como una forma de vida, porque el que dice que lo veo como una empresa entonces el capital de lo que vale la tierra no lo genera con nada que plante. Ningún cultivo pagan el valor de la tierra. Yo soy un agricultor y lo veo como una forma de vida, entonces no me estreso, y cuando este año regalamos el trigo digo bueno otros años lo hemos vendido más caro.

Lo negativo es la cero valorización de la agricultura acá en Chile, no lo valora la gente ni el Gobierno y resulta que la agricultura es la moneda de cambio para todos los tratados, entonces eso es triste.

 

¿Hay alguna diferencia en la manera de trabajar entre tu generación y en la anterior?

Era todo tan diferente cuando estaba mi abuela, fueron los últimos años del gobierno militar donde sí se valoraba la agricultura, estaban las bandas de precio, en que la gente que trabajaba se ponía la camiseta. Recuerdo que la gente que trabajaba usaba sombrerito de ala corta, el bigotito, y ahora viene a trabajar con aros, piercing, hay un cambio tremendo, cambió Chile no sé si para bien o para mal, pero cambió.

Las ventajas de trabajar en una empresa familiar no puedes cuantificarlas, son sólo dos personas: Álvaro y su mamá, los dos toman las decisiones, “increíblemente ella lo único que quería era salvar el campo pese a que nunca vivió acá, estudio interna y se fue a estudiar Derecho. Me apoya en la mayoría de las decisiones, pero en las inversiones es la que pone más atajo”, señala.

Siembran cultivos tradicionales más la lechería y algo de ganadería. La lechería tratan de manejarla lo más orgánica posible “trato de seguir todas las normas, usamos muy poco antibiótico, muy poco antiparasitario, cosas homeopáticas, todo lo que aprendí en Alemania”. Han tenido buenos resultados con el sistema, buenos índices, no tanta productividad, pero no hay infecciones ni cojera, ahora no son vacas de lechería de alta producción porque también quiero que el animal sea feliz, señala.

 

Miguel Bravo (50) trabaja desde el año 90 con su papá, Luis Bravo. En el fundo El Tranque manejan 400 hectáreas y en El Cerro 300 más. Llegó a ayudar a don Luis cuando ya había estudiado todo tipo de carrera y la vocación no llegaba por ningún lado.

Es el único hijo que trabaja con él, y la verdad han sabido compartir las tareas. A su papá lo que le gusta es el campo y Miguel hace los trámites bancarios, IVA, reuniones del tema del agua, compra de insumo, repuestos, vender en la feria ganado y cerdos etc.
No sabe si desde siempre quiso ser agricultor, la verdad no tenía vocación dice, pero ahora la agricultura no la cambia por nada. “es un trabajo que te da mucha libertad y es entretenido cuando uno le agarra el gusto.”
Siembran cultivos tradicionales, pero el fuerte durante años fue el maíz. Además tiene plantaciones de manzanas, animales y forraje. Venden 150 animales al año.

A lo que está dedicado Miguel principalmente es a la chanchería. “Comenzamos a la fuerza con los chanchos porque mi papá le vendía harto maíz a un criadero de cerdos y ese señor estaba medio quebrado y nos debía plata, entonces nos pagó con cerdos”, así partieron y con el tiempo llegaron a tener 500 madres reproductoras, pero el año 2008 el precio se fue al suelo, el maíz estaba caro y decidieron quedarse con 200 madres.

 

¿Qué proyectos tienes para innovar o con que has aportado en al campo?

Más que nada mi papá es el que sabe de agricultura y yo he ido aprendiendo de él, sigo sus pasos, en lo que me he especializado bastante es en el criadero de cerdos.

 

¿Qué es lo positivo de trabajar en la agricultura? ¿Y lo negativo?

Lo positivo es que uno trabaja en lo que es de uno y eso es una gran motivación y lo negativo es que es difícil porque hay factores como el tiempo que  definitivamente no se controlan.

 

A Felipe Rioseco (48) nunca se le pasó por la mente ser agricultor cuando chico. Y es que como vivía en el campo pensaba que trabajar ahí, era mucho. Pasó toda su infancia en el fundo familiar Vega de Saldías en Pinto y por cosas del destino, tuvo que partir a Santiago junto a sus hermanos a estudiar la enseñanza media. Estando en la capital decidió estudiar Técnico Mecánico, luego Ingeniería en Ejecución Mecánica, se tituló y trabajó en General Motor.

Siguió porfiándole al destino e ingresó a la Escuela de Administración de Paine de la SNA. Algo se acercaba al campo al menos. Mientras tanto, su madre, Gloria Palma, trabajaba como agricultora en Chillán. Felipe y sus hermanos viajaban cada vez que podían a ayudarla.

Con el tercer título en mano, lo contrató Fundación Chile primero en Santiago y luego para hacerse cargo del proyecto de Cranberries al sur del país, específicamente en Puerto Varas. Entonces comenzó a viajar cada vez más seguido a Chillán. El proyecto en el sur fue un éxito, pero llegó el momento de irse a ayudar a su tierra. Eso ya hace casi 20 años.

Reconoce que él y su mamá son personas de carácter fuerte y que siempre pensó que sería complicado trabajar juntos; y si bien en un comienzo no fue tan fácil, poco a poco comenzó un buen trabajo en equipo que ha dado, por cierto, buenos frutos. Además se sumó la señora de Felipe, Rafaela y entre los tres se dividen las tareas. Su mamá es la gerente general de esta empresa familiar y toma todas las decisiones, Felipe se encarga del día a día del campo y de todos los trámites que hay que hacer, y Rafaela de la parte frutícola.
Además de arándanos y frambuesas, tienen crianza y engorda de ganado, plantaciones forestales en una zona de rulo, semilleros, remolacha, empastadas, en fin, una serie de cultivos que los tienen durante el año con varios meses en el peack del trabajo.

“Hace un tiempo mi mamá empezó de delegar cosas, y lo que hacemos es plantearle un negocio y cómo lo vamos a trabajar para que al final tome la decisión.”, explica Felipe.

Esta es la tercera generación de Palma que trabaja las tierras de Vega de Saldías, “pero mi abuelo se lo había comprado a la familia de mi abuela, los Martín, que al menos deben haber tenido otras tres generaciones ahí”, explica Felipe. A ese fundo se suman otros dos que en total hacen casi 800 hectáreas que cultivan.

 

¿Qué proyectos has aportado o esperas aportar en el campo?

Lo que hemos estado haciendo desde que llegué es integrar más tecnología al campo, la verdad, entre mi mamá y yo estamos muy abiertos a poder avanzar en toda la tecnología que requiera la agricultura. Además hemos ido cambiando cultivos tradicionales por frutales, tenemos plantaciones forestales, hemos incursionado en cultivos innovadores como cebollas orgánicas y avanzamos en el sistema del riego incorporando pivotes.

 

¿Cómo ha sido el trabajo en equipo?

Al principio fue difícil, los dos teníamos métodos distintos de trabajo, yo venía de afuera, de una empresa con muchas ideas, pero mi mamá tenía la experiencia de años en el campo y así nos fuimos complementando.

 

¿Qué es lo positivo de trabajar en la agricultura? ¿Y lo negativo?

Lo positivo es el estilo de vida. A mí me costó entenderlo porque yo trabajé primero en una empresa y logré bastante cosas y uno compara lo que es trabajar dentro de una empresa, y dentro de una empresa agrícola: hay más sacrificio, hay privaciones, hay distancias. Pero tiene cosas buenas: nos podemos programar para salir y viajar por ejemplo. También podemos criar a nuestra hija en el campo, eso es impagable.

Lo negativo es que es un rubro demandante, que no tenemos precios fijos y nunca sabemos qué va a pasar con los cultivos.

Leave a reply

Connect with:



Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *