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Entrevistas

Louis Antoine Luyt

El francés que reivindica nuestro vino de uva país y el menospreciado pipeño chileno

¿Podría imaginarse usted que el pipeño…..sí nuestro pipeño, ese que uno lo mira en menos, que lo considera el vino del pueblo, ese que sólo debería guardase en garrafa, ese pipeño, se consume en uno de los restaurant más cool de San Francisco en California? ¿O que un vino chileno hecho de uva país se exporta  por ejemplo a Japón, Inglaterra, Estados Unidos,  e incluso a  la mismísima Francia?  ¿Y que además, quien elabora ese vino es un francés, que fue criado en Borgoña, y que vive en Chillán? Sí,  acá en  Chillán.

Pues bien, Louis Antoine Luyt, con toda la pinta de francés que se le puede pedir a la genética, monarquista hasta la médula y con un acento galo tan marcado pese a sus 17 años  en Chile,  es el artífice y  también el transgresor que se empecinó, luego de mucho estudio, en que nuestra uva país, podía darnos un buen vino y que, además, aportaba una historia incomparable.

Nació en Francia en la zona de Bretania, pero se crió en Borgoña, de ahí que el vino haya sido tema en su casa desde siempre. Y es que en Francia tú creces hablando de comida y de vino, “es algo que te impregnan desde chico”.  Era el mundial de Francia 98 y este francés, en los cuartos de final, decide cruzar el Atlántico para encontrarse consigo mismo; pero no sólo se encontró con él, también encontró un importante prejuicio con la uva país, esa que nadie consideraba buena…  “Y me sonaba todo tan extraño,  una cepa que trajeron los españoles hace 500 años, desde el otro  lado del mundo y para celebrar misa, no podía creer que hubieran traído desde España lo más malo, porque España en tiempos de la Conquista, ya era un buen productor de uva”. Y su reflexión es de toda lógica, por cierto.

Han pasado los años desde esa primera reflexión, hoy Louis Antoine, es el único productor de vinos, fuera de Europa, que está incluido en el portafolio Louis Dressner Wine, que es una  comercializadora que maneja el listado de vinos más sofisticados y que obviamente delimita las tendencias de consumo del vino en el mundo.

La uva de porquería

Acá en Chile se encontró con un cara y sello: muchas viñas ordenadas, bonitas, tratadas con químicos y; por otro lado, viñas antiguas, de rulo, casi abandonadas y ahí supo lo que era la uva país. ¿Qué hacían con esa uva? Nada, la consideraban “una uva de porquería”, nos cuenta. La exportaban a China para hacer vino barato. Volvió a Borgoña, entonces, decidido a estudiar sobre el tema; hizo un curso de formación profesional sobre viticultura y enología, estudio que complementó con sus conocimientos de Ingeniería Comercial. Trabajó en una empresa importante en Borgoña.  Volvió a Chile, a una viña en Curicó, hizo un par de vinos interesantes que se vendieron y volvió a Francia porque un amigo le ofreció trabajar en un restaurant en París. Louis también es sommelier. “El restaurant fue todo un éxito, teníamos una carta de vino natural, muchos eran de proveedores de vinos muy importantes de Francia”.

Así, en  su  afán de búsqueda y de recuperar la nobleza de la uva país, volvió definitivamente a Chile,  asociado con un primo y creó  la empresa Clos Ouvert que es un juego de palabras “Cerrado Abierto”. El  concepto Clos viene de los monjes que habitaban Borgoña que luego de mil años de observación, concluyeron que la misma cepa se adaptaba en condiciones distintas y daban vino con una expresión muy diferente. Entonces los monjes sacaban piedras y delimitaban las características de un vino distinto, eso es el Clos.

El año 2006 compramos uva en el Maule, comenzamos a hacer vino y los exportamos a Francia, cuenta Louis. Y fueron los primeros en llegar a Francia con este tipo de vino cargado de historia.  “Tenemos un mercado muy especial, un grupo de personas que busca conocer y confiar en el productor, tener un lazo  con él”, indica.

Nosotros hacemos vino  con una uva que consideramos sana, entonces para qué aplicar químicos y remedios si no está enferma. La vinificación es muy sencilla: cosechas, pisas, guardas en cubas y tienes el vino, un vino con historia, un vino de verdad, un vino en toda su expresión. Lograr hacer vino de uva país no es algo rápido, la viña se toma su tiempo  en  demostrar su nivel  de calidad. Después de todo, los misioneros fueron bastante inteligentes dice Louis Antoine: trajeron una cepa muy aperrada que ha durado casi 500 años.  Es más, tan buena calidad era nuestra uva, que en  el siglo XVIII estaba prohibido exportar vino a España porque le hacían una gran  competencia a los vinos de allá. Luego de la Independencia, llegaron las cepas de Burdeos y  se plantaron en los valles tradicionales del país.

El transgresor

Así es como esa “uva de porquería” que escuchaba a cada rato, algo tenía que mostrar y  que entregar.  Hoy Louis, no sólo exporta una línea completa de vinos de uva país, sino que también embotella el pipeño. El 99% de su producción se va al extranjero directo a Japón, Brasil, México, Canadá, Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Dinamarca. El resto se vende a algunos restaurantes en Santiago.

Su pipeño se consume hoy en restaurantes de Nueva York y en un  famoso Restaurant de  San Francisco California llamado “Ordinaire” donde lo sirve en la barra y en caña como les aconsejó Louis.

Para fabricar vino se necesita antes que nada humildad, explica Luyt y por supuesto paciencia. “Yo no busco seducir a todo el mundo, yo hago un vino para los que les interese el vino con historia y con una identidad propia”, aclara.

Si el vino tenía una historia popular, su imagen también tenía que serlo. Está claro que la idea era provocar: “primero un francés hace vino de uva país y luego uso la imagen de los antiguos letreros de los buses de Santiago para la etiqueta de mis vinos”, señala Luyt. Y por supuesto que sorprende, porque si es un vino distinto al tradicional su etiqueta también tenía que ser completamente diferente.

 Precio justo a una uva con historia

Si ya es transgresor embotellar el pipeño, Louis Antoine también lo es con el  sistema de pago.  “Me preocupo de que mis proveedores tengan un precio justo y necesario”. Este año pagaban 60 pesos el kilo de uva negra,  y Louis pagó un promedio de 300 pesos.

“Esa gente nació con la tijera para podar en sus manos y si yo vendo mi botella de vino a un precio más elevado, tengo que pagar más obviamente.  Es un tema de sustentabilidad del negocio.”, explica. Y  agrega: “si tengo un buen proveedor, tengo un buen vino”.

Compra uva país a varios campesinos de la provincia de Ñuble, en un radio que abarca desde la zona de El Carmen hasta Ñipas, Portezuelo, Coelemu.  Sus proveedores se encuentran desde la Provincia del Bío Bio, Ñuble, Cauquenes y Talca. El 90% de la uva que compra, es uva país, la famosa uva misionera. Entre las principales cepas: Moscatel de Alejandría (que es la blanca Italia), la Negra Criolla o misionera y Cinsault.

¿Qué busca? Que la uva tenga un terroir que es lo que hace al vino. El terroir, dice Louis,  es producto de cuatro elementos vitales: una tierra, un clima, una cepa y un hombre.

Entonces se preocupa de tener proveedores que entreguen uva país de buena calidad. ¿Cómo logra eso? Es un proceso donde se generan confianzas de manera tal que el agricultor comience a hacer el trabajo como Louis quiere que se haga, es decir, a la antigua, de la forma que aprendieron de los españoles. Eso implica podar de una manera distinta, donde se produce menos fruta, pero de mejor calidad.  No es fácil lograr ese cambio, dice Louis, algunos lo hacen…. otros no. Entonces él busca ciertos líderes, con viñas, que tengan poder de convocatoria, ganas de ganar plata y, por supuesto, se comprometan a hacer esos cambios. Así se pueden encontrar “terroir” distintos y con un vino con una fuerte identidad del lugar. Existen en una sola provincia variedad de suelos y vinos distintos y diferentes épocas de cosechas. Louis va comprando de sur a norte y produce los vinos en Bulnes, Tres Esquinas, en la Viña Chillán, con quienes también hacen una línea de vino llamada naturista de la uva orgánica de Rudolf Ruesh y sin aditivos enológicos.

La critica de los viñateros

Durante ocho años vivió en  Cauquenes, ya casado con su señora francesa y fue un periodo donde estuvo expuesto a muchas críticas. Nadie creía en su proyecto de uva país. Hizo el vino que es  al menos un 40% uva país y se exportó a Francia. “Yo iba en contra de todo el mundo. Acá fueron criados con el prejuicio que el pipeño es malo y lo triste es que la gente comenzó a arrancar viñas centenarias por cepas nuevas. Antes el vino pipeño o de garrafa se tomaba mucho, pero comenzó a morir lentamente porque hubo cambios en el consumo, llegaron los supermercados con cervezas, bebidas destiladas y la garrafa no pudo competir. Y el consumo bajó de 60 litros por persona anuales a menos de 8 litros en la década de los 70 y 80”, explica.

Hoy muchas viñas reivindican hacer vino con uva país, pero Louis fue pionero en el tema.

Futuro

“Mi gran anhelo es lograr que las viñas de uva país se clasificaran como patrimonio nacional y porque no mundial y sus tradiciones se respeten como tal, porque han pasado de generación en generación, durante varios siglos en cada familia, como forma sustentable y cualitativa de producción, y porque viene directo de Europa”. Y  seguro lo conseguirá, basta que se le presente un obstáculo, para que Louis Antoine Luyt se empecine en lograrlo. Esperemos eso sí, que cuente con mayor colaboración de la comunidad.

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