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Entrevistas

Plan Regional de Ordenamiento Territorial: Ordenar antes que no quede suelo que trabajar

El suelo es seguramente uno de los bienes más importante que tenemos como país, y para qué decir respecto al desarrollo de la actividad agrícola. Pero la pregunta es ¿nos preocupamos realmente del suelo? ¿O nos va a pasar lo mismo que con el agua? Cuando había en abundancia de ella nadie se preocupaba, ahora que es escasa se hacen leyes a la rápida que quizás más perjudican que benefician. Entonces es una realidad que el suelo debe comenzar a protegerse, protegerse de la degradación extrema o de la urbanización acelerada en zonas con terrenos netamente agrícolas, entre otras cosas. No hay que ser ciego para darse cuenta que suelos con una tremenda aptitud agrícola se ocupan en parcelas de agrado. Tanto así que ODEPA realizó un estudio sobre el impacto de la expansión urbana sobre el sector agrícola en la Región Metropolitana donde indica que cada 10 años, sólo en esa región, se incorporan a la ciudad en torno a 14 mil hectáreas de suelo agrícola.

Entre las consecuencias de un desorden, o más bien, de la falta de un ordenamiento territorial se encuentran  el desequilibrio, el deterioro ambiental y la generación de zonas de regazo, porque los suelos fueron ocupados para actividades no acordes con su aptitud. Contar con un orden  del territorio impide, primero que todo, la degradación del suelo, porque aconseja cuáles son las actividades a realizar según diversos criterios: asentamientos humanos, clima, relieve, suelo, infraestructura, servicios públicos, oferta de empleos y definir así, cuál es la vocación de cierto sector.  De esta forma, además se minimizan los riegos al tener identificadas las amenazas de las que hemos sido testigos en el último tiempo: incendios forestales en zonas colindantes a la población, escasez hídrica por falta de inversión, aluviones, líneas de alta tensión donde no deben existir, vertederos que afectan zonas agrícolas y suma y sigue.

SEÑALES PARA LA INVERSIÓN

Entonces, dentro de la agenda de descentralización que pretende impulsar el Estado existe una herramienta que la Región del Bío Bío tomó y espera poner  en práctica: el Plan Regional de Ordenamiento Territorial: PROT. Y el PROT no es otra cosa que la materialización de la Estrategia Regional de Desarrollo y que se construye de forma consensuada entre distintos actores de la región, y que reconoce cuáles son las potencialidades que tiene cada zona, y cuáles son las mejores condiciones de desarrollo que se dan en cada espacio, lo que permite entregar reglas claras al mundo privado y orientar la inversión pública.  Es un instrumento indicativo, que no impone un punto de vista, ni mucho menos obliga, porque constitucionalmente no puede estar por sobre el derecho de los privados de hacer uso de su propiedad como ellos estimen conveniente;  es más que nada un instrumento que reconoce las vocaciones que existen en cada territorio y entrega orientaciones sobre su mejor uso. Entonces, explica Luciano Parra, Jefe de la División de Planificación y Desarrollo Regional, el PROT dice dónde están las mejores condiciones para desarrollar tal o cual actividad en línea con lo que propone la Estrategia Regional de Desarrollo, en este caso en particular con un horizonte de planificación proyectado al 2030.

Los beneficios de contar con esta herramienta son objetivizar la información y transparentarla desde los entes públicos hacia los privados, es decir, informarles que el Estado piensa que se debe desarrollar una determinada actividad en esa zona, y en ese sentido se van a facilitar y propiciar las inversiones para ello, entonces los recursos del gasto público, irán destinados a esa área y los privados pueden sumarse y aprovechar la instancia. “Da claras señales de dónde estarán los esfuerzos de parte del Estado”, señala Parra. Eso no significa que los privados no puedan hacer la actividad que ellos quieran, es sólo transparentar hacia dónde irán los esfuerzos públicos para potenciar determinada actividad.

Con ello permite anticipar la toma de decisiones y entregar una base técnica para decidir sobre alguna inversión, focaliza los recursos del Estado y con ello se pueden abrir canales para trabajar en conjunto, indica Parra.

Desde hace dos años la Región del Bío Bío inició su Plan Regional de Ordenamiento Territorial con el fin de responder, en primera instancia, a las orientaciones que enmarca la Estrategia Regional  y restablecer los equilibrios principalmente de aquellos territorios en situación de desventaja que han ido quedando atrás del crecimiento a nivel nacional. La temporalidad que se dieron para proyectar la vocación de cada zona fue de 15 años, porque están conscientes que hoy las dinámicas de los territorios se dan aceleradamente, por ejemplo, hasta hace un par de años no estaba tan claro  el potencial vitivinícola del Valle del Itata, hoy sí está y hacia allá se deben destinar los recursos para potenciar esa actividad.

Claudia Toledo, Coordinadora del trabajo del PROT explica que el Plan se construyó gracias a la colaboración de diversos actores del sector público y privado quienes aportaron con su conocimiento y distintas miradas al desarrollo futuro de la región, generando   en materia productiva fundamentalmente  macro zonas que definen  actividades, sin perder de vista lo priorizado ya por la Estrategia Regional. Hubo participación del mundo privado, en particular personas ligadas a la construcción, empresas, comercio, sociedad civil, puertos, etc.  El PROT de la Región del Bío Bío tiene un avance del 90% a la fecha, ha sido un avance lento porque se deben generar instancias de muchas y variadas conversaciones, de negociación, intereses de distintos sectores y miradas.

Ahora bien, señala Luciano, alguien puede criticar que un PROT, al no tener un carácter obligatorio, puede ser un instrumento débil, de poca utilidad, pero su mayor virtud es que va delineando el espacio territorial hacia adelante con perspectiva de futuro. Y un claro ejemplo es que el PROT había delineado para la ex Provincia de Ñuble tres grandes zonas que coinciden con: Itata, Punilla y Diguillín y que se categorizaron de esta forma en función de su actividad e identidad y no en vano hoy se han transformado en las tres provincias de la nueva región.

CARRETERAS POR LA COSTA Y CORDILLERA

En la Región del Bío Bío podemos identificar claramente los sectores con falta de inversión que existen, señala Claudia Toledo, y vemos que en la zona precordillerana es el lugar donde menos inversión pública hay, por la lógica configuración de la región. Existe una clara falta de infraestructura, quizás debido a la actividad económica, municipios más pequeños, menos intervención del Estado, por lo tanto, está muy en desventaja con respecto a  la zona cercana a la Ruta 5 Sur. Ahí hay una clara opción donde el Estado tiene que desarrollar y permitir que otros actores se sumen a este desarrollo.

Además tenemos el Valle del Itata que está declarada Zona de Regazo y donde hay falta de conectividad sobre todo con la parte norte de la región y el resto del país, donde también debemos unir a la Cordillera de la Costa. En definitiva, dice Claudia, propiciar dos anclajes paralelos a la Ruta 5 Sur: uno por la costa y otro por la cordillera. Y a partir de ahí, avanzar con todas las rutas transversales que es una demanda clara de los habitantes.  En forma paralela avanzar con el suministro de agua potable en ambos sectores, servicios sanitarios y como meta está que el 2030, toda la región esté dotada de servicios básicos.

Entonces se suma otro lineamiento que tiene el Gobierno Regional para el Bío Bío que es evitar la fuga de capital humano y para ello hay que invertir primero en servicios básicos en esas zonas, luego en infraestructura y conectividad y luego en educación y fuentes laborales.

El PROT identificó en la Región del Bío Bío, 21 macro áreas que están por sobre los límites administrativos comunales, pero en menor tamaño que una provincia. Dos de ellas son por ejemplo  islas, por su carácter especial y problemáticas comunes, y otra es el borde costero en su totalidad. De las 17 restantes se distinguen seis  en  la provincia de Ñuble (futura región) y en la Provincia de Bío Bío otras seis. “Estas macrozonas son como una ficha clínica, en ellas se describen los principales usos  del territorio que favorece el desarrollo de esa zona en particular,  áreas normadas que se encuentren afectas bajo alguna legislación, características, problemáticas y su proyección, entre otros puntos. 

EN ORDEN AGRÍCOLA

Raúl Cerda, Ingeniero Agrónomo de la UdeC y Magister en Gestión Empresarial que participó en el Plan Regional de Ordenamiento Territorial, le preocupa que no haya como país una política de cuidado del suelo, porque es un hecho que la tecnología hoy permite producir donde el agricultor desee, no hay limitantes al respecto y usando la técnica adecuada no debería deteriorarlo, pero la realidad es otra, la gente muchas veces no usa las técnicas adecuadas y el deterioro de los suelos es evidente. “Claramente debería existir una sanción, a quien erosione y deteriore el suelo, y eso se hace en otros países. Por mucho que el suelo sea privado, lo importante es ser responsable por las generaciones que siguen”, señala Raúl Cerda. Quizás el SAG, dice, debería contar con esa facultad de verificar el uso adecuado y sostenible del suelo.

Entonces el PROT orienta al agricultor, que dada su calidad de suelo, el relieve, la zona en que se encuentra, él tiene distintas alternativas para sembrar o plantar, y se le ofrecen una batería de opciones e instrumentos de apoyo gubernamental para esos usos. Asimismo, si en  otro sector él tiene pendientes muy fuertes no debería  cultivar, sino plantar viñas, árboles frutales o un bosque. En este sentido,  señala Raúl Cerda, eso fue más o menos lo que hizo el DL 701, que fomentó la actividad forestal, entregando un  subsidio a la forestación, pero en  suelos con esa aptitud. El problema se generó cuando el negocio forestal comenzó a ser mejor que el de varios cultivos, entonces se plantaron árboles en terrenos con una clara aptitud agrícola. Y no hay una ley que impida eso, ni el PROT lo hará, éste solo aconseja y apoya un uso determinado del suelo.

 En la Octava Región hay más de 100 mil hectáreas que tienen aptitud agrícola y que están forestadas, y eso es aproximadamente un 30% del suelo que actualmente se cultiva.  A eso hay que sumar, señala Cerda, los terrenos que se pierden con el crecimiento urbano. Por tanto la pérdida de suelos agrícolas, no es solamente por erosión, sino también por  el cambio de uso del suelo (Forestal, inmobiliario, industrial) lo que hace bajar la superficie agrícola disponible. Esta pérdida de suelo agrícola posee implicancias en diferentes ámbitos como la soberanía y seguridad alimentaria, preservación de la identidad y cultura nacional, aspectos geopolíticos, etc. en definitiva sobre un desarrollo sostenible y equilibrado del país, “¿entonces vamos a esperar a que no haya suelo agrícola para pedir un ordenamiento territorial? ¿cómo podríamos volver atrás, sería imposible?”.

Se promovieron tres grandes núcleos, que son las ciudades de Concepción, Chillán y Los Ángeles, y se agregó una nueva zona a potenciar: Quirihue, que es una zona de secano interior que podría  ser un articulador de un vasto territorio, para ello se deben generar infraestructura de apoyo, para atraer población e inversiones, que es lo que hacen otros países que promueven el desarrollo de todo su territorio, generando leyes e incentivos que atraigan  inversión…

  “Pensamos en Quirihue, ya que dado su potencial geográfico unido a sus niveles de pobreza, hacen urgente  fortalecer su crecimiento, y ello parte por promover que las vías de transporte pasen por ahí, y así estimular el dinamismo de esa zona”, indica Raúl Cerda.

EN ORDEN AGRÍCOLA

Ejemplos internaciones de Ordenamiento Territorial hay muchos, Chile está muy atrasado al respecto, señala Claudia Toledo. En la región Latinoamericana es Colombia quien lleva la delantera en el tema, pero muy lejos de Alemania, por ejemplo. En el país germano el orden y el respeto al suelo y la tierra va mucho más allá, los terrenos no se los venden a cualquiera, debe demostrar cierto conocimiento del manejo agrícola, y ojalá provengan de una familia ligada al agro, porque en cierta medida ellos le dan valor a esta actividad, quieren mantenerla y no solo desde un punto de vista técnico, sino también cultural, señala Raúl Cerda.

En Chile, el tema del suelo también trasciende lo meramente físico, va mucho más allá, es parte de la historia de una familia, de una zona, pero no hemos sido capaces de traspasar ese valor a la sociedad. Y esa es tarea pendiente, que el consumidor no solo saque las cosas del supermercado, sino que entienda todo el trabajo y valor que hay detrás de lo que come, puntualiza Raúl Cerda…

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