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Entrevistas

Purines: un aliado para la rentabilidad del predio

Los purines son considerados un sustrato que permite la reutilización de sus nutrientes y por ende, un aliado en la fertilización de las praderas.

Hace tiempo que cambió la mentalidad de producción en los predios agrícolas y ganaderos. Cada vez más, lo que se produce es el producto principal y los desechos dejaron de serlo para transformarse en subproductos o insumos. El caso más patente es el de los purines, la mezcla producida por las excretas animales y el agua utilizada en el lavado de las instalaciones de un plantel ganadero. Hoy, los purines son considerados un sustrato que permite la reutilización de sus nutrientes y por ende, un aliado en la fertilización de las praderas, con el consiguiente ahorro en agroquímicos y un menor impacto en el ambiente, ya que sin tomar en cuenta la cantidad de agua que tengan, tienen una alta carga de nutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio, azufre y magnesio y permite generar un importante ahorro en el uso de productos.
Se estima que una vaca de entre 400 a 600 kilos, puede generar un volumen de purines cercano a 100 kg/día, lo que significa varias toneladas anualmente. Pero, ¿basta con recolectarlos y lanzarlos al campo? Además de los nutrientes, los purines pueden generar un impacto negativo en el medio si se descargan en cuerpos de aguas superficiales o subterráneas sin tratamiento previo. Este es entonces el primer requerimiento a tener en cuenta para su uso. Enviar estos purines a los cursos de agua implica realizar tratamientos para acatar la norma; una alternativa rentable es usarlos para mejorar las propiedades físico químicas del suelo y potenciar la adquisición de materia orgánica, especialmente en suelos pobres o degradados.

El Dr. José Celis Hidalgo, académico e investigador del Departamento de Ciencia Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Concepción, indica que los purines son biofertilizantes ricos en nutrientes (como nitrógeno, fósforo y potasio) que necesitan los cultivos para su crecimiento, y altos en materia orgánica que requiere el suelo para su sostenibilidad. “Su aplicación al suelo como riego ha sido desde hace tiempo una práctica muy común en Europa y Norteamérica, ya que provee los nutrientes y agua que el cultivo o la pradera necesita, siendo una excelente alternativa para reducir los costos de fertilización y poder reciclar los residuos que se generan dentro del mismo predio. En Chile, ante la cada vez más recurrente escasez de agua debido al cambio climático, el riego con purines puede ser sin duda una técnica muy conveniente de explorar por parte de los agricultores”.

Según el Dr. José Celis, Ingeniero Agrónomo y Doctor en Ciencias Ambientales, la aplicación de purines mejora las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo, junto con brindar los nutrientes que el cultivo o la pradera requieren para su crecimiento y desarrollo. Los estudios realizados a nivel local han revelado que la incorporación de materia orgánica en diferentes tipos de suelos aumenta la aireación, mejora la retención de humedad, mejora la estructura del suelo y aumenta la actividad de los microorganismos. La evidencia muestra que después de 5 años de aplicaciones continuas tiende a disminuir la densidad aparente, lo que en otras palabras significa que aumenta la compactación de las partículas del suelo, por lo que es recomendable pasar por el potrero un arado cincel. Del mismo modo, después de un tiempo de aplicaciones constantes, tiende a aumentar la acidez del suelo, lo que se puede contrarrestar con un encalado, es decir con adición de yeso al suelo. Por otro lado, es necesario controlar que las aplicaciones de purines no saturen el suelo con nitrógeno, pues al transformarse en nitrato, pasa a ser muy móvil y puede llegar a contaminar las napas subterráneas. Esto se puede evitar a través del balance del nitrógeno, que consiste en equilibrar las demandas de este elemento por el cultivo con los aportes por parte de los purines. De ahí, se puede calcular la dosis a aplicar. Para ello, es recomendable realizar periódicamente un análisis químico del suelo, donde se pueden vislumbrar los contenidos de nitrógeno, fósforo y potasio, junto con el pH, la densidad aparente y la porosidad. En el Reino Unido, el código de buenas prácticas agrícolas señala que la dosis no debe superar los 250 kg N/ha/año, y si se trata de zonas vulnerables (donde los acuíferos no están muy profundos) no debe sobrepasar los 170 kg N/ha/año. En Chile, la legislación no tiene atribuciones sobre la cantidad de purines a aplicar,  sino que apunta  primordialmente a evitar la contaminación de los cursos superficiales de agua (Decreto Supremo 90) y aguas subterráneas (DS 46). Hace falta una norma que regule la aplicación de purines al suelo, como la que existe en el extranjero. Hace algún tiempo, el SAG propuso la necesidad de emitir una norma pero a la fecha no hay novedades. Perfectamente se podría tener una norma, según el tipo de suelo, pues no es lo mismo un suelo arenoso que uno franco u otro arcilloso.

“El beneficio es tremendo, el cuidado que hay que tener es que no se produzcan escurrimientos, ni las aguas lleguen a ningún canal para que no se contaminen los pozos ni las capas de agua; pero no tenemos ese problema porque no se echa mucha agua, se usan principalmente los sólidos que es lo que uno desea y eso anda espectacularmente bien” (Margarita Letelier).

 

RESULTADOS COMPROBADOS

Para Margarita Letelier, agricultora de Ñuble, su experiencia en este sentido ha sido muy positiva. “Nosotros partimos con esto por el año 85, cuando mi papá postuló a un fondo de riego, y uno de los beneficios asociados fue la construcción de un pozo donde se acumulaban los purines”. En su primera etapa, se hicieron estanques acumuladores para el guano, que les permite regar los purines o sacarlo para esparcirlo. Aunque existe la posibilidad de agregar filtros y tamices, la productora indica que lo mejor es seguir trabajando sin grandes costos, ya que no existe apoyo de ninguna clase; depende de la buena voluntad o el beneficio que cada productor le pueda encontrar. “Pero el beneficio es total. Uno podría llegar a fertilizar con puro guano de las vacas; el uso de purines bien realizado, sin contaminar cursos de agua, es fantástico”.

Con la experiencia que le dan más de 30 años en estas prácticas, Margarita Letelier comentó que uno de beneficios que ha visto es que a largo plazo han aumentado los niveles de fósforo en el suelo. “Donde se hace este manejo, en algunos casos los niveles subieron desde un punto tan bajo como 4 partes por millón (ppm) a otros que hoy pueden alcanzar 30 ó 40 ppm.

Para operar, indica, se acumulan los purines en los fosos durante la temporada invernal y en verano se riegan todos los potreros que lo requieran en el predio de 80 has. usando los purines a través de riego tendido. Otra modalidad, dice, es utilizar un carro purinero. “El beneficio es tremendo, el cuidado que hay que tener es que no se produzcan escurrimientos ni las aguas lleguen a ningún canal para que no se contaminen los pozos ni las capas de agua; pero no tenemos ese problema porque no se echa mucha agua, se usan principalmente los sólidos que es lo que uno desea y eso anda espectacularmente bien”, cuenta, con buenos resultados a lo largo del tiempo. “Teníamos suelos en que pensar en tener cualquier cultivo era para darse cabezazos y hoy son suelos muy productivos, similar a los suelos de buena calidad de otros sectores. Cato es un sector de suelos complicados, de buenos suelos, pero complicados, con mucha piedra, greda. Tenemos trumao con piedras y para este suelo es maravilloso, porque se arregla mucho”. Obviamente, cuenta, el beneficio no se remite sólo al fósforo;  “lo que aumenta  tremendamente es  la materia orgánica disponible,  que genera una mejor captación y retención de agua en los suelos que antes tenían muy poca capacidad”. Por ejemplo, recuerda, en maíz con riego tendido, la cosecha necesitaba 7 riegos mientras en áreas de mejores suelos sólo se requerían 4 riegos. “Se sacaba el maíz con 7 riegos y además los rendimientos eran malos: hoy tenemos 4 riegos y un rendimiento bastante similar a los de un suelo de muy  buena calidad, porque dura más la humedad en el suelo”.

“Se sacaba el maíz con 7 riegos y además los rendimientos eran malos: hoy tenemos 4 riegos y un rendimiento bastante similar a los de un suelo de muy  buena calidad, porque dura más la humedad en el suelo”.

Para realizar una aplicación apropiada, Celis recomienda una solución práctica, realizando un balance de nitrógeno. “Dado que el nitrato es más móvil que el fósforo y el potasio, su control es vital para evitar contaminar las napas subterráneas y evitar su excesiva pérdida por volatilización y/o escurrimiento superficial. El fósforo y el potasio tienen baja movilidad en el suelo, por lo que si hay un buen control del nitrógeno, éstos no pasan a ser un problema. A fin de cuentas, el balance del nitrógeno define la dosis de aplicación de los purines y evita malas decisiones en los volúmenes de riego a los cultivos y praderas”.

Y es que, mientras una aplicación balanceada de purines es un gran aporte en términos de rentabilidad, economía y aporte al suelo, una mala aplicación puede generar varios dolores de cabeza, debido a distintos factores como el desconocimiento del aporte nutricional que se está incorporando al suelo, la respuesta del suelo, distinta dependiendo de sus características, condiciones de los equipos, época de aplicación y formas de aplicación, entre otras.

“La mayoría de los problemas por aplicación de purines se deben a inadecuadas prácticas de manejo, como altas dosis, equipos mal calibrados y aplicaciones en épocas de invierno donde la demanda en los cultivos es más baja”, indica Celis. “Por el contrario, con buenas prácticas ganaderas se puede hacer una adecuada estimación de la capacidad de almacenamiento de los pozos purineros, así como calcular los requerimientos de nutrientes por los cultivos, elegir una apropiada época de aplicación y distribución en un área adecuada, evitando concentraciones excesivas de nutrientes y escurrimiento. En Gran Bretaña, independiente del tipo de residuo orgánico a utilizar, el código de buenas prácticas agrícolas señala que la dosis no debe superar los 250 kg N/ha/año, y si se trata de zonas vulnerables, donde los acuíferos no están muy profundos, no debe sobrepasar los 170 kg N/ha/año. Los factores climáticos durante la aplicación, como velocidad del viento, influyen en la pérdida por volatilización y olores”. En Chile, la legislación no tiene atribuciones sobre la cantidad de purines a aplicar, sino que apunta primordialmente a evitar la contaminación de cursos de agua superficiales o subsuperficiales.

 

EL NITRÓGENO FIJA LA CUOTA

El investigador de la Universidad de Concepción, indicó no obstante, que es importante considerar “que el aporte de nutrientes a praderas y cultivos debe basarse en que las cantidades a aplicar de purines deben estar en equilibrio con los requerimientos de los cultivos donde se aplicarán, evitando concentraciones excesivas de nutrientes y escurrimiento. En otras palabras, las cantidades de nutrientes que se van a aplicar al suelo deben ser iguales a las demandas de estos por parte de las plantas”.

 

CONSEJOS PARA APLICARLO

Para evitar los problemas derivados de la aplicación, el investigador José Celis recomienda realizar las aplicaciones de purines temprano en la mañana o después de las 16 horas, evitando las horas de mayor calor y disminuyendo las pérdidas por evaporación. Además, sugiere evitar hacer las aplicaciones en días muy ventosos ya que así se reduce el problema de los malos olores a áreas vecinas.

El INIA en tanto, a través de su manual de uso y aprovechamiento de purines en predios lecheros, indica que la aplicación de los purines es más eficiente cuando la pradera o cultivo esté en pleno crecimiento, lo que permite el mayor aprovechamiento de los nutrientes aplicados. Sugiere además privilegiar su aplicación en días sin viento y fríos, para evitar las pérdidas de nitrógeno al aire y evitar las épocas de lluvia o de escaso crecimiento de las praderas o cultivos.

No es recomendable usar purines en suelos agrietados, o aplicarlos en dosis excesivas, especialmente en sectores arenosos o áreas con altas pendientes y que tengan cursos de agua como esteros o vertientes.

Una sugerencia es aplicar al suelo barbechado y sin cubierta vegetal, tras lo cual el uso de una rastra facilita incorporar la materia orgánica al suelo.

“Los purines se pueden aplicar mediante carros purineros o equipos de riego por aspersión. También se pueden usar equipos más sofisticados que permiten inyectar el purín bajo la superficie del terreno cuando éste está en barbecho o cuando existe una pradera, -indica José Celis- lo cual optimiza el uso de nutrientes y reduce las pérdidas hacia el ambiente”.

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