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Entrevistas

Reforma laboral en los campos

Las diferencias que separan a la SNA de la propuesta de Gobierno

Gremio agrícola ha sido enfático en indicar que no se ha considerado la realidad del agro, lo que podría afectar la sobrevivencia del sector.

Bajo la premisa de lo distinto que es el régimen de trabajo en campo de lo que sucede en el ámbito urbano, es que la Sociedad Nacional de Agricultura está en alerta ante la reforma laboral impulsada por el gobierno.  Las reformas propuestas por el Gobierno buscan modificar las normas que reglan el trabajo, con el objetivo declarado de mejorar las condiciones de la negociación colectiva y fortalecer la participación sindical.

Para Manuel Saavedra Correa, ingeniero agrónomo y economista agrario, la reforma laboral como está concebida, “posee una profunda concepción ideológica de “lucha de clases” donde se visualiza al empleador como un ser que explota al trabajador y éste, solo por medio de su organización colectiva puede hacerle frente para negociar o imponer nuevas condiciones (remuneraciones, horarios, etc.) y liberarse de sus cadenas de esclavitud. Sin duda alguna esa concepción es válida para los albores del Siglo XX, pero no para el Siglo XXI”.

El profesional indicó que básicamente se pretende modificar el Código del Trabajo en su Libro III, respecto a temas sindicales, donde en líneas generales, los principales y más controversiales cambios propuestos son: titularidad sindical, ya que sólo por medio del sindicato se podrá negociar colectivamente; piso mínimo, considerando que la negociación tendrá como piso mínimo la negociación anterior; el reemplazo de trabajadores,  porque a diferencia de lo que hoy ocurre, durante la huelga no se podrá reemplazar trabajadores, aunque es obligación establecer turnos para mantener ‘servicios mínimos’ y por último, la extensión de beneficios. Una vez lograda la negociación colectiva, ello sólo podrá extenderse a los trabajadores no afiliados al sindicato, si se cuenta con la aprobación del sindicato y se les descuenta el 100% de la cuota sindical.

“Estas propuestas, que vienen desde una perspectiva ideológica; no reflejan ni consideran a ningún sector productivo en especial y es esperable que en ninguno de ellos se acomoden las reformas planteadas, ya sea por la naturaleza técnica de sus procesos (perecibilidad de la fruta fresca), sus interrelaciones con el resto de la cadena (proveedores de la cadena), rigidez de los procesos biológicos (lechería), entre otros casos.

Juan Pablo Matte, secretario de la Sociedad Nacional de Agricultura, concordó con que la reforma no se hace cargo de la realidad y particularidad del agro y que “a nuestro juicio, más que laboral es sindical, y que parte desde un diagnóstico equivocado, donde habría una supuesta inequidad entre la capacidad negociadora del empleador y del trabajador, pero que en el agro no se da”. Matte recalcó que el 70 por ciento de los trabajadores agrícolas son temporeros, “eso significa que en los hechos, el empleador los llama a trabajar en una faena y ofrece ciertas condiciones, la gente es libre de tomarla o no tomarla;  en la práctica, lo que se da en la agricultura es que cuando a un trabajador no le parece suficiente lo que se paga por día, por trato o por unidad productiva, se produce una negociación individual o grupal y si no se accede a las mejoras, el trabajador simplemente se va a otra faena. El mejor sindicato que opera hoy en el campo es el teléfono celular, porque el trabajador sabe que en el campo del lado o un poco más allá están pagando más; por eso este diagnóstico sobre esta supuesta inequidad o asimetría en la negociación está profundamente equivocado; incluso, en el agro, el mayor poder lo tiene el trabajador por sobre el empleador. Eso es parte de los problemas de los agricultores, la falta de personal disponible para realizar las labores de temporada y en casos dramáticos, hace que la producción quede en los huertos porque no hay gente para entrar a hacer la cosecha”.

El economista Manuel Saavedra concuerda con esta apreciación. “Efectivamente, con la masificación de las comunicaciones, los temporeros poseen una negociación de sus remuneraciones y otras condiciones (sueldo, trato, movilización, etc.) muy rápida, porque rápidamente son capaces de dejar un empleador por otro que les de mejores condiciones. Por supuesto esto sólo lo podrá hacer en épocas de alta demanda laboral, mientras que en otros períodos de alta contracción (invierno), deberá acepta lo que se ofrezca o bien, dejar temporalmente el mercado laboral”, establece Manuel Saavedra, destacando que para el sector faltan propuestas “que no están en esta reforma y que podrían incorporarse en el Estatuto del Temporero”.

Esta es la misma propuesta que ha hecho la SNA, que como parte de la Mesa nacional Agrícola, integrada por organizaciones gremiales y sindicatos del sector silvoagropecuario, es parte de la propuesta del Estatuto Agrícola, iniciativa que adaptó la normativa laboral, ajustándola a los ciclos propios del agro, estableciendo por ejemplo, la posibilidad de establecer jornadas laborales acordes a la demanda productiva de rubros como los lácteos, frutas, vitivinícola, semillas, hortalizas y ganadería. El proyecto, indicó Matte, se generó tras dos años en busca de consensos que permitieran crear el proyecto y entregarlo al Ejecutivo quien, finalmente, lo patrocinó y presentó al Congreso en octubre de 2011, donde todavía permanece. De acuerdo a la información del gremio y tras reuniones recientes con la ministra Ximena Rincón y la ministra Javiera Blanco, existe la invitación a trabajar al respecto.

Mientras tanto y a la espera de que se concreten estas reuniones de trabajo, el secretario de la SNA indica que hay puntos que ya se han manifestado respecto de la reforma laboral.  “Primero que nada, recordemos que la agricultura trabaja con seres vivos y ciclos biológicos y dependemos de ciclos climáticos; si hay un proceso de negociación colectiva que termina en huelga y no hay posibilidad de reemplazo, eso generará la quiebra de esa empresa. En el agro uno genera costos todo el año y hay periodos muy puntuales donde se generan los ingresos, que es el tiempo de cosecha. Por eso, si en el agro hacemos una definición de servicios, todos son servicios mínimos. ¿Es servicio mínimo regar? Si, la fertilización y la poda, también… esto es un continuo donde no puedo parar el proceso en un momento dado, porque puede ser devastador para la empresa”…

Saavedra explica el proceso: “La huelga es el resultado de un proceso de negociación de dos partes (empleador /sindicato). En este proceso las partes podrían converger a un punto de acuerdo (lo más común y razonable), o por el contrario, podrían divergir y encontrarse en posiciones cada vez más antagónicas, hasta un punto tal, que la única herramienta de presión de los trabajadores es la huelga.  El proceso antes de cerrar un acuerdo (o la huelga), normalmente dura entre uno y dos meses y se negocian temas que se prolongarán unos dos o más años.

Por la naturaleza propia de los trabajos agrícolas de temporada, ellos no tienen tiempo de realizar este proceso, ni en los tiempos ni en la formalidad establecida por la Ley. Es más, lo más recurrente es que un día cualquiera, las cuadrillas de trabajo se ‘paren a hablar’ con sus superiores y luego de una breve conversación se lleguen a nuevos acuerdos por las tarifas de las tareas, horarios, alimentos u otras condiciones laborales. Es tan inmediata esta ‘negociación’ que ni siquiera queda establecida en un ‘anexo de contrato’”, destacó.  A eso se suma que “un punto básico a considerar en este tema es que la negociación colectiva es un proceso que concluye en un acuerdo para los próximos 2-4 años, por lo cual en forma obvia, no pueden estar comprometiéndose personas que no se sabe si estarán en esos períodos, como es el caso de los temporeros, para los cuales la reforma propone cambios básicos”, comentó Saavedra.

Otro punto que se ha planteado, es la proposición de que las negociaciones colectivas del agro puedan en ciertos períodos y sin considerar el piso mínimo que quiere establecer como base en la reforma. “En la agricultura, dado que estamos expuestos al tema climático y sus riesgos, tenemos cambios productivos muy grandes; un año podemos estamos estar produciendo equis y al año siguiente el doble o la mitad, lo mismo que los precios, donde no hay una gran estabilidad, por ejemplo, la uva vinífera, un año puede estar pagando 200 pesos, pero al año siguiente 80”, planteó Matte.

Sobre el tema, el estatuto agrícola consensuado por los gremios del agro, establece entre otros puntos: Pactos agrícolas por una o más faenas determinadas; con esto, busca adaptar la contratación agropecuaria al tipo de producción evitando formalidades que la retrasen innecesariamente y adaptándose a las condiciones naturales del trabajo en el campo. También permite dividir la jornada diaria, haciendo más eficiente el trabajo en rubros que, por su naturaleza, funcionan en tiempos y horarios diferentes a los del mundo urbano e introduce mejoras a la regulación del trabajador agrícola de temporada, incorporando por primera vez la figura de los pactos colectivos por faena, y la anualización de las rentas obtenidas para así no perder los beneficios sociales.

Estos puntos, podrían ser una solución, pero dependen no sólo del acercamiento entre las partes sino que dependen de una realidad cambiante que se ha observado en los últimos años, que es la cada vez menor disponibilidad de mano obra en los campos, como lo indica el economista Manuel Saavedra: “En el caso particular de la agricultura, siguiendo la tendencia histórica y global, cada vez hay menos personas interesadas en trabajar en el agro, incluso a mejores tarifas salariales que en la ciudad. Ante esta escasez de mano de obra, los empleadores proporcionan cada vez mejores condiciones de trabajo y remuneraciones crecientes. Por ejemplo, en una lechería, un trabajador ordeñador, de baja escolaridad pero especializado en el oficio, percibe rentas liquidas en torno a $500 mil mensuales, más casa habitación y otras regalías. No gasta en transporte, habitación, electricidad, calefacción, por lo cual su renta real es muy superior incluso que muchos técnicos o profesionales.

Un caso que si debe preocupar es el caso de los ‘contratistas’ quienes mantienen trabajadores bajo los límites legales mínimos. No es posible sustentar una industria en ‘contratistas’ que con uno o dos furgones movilizan trabajadores a las distintas faenas en condiciones de incumplimiento laboral y que incumplen las normas (contratos, sueldos mínimos, cotizaciones previsionales, etc.), cuya fiscalización es traspasada al empleador y con ello lo hace solidariamente responsable, tema que por supuesto no está en la reforma laboral”.

Entretanto, se espera que el Estatuto Agrícola ingrese al Congreso en septiembre de este año, de acuerdo a los anuncios del Gobierno, lo que podría dar una salida práctica y específica al agro en materia laboral.

“Estamos confiados y esperamos que en esta nueva etapa del gobierno se pueda llegar a un acuerdo- comentó Matte-  Partimos de la confianza que va a imperar el dialogo y la prudencia de hacerse cargo de lo que estamos informando, de la realidad, la necesidad y la lógica del agro para tener una mejor legislación agrícola”

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