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Entrevistas

Sensores de humedad y el imprescindible soporte técnico

“Se puede lograr hasta un 35% e incluso 40% de ahorro hídrico”. La frase parece idílica, pero es una afirmación absolutamente posible de concretar con el uso de tecnologías desarrolladas y creadas en la Región del Biobío. Efectivamente, sin uso de licencias extranjeras ni condicionadas a la dependencia de firmas internacionales que encarecen los costos.

Optimizar el uso del agua en las explotaciones agrícolas incrementando su eficiencia y aumentando el rendimiento de los huertos y plantaciones, es factible con el encadenamiento de varios factores y herramientas, siendo los sensores de humedad el elemento clave que permite conocer el estado hídrico de los suelos (tierras con alta variabilidad, en el caso de Ñuble), automatizando el riego de acuerdo a las necesidades y especificidad de cada planta.

“Monitorear la humedad del suelo le puede ayudar a cualquier agricultor a tomar mejores decisiones en la programación del riego y determinar la cantidad de agua a aplicar y cuándo aplicarla”, afirma Ronald Leichtle, socio y administrador de LB-TRACK Limitada, empresa de Los Ángeles dedicada a la vigilancia tecnológica y agricultura de precisión, cuyas acciones son ejecutadas con softwares propios y análisis de datos con información geo-espacializada.

“Desarrollamos sistemas que apuntan a ayudar al usuario, ya sea agricultor, asesor, o agroindustrias, como es el caso de Orafti, a tomar mejores decisiones con el uso de información que ya existe o que se puede incorporar con el uso de sensores, y de esa manera, ir manejando en forma más fina la productividad de frutales o cultivos de todo tipo”, explica Leichtle, agregando que el sistema informático web que poseen es revisable desde un PC o un celular, donde confluye información que es capturada a través de imágenes satelitales y los sensores de humedad de suelo, datos integrados que permiten definir cuándo, cuánto y dónde regar.

“Los sensores son un sistema que permite evaluar la condición hídrica de las plantas, en un punto determinado. Existen hace más de 20 años, pero recién están comenzando a masificarse por una baja en el costo.

Lo anterior, parece una definición básica y practicable por todos los pequeños y medianos agricultores que utilizan estos medios tecnológicos. Sin embargo, no siempre el resultado es el esperado, principalmente por la ausencia de lo que es la imprescindible asesoría técnica que complemente la instalación de uno o más sensores en un determinado predio agrícola.

Así lo advierte, Stanley Best, investigador de INIA Quilamapu, especialista en riego.

“Los sensores son un sistema que permite evaluar la condición hídrica de las plantas, en un punto determinado. Existen hace más de 20 años, pero recién están comenzando a masificarse por una baja en el costo. Pero hay un problema: el entendimiento de cómo usarlos, puesto que un sensor de humedad, no necesariamente es representativo de todo un portal. El botón de riego se aprieta, y abarca a todo el cultivo o plantación, no solo el sector en donde está ubicado el sensor”, puntualiza el ingeniero agrónomo del INIA, ejemplificando la relevancia que tiene el emplazamiento del sensor, que al no estar en el lugar exacto que represente a la totalidad del cuartel, sencillamente, no logra la funcionalidad ni cumple con las expectativas iniciales cifradas por el agricultor.

Por ello, es relevante que exista un soporte técnico que garantice el resultado de la instalación. “Hay sensores de distintos tipos, buenos, malos, pero todos funcionan. El problema es que algunas empresas venden el sensor a un usuario, y le delega a él mismo, el lugar donde colocarlo. Si está mal instalado, entregará datos erróneos, por lo que un tema de mucha importancia a difundir es que al comprar un sensor, antes que todo, hay que definir dónde, y cuántos se van a instalar”, recalca Leichtle, reiterando que un sensor mal instalado, repercute en la posterior errada toma de decisiones respecto al cultivo.

Por eso, no es extraño que algunos agricultores culpen a estas tecnologías por algunas pérdidas en sus predios, pero la razón es la exclusión del componente agronómico que indica dónde se tiene que instalar el sensor. Para ello, hay que caracterizar el sitio o suelo, para definir la ubicación. En esa línea, los suelos son similares a una esponja, que retienen agua. “Hay esponjas que tienen poros grandes y, otras, más pequeños. Estas últimas retienen más el agua. Por eso es necesario conocer la capacidad de almacenamiento de agua de los suelos, la cual varía espacialmente. En función de eso, se conoce dónde y cuántos sensores se necesitan”, añade Leichtle.

 

COSTO BENEFICIO

Un punto de medición de sensor de humedad tiene un costo aproximado de $ 600 mil, representando un valor accesible en comparación a años anteriores, y considerando el ahorro hídrico que puede generar, que ya está dicho, puede llegar a un 40%. De ahí que los sensores cumplan un rol vital a la hora de evitar la sobrecarga de riego.

La cantidad de sensores a instalar depende de la variabilidad del suelo, como es usual en Ñuble (suelos pedregrosos y otros más profundos). Ello, obligar a poner más de un sensor para disponer del manejo.

En promedio, un sensor permite monitorear un pivote de cincuenta hectáreas. “Si ya son 60, o 70, dependiendo de la variabilidad de suelo existente, con dos se va concretando mejor puntería”, agrega el administrador de LB-Track.

En los frutales, se trata de una tecnología conocida, por la exigencia de manejo fino del riego, pero en los cultivos, incipientemente ya está ingresando con fuerza, a raíz de factores hídricos que van desde la escasez hasta el exceso de agua, y para optimizar el manejo de los equipos de riego.

“Los agricultores han hecho importantes inversiones en tecnificar riego para ahorrar agua, porque se conduce agua por cañerías, sin pérdidas en el camino. Esa es una de las razones por las que ha ido en aumento la tecnificación y porque hay muy poca mano de obra de la que hacía el riego. Esos factores han obligado a tecnificar, pero no le está sacando el provecho al riego, porque no tiene los sensores o indicares que le digan cuándo regar y dónde”, reitera Leichtle.

“El sensor lo que mide es la humedad de suelo, en un punto determinado (…) la planta al producir transpiración o deshidratar, empieza a concentrar sal en la hoja, generando un potencial negativo. En la medida que se va acabando esa agua en el suelo, la planta genera más energía y hay pérdida de rendimiento, llegando un momento que ya no se le puede sacar agua al suelo y ahí definitivamente se seca”, manifiesta Best, quien entrega otro dato de utilidad productiva: hay sensores portátiles.

“Se puede estar ‘pinchando’ el suelo en diferentes partes y con un sensor puedo cubrir varias hectáreas. Por eso, el uso de los sensores depende de la necesidad, y del producto en producción. Si me van a pagar poco, no puedo tener un costo elevado de tecnología para hacerlo bien, y en ese caso es recomendable un portátil, pero por el contrario, pero si tengo un cultivo como el arándano, que es caro, no puedo perder un 20% del cultivo y arriesgar ejecutar cinco o seis riegos desalineados con lo que deberían haber tenido. Por eso, el sensor a usar, depende del producto, heterogeneidad y de la capacidad”, subraya Best.

En ese contexto, el INIA ha ido incorporando el conocimiento a través de la agroindustria que posee el soporte técnico asociado. “A través de los agrónomos que están en el día a día con los productores, es más fácil brindar el soporte a los productores, con los departamentos técnicos de las empresas”.

TEMPERATURA

Algunos sensores además de la humedad, miden la temperatura, que determina la activación o no de una planta. “Si llego y siembro maíz que si no tiene 16 grados de temperatura en el suelo, no va a crecer ni brotar la semilla. Por lo cual, existe riesgo que se pueda podrir. También hay sensores asociados a la conductividad eléctrica, porque no solo se aplica agua, sino también fertilizantes”, afirma Best, quien enfatiza la relevancia de informarse previamente respecto a experiencias previas de sus pares, a la hora de contratar un servicio de estas características.

En Chile, existen diez empresas que prestan el servicio integral, considerando servicio técnico (repuestos); y soporte.

La agricultura consume (según la FAO) una media del 70% de los recursos hídricos existentes. Dado que es un recurso imprescindible para las explotaciones agrícolas, es necesario optimizar su uso aumentando la eficiencia de riego, de manera que se aumente el rendimiento y se reduzcan los costes. Para ello una herramienta muy útil que se puede utilizar son los sensores de humedad.

Actualmente y cada vez más los sistemas de riego están automatizados y se controlan factores meteorológicos (lluvia, viento, temperatura, etc.) mediante estaciones meteorológicas, realizándose un balance hídrico, pero este riego sería mucho más eficiente si se conociese directamente el estado hídrico de la tierra y de esta forma automatizar el riego con las necesidades estrictas de la planta.

También le puede ayudar a igualar los requerimientos de agua del cultivo con la cantidad aplicada con el riego; y así evitar pérdidas de agua excesivas.

El tener disponible el valor del contenido de agua en el suelo es esencial para ayudar a los agricultores a optimizar la producción, conservar agua, reducir los impactos ambientales y ahorrar dinero. El exceso de irrigación incrementa el consumo de energía lo que aumenta los costos de agua, incrementa la aparición de malas hierbas, aumenta el movimiento de fertilizantes por debajo de la zona radicular produciendo erosión y como consecuencia la pérdida de partículas químicas beneficiosas para la planta. Por el contrario un riego insuficiente puede reducir significativamente la producción de las cosechas.

La medición del contenido de agua del suelo es fundamental para el manejo eficiente de los recursos hídricos. Existen dos tipos de factores básicos a conocer para realizar un riego eficiente, que son el contenido de agua del suelo y su potencial hídrico.

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