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Entrevistas

Topinambur: Los nuevos desafíos de un cultivo antiguo

“Cada vez hay más interés en las propiedades de los cultivos antiguos, por sus reconocidas propiedades alimenticias  y sus descubiertas propiedades no alergénicas”.

La actual tendencia mundial de consumo, que responde a los nuevos estilos de vida, requiere de alimentos fáciles de preparar y que contribuyan al bienestar de las personas. Por lo anterior, los alimentos hoy tienen que cumplir con múltiples y variadas expectativas, entre ellas la reducción de azúcar y grasa, sin comprometer el sabor y la textura. Por lo mismo, cada vez hay más interés en los cultivos antiguos, por sus reconocidas propiedades alimenticias  y sus descubiertas propiedades no alergénicas. Es el caso de la papa topinambur, cuyo consumo ha ido creciendo progresivamente desde el año 2005, ya que su composición contiene un porcentaje importante de inulina, un carbohidrato no digerible que no dispara la insulina y puede ser consumido sin problema por los diabéticos y carece de almidón y gluten, lo que la hace apta para los celíacos . También reduce el colesterol, es diurética, mejora el sistema inmune y beneficia la producción de leche materna, entre otras cualidades.

Estos antecedentes decidieron a la productora angelina Guillermina Aguilar, a entrar de lleno en el rubro de la alimentación saludable, y hoy asociada con otros productores de la zona a  través de la marca Topinamsur, se dedica principalmente a la elaboración de harina usando como materia prima este tubérculo. 

En pleno auge del topinambur, en el 2007, Guillermina Aguilar y tres socias iniciaron el cultivo de esta papa conocida también como alcachofa de Jerusalén,  apetecida por su tubérculo comestible y el uso de sus tallos como forraje. Al poco andar, las socias intuyeron que había que buscar nuevas formas de negocio, ya que a diferencia de las papas, este tubérculo no tiene mucho valor de guarda, ya que al poco tiempo se seca y pierde su valor como ingrediente culinario. “Fuera de la tierra la papa no dura más de unos cinco días y como papa, no es muy vendible tampoco, porque la gente no la conoce”, cuenta. Por lo que más rentable que el tubérculo sin procesar, era preferible darle valor agregado, lo que lograron mediante la incursión en proyectos de innovación, orientados a la producción de harina.

IMPORTANCIA DE JAPÓN

Este camino se inició al amparo de la unidad de desarrollo económico del municipio de Los Angeles, que fomentó la asociatividad de los productores de la zona, en vista a la creación de nuevos productos de origen agrícola, los que hoy, sin embargo, tienen su desafío en lograr nuevos y mejores mercados para su distribución, ya que el principal medio de comercialización son pequeñas tiendas especializadas y ferias agrícolas.  A las primeras cuatro productoras luego se sumaron nuevos agricultores los que formaron la sociedad Topinamsur.

Actualmente, son 8 los productores que participan de este desafío, con una superficie sembrada de 10 hectáreas, y una producción que bordea las 15 toneladas anuales para producir harina y hojuelas. No es una tarea exenta de dificultades, porque si bien se trata de un cultivo resistente y sin grandes problemas de sanidad, su periodo de cosecha es acotado a los meses de invierno. Se siembra en agosto y se cosecha en junio. “Es fácil de sembrar -indica la productora-, lo que es difícil es la cosecha por el invierno, se cosecha con barro, con agua, hay que sufrirla”, comentó.

Pero lo difícil no les quita las ganas de emprender, y es así como el 2016 con el apoyo del Centro de Desarrollo Tecnológico de la UdeC lanzaron un nuevo producto, el galletón de topinambur, en dos variedades, naranja, arándano y topinambur y topinambur y miel.

A eso se suma la instalación por estos días de un deshidratador adquirido gracias a un proyecto Sercotec en el año 2016, el que a partir de abril les permitirá prescindir de la contratación de servicios de secado, ya que para el proceso productivo de la harina la papa debe estar deshidratada.

Ahora, los nuevos desafíos vienen por el lado de la comercialización, aunque cada vez con mejor difusión y más receptibilidad de la gente, que cada vez más, buscan alternativas naturales tanto para alimentación o ante algún estado complicado de salud.

La lucha es por abrir nuevos mercados, empezando por la zona y la región, “que más gente conozca esta especie y sus muchas propiedades y la consuma”, pero también por mejorar  los rendimientos, donde los requerimientos van por la fertilización y el sistema de riego. Y quien sabe, después del desarrollo de la sociedad Topinamsur no sería raro verlos en otros aspectos de la producción, ya el topinambur tiene otros usos, ya que  además de su tubérculo, su tallo y hojas son buenos forrajeros además de ser materia prima para la fabricación de etanol.

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