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Entrevistas

Viña Santa Berta y sus proyectos: Primero Bío bío, después el mundo

La actual planificación de la viña incluye la comercialización local de sus vinos y potenciar el Valle del Itata como denominación de origen reconocida por su calidad.

El año 1997 la industria vitivinícola chilena estaba posicionándose firmemente en el mercado internacional. Se incrementaban las exportaciones a Estados Unidos, Europa y Asia, y los vinos del Valle Central estaban en boca de todos, menos los del Valle de Itata.

Esta zona, históricamente pionera en la producción de vinos y hasta poseedora de los viñedos más antiguos del país, estaba quedándose atrás mientras en otros valles se avanzaba a pasos agigantados. Entonces, ese año, entre los productores surgió la necesidad de tener una bodega de calidad para procesar la uva del Valle del Itata y la familia Errázuriz Domínguez, de Santiago pero con amigos de Chillán que les comentaron sobre esta situación, vieron una atractiva opción de negocio que además les permitía explorar nuevos rubros.

Visitaron varios campos que estaban a la venta en ese momento, pero finalmente se decidieron por el Fundo Millapel, unos kilómetros al oeste del Puente Ñuble, básicamente por el encanto de una abandonada, pero todavía restaurable casona con una antigua bodega de vinos, que se encontraban en el lugar. Ya en ese momento se imaginaron un proyecto para poder reconstituir la historia y esplendor de las antiguas bodegas de la zona.

Así, lo que en esos años comenzó como un plan vitivinícola, hoy es la Viña Santa Berta, un proyecto que va más allá de una bodega. Junto a sus vinos, que reflejan el Valle del Itata en todo su esplendor y tradición, se agregan las casas patronales, su capilla abierta, sus jardines y su intención de insertarse primero en la región e involucrar así a la comunidad inmediata.

El fundo cuenta con 180 hectáreas de las cuales más de 100 están plantadas con viñedos. Además el clima, con una oscilación térmica cercana a los 23°C, permite la maduración de una amplia variedad de cepas, las que plantadas en dos terrazas, cada una con características muy propias, generan un terroir único para cada variedad.

 

PRIMERO EL BÍO BÍO

Pablo Herrera, gerente de Viña Santa Berta, llegó a la empresa el año 2000. Se encontró con plantaciones de Chardonnay, Cabernet Sauvignon y Carmenere, y una planificación que pretendía vender estas uvas a una bodega asociada. Al poco tiempo, se tomó el camino de hacer vinos propios ya que podían obtener aún mejores ganancias. También, en 2006, se eliminaron prácticamente todas las hectáreas de Carmenere y Cabernet Sauvignon y se injertaron otras variedades, porque tras un análisis se vio que estas nuevas cepas se adaptaban mejor al terroir específico de la zona. Por eso hoy la viña también cuenta con Pinot Noir, Sauvignon Blanc, Riesling y Syrah.

Viña Santa Berta tiene una línea de vinos Premium, que presenta embotellados de un blend tinto, un blend blanco y un espumante. Asimismo, cuenta con una línea Reserva donde se encuentran variedades de Sauvignon y Moscatel en los blancos, y Pinot Noir y Merlot, en los tintos. Para su fabricación tienen una moderna bodega de vinificación de blancos y tintos, con capacidad de 1,6 millones de litros en acero inoxidable. En tanto, los vinos Premium se elaboran en la antigua bodega, que fue completamente restaurada y reacondicionada para mantener 600 barricas de crianza y guarda, junto a toneles y cubas de fermentación de roble francés para 7.000 litros cada una.

Pablo Herrera cuenta que después de 20 años de trabajo, y sin empresas emblemáticas en la zona que marcaran la guía de lo que se debía hacer en el valle, se recorrió un camino propio, con aciertos y errores, que llevaron a la viña a su actual proyecto.

“Hoy, cuando es una realidad que los vinos del Itata tienen buena calidad y ya tenemos toda la experiencia recogida en estos años de negocio y de presencia en el valle, decidimos tomar la marca Santa Berta y lanzarnos en un nuevo proyecto. Éste se enfoca en la venta de nuestros vinos en algunos restaurantes y hoteles escogidos, sólo en la Región del Bío Bío”, explica Herrera.

Agrega que después de visitar muchos países con tradición vitivinícola, y ver cómo cada región privilegiaba y alababa siempre sus vinos locales, notó que en Bío Bío nunca se encontraban los vinos de la zona en las cartas de los principales restaurantes.

“Los vinos de tu región siempre tiene que ser el caballo de batalla. Si no eres capaz de vender tu vino en tu zona, qué haces en el resto del mundo”, enfatiza.

De todos modos aclara que igual se encuentran en una etapa de internacionalización de sus vinos, pero se lo toman con calma porque no quieren transar sus precios. Lento, pero seguro. Y la fórmula resulta ya que en el año 2015 Viña Santa Berta logró exportar a un promedio de USD 77/caja, muy por sobre el promedio chileno que se situó en USD 28/caja.

 

PRECIOS DE LA UVA

En estas fechas, en plena época de vendimia, diariamente se puede leer en la prensa sobre el problema que enfrentan los viñateros con el precio de la uva, que este año llegó al bajísimo valor de $50 el kilo.

Según Pablo Herrera, la situación actual de la industria no es buena porque, según datos que ellos manejan, el stock de vinos guardados en bodega al presente – 1.300 millones de litros – es el equivalente a una cosecha anual. Entonces, en esta época que comienza la vendimia, el país ya cuenta con una cosecha entera en bodega. “Esta es la principal razón por la que enfrentamos esta vendimia con precios muy bajos”.

Ante la observación de que el alza del dólar debería repercutir en mejores ingresos a las bodegas exportadoras, indica que lamentablemente esto no se ha traducido a mejores precios al productor.

“Es cierto que hay mucho vino y que los exportadores deberían ganar más con el alza del dólar, pero las utilidades no se trasladan porque para esto se debe exportar más y el mercado chino, que era el que había hecho crecer las exportaciones en los últimos cinco años, no aumentó su demanda de vino”, manifiesta.

En todo caso, espera que la situación no empeore para el próximo período porque en las primeras cosechas ya se vio que el volumen será menor que lo normal. Esto por dos factores: primero que es un año en que hay menos uva, con racimos más livianos; y segundo porque hay poca uva sana ya que el oídio, hongo parásito que ataca a la vid, ha sido muy fuerte en los viñedos este año.

Añade que se debe recordar que prácticamente el 70% de la producción chilena de vinos es exportada, por lo tanto, se depende absolutamente lo que pasa en los mercados externos. “Somos el país productor que menos vino consume. Acá tomamos sólo 14 litros per cápita al año, mientras que por ejemplo en Argentina se consumen 32 y en Francia 50. Entonces, en los otros países productores el mercado de los vinos primero es interno y lo que sobra se exporta”, explica.

Pablo Herrera dice que afortunadamente la Viña Santa Berta se defiende bastante bien porque tiene clientes fieles que conocen sus vinos. “Cuando el precio de la uva está bajo los que venden a nivel genérico quedan más sometidos a los vaivenes del mercado. Pero las uvas de calidad todavía se pueden vender a buen precio. Nosotros no vinificamos toda la uva que producimos y la que vendemos lo hacemos a clientes puntuales, a buen precio de mercado”.

 

EL LADO B

completa que se hizo entre 2008 y 2010 de la casona, capilla, la antigua bodega y de los jardines de la casa, comenzaron a celebrarse fiestas de matrimonios y nació el lado B de esta empresa.

En 2011 una persona pidió la viña para celebrar su matrimonio. El lugar se mostró tan idóneo para este tipo de eventos, que los mismos invitados comenzaron a pasar el dato y el boca en boca fue tan poderoso que sin quererlo, se convirtieron en unos de los lugares más requeridos para celebraciones.

A pesar de esto, se lo tomaron con calma y recién el año pasado se tomó la decisión de habilitar oficialmente la viña como un lugar de eventos y se contrató a una persona que se haga cargo de este nuevo rubro.

Así, matrimonios, bautizos, muestras de arte, visitas guiadas y otros tipos de eventos dan un valor agregado tanto a la marca como a los vinos, lo que va de la mano con la comercialización de vinos en restaurantes locales. “Por ejemplo, nos ha pasado que turistas prueban nuestros vinos en las Termas, y después, cuando se enteran que la viña está cerca, nos van a visitar”, cuenta Pablo.

Proyectos futuros hay muchos y todos en la línea de potenciar el valle y sus vinos. El más inmediato, que se encuentra en proceso, es la organización de la primera ruta gastronómica gourmet del Valle del Itata, junto a otras empresas. Y ante la pregunta de algún plan de inversión más ligado a la viña misma, agrega la construcción de un restaurant y un hotel. “Es un proyecto. Nada iniciado, pero todo a su paso”.

Todo lo anterior se enmarca en la visión de quienes conforman la viña de entregar algo más que vino y poder diferenciarse en una industria globalizada de alta competencia. “Hoy la calidad de los vinos es una condición per se, no una diferenciación. Nosotros no podemos pelear por precios, pero sí ofrecer un producto con una distinción importante. Por eso presentamos un vino con denominación de origen completa, es decir, con materia prima del valle, producido y envasado en el Valle del Itata”.

Esto es poco común en Chile y prácticamente una regla en los otros países productores de vino. Pablo Herrera cuenta que en los vinos más famosos del mundo su valle de procedencia es el principal activo, lo que aumenta su valor. “Para nuestro público objetivo sabemos que esto es importante, que es algo muy reconocido en el exterior y que cada vez está siendo más valorado en Chile”, finaliza.

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