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Entrevistas

Wilson Maldonado y el cultivo de la zanahoria

 

Su vida, las claves de su éxito y los consejos para poder crecer en la agricultura

 

“Nos cuenta cómo logró crecer y sembrar hoy 400 hectáreas de zanahorias, transformándose así en un referente del cultivo de esta hortaliza”

 

Wilson Maldonado sabe perfectamente cómo darle valor agregado a un producto, cómo diferenciarse, conoce y practica lo que es la responsabilidad social empresarial, está constantemente innovando y hace todo lo que un magister en negocios haría; pero nunca fue a la universidad. No estudió agronomía ni ingeniería comercial, es más, salió de cuarto medio y de inmediato se fue a trabajar con su padre. ¿Cómo aprendió todo lo que en la Universidad tanto recalcan y enseñan? Con la experiencia, la vida, los fracasos y, por supuesto, una gran cuota de intuición y habilidad para los negocios.

Así es como Wilson Maldonado que partió a los 18 años sembrando al voleo una hectárea de zanahoria se ha autotransformado, tres décadas después, en Don Wilson (50 años) con 400 hectáreas sembradas y con toda la línea y tecnología que requiere el cultivo. Desde la máquina para sembrar, cosechadora, lavadora y la línea de selección y empacado. Un packing de primera y una empresa de transporte para poder trasladar su producto final a los mercados que lo requieren. Tiene la satisfacción de ser una de las tres plantas de proceso de zanahorias que existen en el país y la primera en la región. Además cuenta con dos campos, uno en Coihueco, su zona, y otro en Pinto.

La historia partió en 1982, cuando salió del liceo. En esos tiempos cuenta, “la única posibilidad que a uno le daban era empezar a trabajar”. Su padre le enseñó esta actividad, claro que en esa época, aclara, todo era diferente, partiendo por los volúmenes que se manejaban. A medida que fueron pasando los años, señala, comenzó a crecer tímidamente hasta que llegó un momento en que se dio cuenta que el cultivo debía tecnificarse: “porque lo manejábamos muy artesanalmente y  era necesario automatizarlo un poco”.

Así, luego de más de dos décadas de experiencia, el año 2009 dio un salto tecnológico importante e invirtió en un packing con el fin de que el producto logrará una mejor presentación y pudiera ser  más competitivo en el mercado. Hoy trabaja junto a su señora Patricia y a su hijo Wilson que es ingeniero agrónomo y ha llegado a apoyar a su padre en todas las áreas de la empresa.

Oriundo de Miraflores, sector cercano a Coihueco, zona en la que desde siempre se sembró zanahoria, incluso, los antiguos decían que sólo ahí se daba el cultivo. Tanto así, que en honor al sector hoy existe una variedad de semillas que se llama “Miraflores” y la trae el Tattersall. “De ahí somos nosotros, de una zona donde se conoce mucho el cultivo y en esos años venía gente del norte a comprar directamente acá”.

Al parecer una cuota del éxito está en querer la tierra y lo que ella entrega al trabajarla. “Desde siempre me gustó la agricultura, me llena el espíritu y el alma cuando veo un cultivo bueno y bonito, que esté limpio, a pesar de todos los dolores de cabeza, pero cuando una máquina está sembrando y yo puedo ver y controlar que esté bien hecha, eso es mi máxima motivación”, explica Wilson. Y la agricultura es así, especifica, no nos queda tiempo para nada, pero ahí estamos siempre en el frente de batalla para que las cosas funcionen.

Un cultivo noble

El cultivo ha sido noble,  y recalca que no es difícil de manejarlo, sólo que se debe tener clara la comercialización, antes de decidir sembrar. Y es ahí donde está el plus, si las cosas se hacen bien, en los tiempos oportunos, como parece ser una de las claves del éxito, el cultivo responde. Pero para poder lograr una buena comercialización, hay que diferenciarse. Eso es lo que buscan las grandes empresas, que son los poderes compradores importantes: Carozzi, Nestlé, Frutos del Maipo. “Con esta última empresa trabajo hace 25 años, partieron comprando 60 toneladas, hoy les entrego 2.500”. Compran zanahorias para congelados, comida de guagua y pulpa. Hay empresas que necesitan entre 200 y 2.000 toneladas y no es más que eso; el excedente hay  que venderlo al mercado fresco que a veces es bueno y a veces es muy malo. El mercado fresco son las ferias como Lo Valledor, Talca, Chillán, en la feria Monumental.

Y la tecnología llegó

Acerca de la evolución del cultivo, reconoce que ha sido enorme. El primer gran paso fue mecanizar la siembra. “Pasar de sembrar al voleo a un sistema totalmente mecanizado donde yo sé cuantas semillas sembramos por hectárea,  porque sé cuántas pongo en la máquina y cuántas siembro, me ha permitido controlar también el proceso de cosecha”, indica.

Entonces así puede lograr a través de la población de plantas en el potrero, tener cultivos para más temprano o para más tarde y controlar que la cosecha sea escalonada. “Si yo quiero sacar más temprano un cultivo tengo que sembrar alrededor de 1,2 millones de semillas por hectáreas, de esa forma, los individuos están más separados y crecen más rápido; en cambio, las últimas siembras terminan con 1,5 millones de semillas por hectárea y así logro ampliar el periodo de cosecha” explica. A modo de ejemplo indica que los potreros que se están cosechando en julio son aquellos que se sembraron más tarde y con mayor población de zanahorias por hectárea.

Y claro está ese es el primer avance en la tecnología de la zanahoria, ya que al principio sólo sabían que sembraban 4 kilos y medio, hoy es un máximo de dos kilos porque la semilla  es muy cara y no se puede perder.

En cuanto a la calidad de las semillas también ha existido un avance dice Wilson Maldonado, las  variedades 3118, Miraflores y Córdova son muy solicitadas en el mercado fresco.  Es que el chileno consume la zanahoria tipo Chantenay que es más corta y gruesa.

Luego vino la maquinaria de cosecha e hicieron la primera lavadora de zanahorias que puede lavar una cantidad enorme de kilos al día versus las 10 toneladas que se lavaban dentro de un canal en un cajón con mucha mano de obra. La cosecha está completamente mecanizada con equipos específicos para primavera y para invierno. “Máquinas con las que en pocas horas cosechamos muchos kilos y después llegan al packing y tenemos todo el sistema para alimentar y seleccionar; todo ha sido beneficioso porque nos ayuda a vender más, a hacer más hectáreas y darle más  dinamismo al sistema”, señala Wilson.

Sin la línea de manejo de la zanahoria no podría venderle a grandes empresas como Nestlé, afirma, porque son empresas con muchas exigencias. “Nosotros estamos obligados a llevar un libro de campo como registro con fecha de siembra, con lo que se aplicó, variedad de semillas,  que esté todo claro porque siempre piden la información y hacen sus respectivos análisis”, indica.

Y es que cada vez existe una mayor exigencia en la inocuidad de los productos y para estar en un mercado así de competitivo, hay que cumplir con lo que el comprador requiere.

60 toneladas por hectárea

En cuanto a las características más valoradas de esta hortaliza se debe considerar primero los grados brix que tenga y el alto contenido de caroteno que logre. En cuanto a su forma debe ser cónica, lisa, y de buena piel. Para Wilson Maldonado lo anterior se logra con una buena preparación de suelo. Una piedra puede influir en la forma de la verdura, lo mismo que un terrón duro, pero con una buena preparación de suelo no debería suceder, porque la tierra debe quedar lo suficientemente suelta como para poder permitir que la verdura crezca como debe. “Nosotros utilizamos mucho el arado de vertedera porque puede mover la tierra en profundidad, eso permite dejar el suelo blando y hacer una cama a las semilla bien preparada, que quede más levantado para que la zanahoria crezca con soltura”, explica.

Las siembras parten generalmente en agosto, aunque depende de la época en la que se quieran cosechar. Si las hortalizas se necesitan para diciembre hay que sembrarlas los primeros días de julio y no en un suelo trumao sino que en un suelo  arenoso como la zona de Dadinco, porque hay un microclima sin heladas, que es uno de los mayores enemigos de este cultivo.

Con un buen manejo y dependiendo del suelo, se pueden obtener en promedio 60 toneladas por hectáreas. En cuanto a la fertilización se aplica lo que el cultivo necesita; con un buen análisis de suelo uno ve la carencia que tiene. Los herbicidas, cuenta, es un tema que lo tienen muy bien controlado porque no realizan más de tres aplicaciones. Finalmente, insecticidas casi no usan porque es un cultivo sano, muy rara vez hay presencia de cucunilla, aunque en los últimos años se ha visto un poco de oidio en la zanahoria.

Desde Yungay hasta San Carlos

Ahora, cómo ha logrado sembrar 400 hectáreas y poder rotar los cultivos. La clave está en el arriendo de campos. Eso le permite evitar poner zanahoria sobre el mismo cultivo lo que definitivamente no se puede. Otro inconveniente es cuando el potrero ha tenido praderas, porque son hospederas de nematodos que atacan muy fácilmente y son muy dañinos para las hortalizas.

“El negocio funciona así: yo arriendo campos para poder sembrar eso me permite ir haciendo rotaciones y las rotaciones ojalá fueran lo más lejos posible, como todos los cultivos, porque la zanahoria requiere de mucho potasio en el suelo”, explica. La mayoría de los terrenos que arrienda son con riego por pivote de manera de poder controlar mejor el agua.

En un comienzo explica, no fue fácil lograr arrendar campos, primero había desconfianza porque lo veían muy joven y también porque hubo gente en el rubro que fue un poco informal para el negocio y poco seria, entonces pagaron justos por pecadores. Pero al cabo de los años, la gente aprendió a conocer su forma de trabajo, que pagaba por adelantado y así se transformó en una opción nueva para darle destino a algunos potreros dentro del campo. Mal que mal el pago es bueno: 700 mil pesos la hectárea en promedio.

Hoy puede ser una alternativa de siembra, siempre y cuando esté manejado el tema de la comercialización, sino, no es una alternativa, aunque Maldonado cree que con su negocio aportan cierto dinamismo al sector al arrendar campos porque así el agricultor tiene una nueva opción para un potrero con el que puede sacarle más rentabilidad que con otros cultivos.

Aprendiendo solo en el camino

Wilson Maldonado durante muchos años fue el único que cultivaba zanahorias a gran escala. Y experiencia en la cual apoyarse o consultar definitivamente no había. “Incluso antes uno llegaba análisis a un organismo y no te daban ninguna recomendación porque no sabían. Había mucho desconocimiento”. Entonces cuenta que fue aprendiendo con la práctica, con los años en el tema y llegó a sus manos un bendito libro sobre el cultivo de la zanahoria que ha sido una tremenda ayuda en varias interrogantes.

“Uno aprende en el campo, con las caídas, porque hubo año malos también.  Por ejemplo hace un tiempo fertilicé mal, me excedí en nitrógeno y se me partieron todas las zanahorias, se quebraban por lo tanto me di cuenta que era exceso de ese elemento porque el potasio le da firmeza al cultivo así que tuve que estudiar un poco más el libro y ahí  estaba la respuesta”, nos cuenta.

Empresa familiar

La empresa es familiar como suele suceder a menudo en el rubro agrícola, su señora, se encarga del área administrativa, de los papeles que Wilson detesta y su hijo mayor lo ayuda en el campo. “Ha sido un apoyo porque ya no tengo que estar en todos lados”, comenta. La experiencia de trabajar en familia ha sido buena y es enfático en explicar que “debe ser buena” porque si no se pone la camiseta no funciona, así de simple.

No ve muchas más posibilidades de crecer, pero la idea es ir formalizando más el negocio y que su hijo siga como él siguió a su padre.

Decisiones políticas nefastas

Tiene una visión un poco pesimista de la realidad de la agricultura y cree que gran parte del problema se debe a que el gobierno ha decidido llevar a cabo muchos cambios que son perjudiciales para el rubro. Un ejemplo claro es la reforma tributaria y laboral.  Es un convencido que el campo debería tener un trato diferente al resto de los sectores productivos, “porque en el campo se debe considerar que el cultivo si está seco y necesita agua, va a necesitar agua aunque sea domingo, feriado, primero de enero, las vacas comen todos los días, por lo tanto si no hay una flexibilidad en la reforma laboral vamos a estar pésimo”, explica.  Así cree que están obligados a mecanizar más y ocupar menos mano de obra, cuando hay gente que necesita trabajar y pero es complicado contratar a más personas.

Y entonces para terminar qué habría que aconsejar a alguien que está comenzando con todas la ganas de crecer y lograr consolidarse: “no soy quien para aconsejar, pero creo que mucho esfuerzo, mucho trabajo y ser pionero, tratar de diferenciarse en lo que uno puede hacer. Yo no puedo sembrar papas y vender papas con tierra si todos hacen lo mismo, cómo me diferencio  por qué el cliente me va a preferir si son papas iguales al fin y al cabo, pero si yo las lavo van a cambiar las cosas, por último la dueña de casa va a estar feliz porque ya no se va a  ensuciar las manos lavando las papas. Lo mismo pasa con la zanahoria, lo que hice fue darle una presentación distinta, le entrega un valor agregado”, finaliza.

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